YunKai había sido ingresado a la clínica psiquiátrica después de pasar un par de días en el hospital. Allí recibió puntos en la herida de su muñeca, y tuvo una primera evaluación psicológica. Por protocolo, tenía que internarse en una clínica psiquiátrica aunque intentó convencer al médico de que no había querido hacerse daño: ni siquiera lo recordaba.
Después del aislamiento para desintoxicar su organismo del alcohol, le permitieron deambular por la clínica. Un enfermero le mostró los jardines, el comedor y una sala común en donde podía ver la televisión. Su celular había quedado en manos de su madre, y no tenía acceso a una computadora ni nada que perturbara su paz. Iba a ser un tiempo muy aburrido.
En su primera sesión de terapia conoció al psiquiatra: en sus sesenta, era bajito, algo grueso, y con el pelo blanco que tenía un corte extraño: la calvicie le había dejado muy poco de arriba, pero lo compensaba con el resto de pelo que llevaba en forma de melena pasando los hombros, y que se echaba atrás de las orejas. Con la bata blanca y una camisa a cuadros rematada en un moño colorido, parecía un profesor de secundaria, de esos que siempre se convertían en objeto de burla de sus alumnos. Era simpático y conversador, y a Yunkai le cayó bien, aunque se había convencido de que debía disimular, para que ese hombre pensara que padecía Síndrome de Estocolmo.
-Tian YunKai, ¿verdad?
-Sí...
-Mi nombre es Pierre. Mucho gusto. -El hombre se fijó en la tensión de su paciente, y tomó notas-. Ésta será una charla informal, Yunkai. Sólo para conocernos.
Fue fácil para Pierre notar que YunKai trataba de engañarlo, pero también le fue fácil descubrir su verdadera enfermedad: Síndrome de estrés postraumático.
***
Yunkai seguía con la mano dentro del agua, pensando: su madre se había ido después de estar un rato con él y avisarle que Jiang estaba afuera. En cualquier momento su ex pareja iba a aparecer por el pasillo. Le temblaron las piernas cuando lo vio venir; sacó la mano del agua y la secó en sus pantalones, sin cuidado. Debía esconderla para que no se le notara el vendaje.
-Jiang...
-¿Cómo estás, Yunkai? -Jiang lucía tranquilo, aunque por momentos sus pómulos se hundían mostrando la tensión de su rostro. No hizo contacto visual con él-. ¿Te sientes mejor? -preguntó.
-Si, gracias. Estoy bien, aunque me dan muchos medicamentos que me hacen dormir. Supongo que lo necesito...
-¿Y la herida? -Jiang señaló su muñeca-. ¿Se está curando?
YunKai escondió más su brazo tras la espalda: no quería dar lástima:
-Sí. Ya casi no se ve -mintió.
-Me alegro. Pronto podrás salir de aquí y continuar con tu vida.
-Sí. -YunKai notó, aunque trató de ignorar, la frialdad de la frase-. Y tú, ¿cómo estás?
-Bien. Estoy entrenando a Philip y a Anna para que se encarguen del restaurante del hotel. Voy a irme de Calais. -Si Jiang buscaba una reacción, no la encontró: Yunkai estaba preparado porque su madre ya le había dado la mala noticia; el golpe no surtió efecto:
-¿Ya sabes a dónde vas a ir?
-Tengo algunas ideas, sí.
-Tu comida es estupenda. Seguramente tendrás éxito en donde sea. -A Yunkai se le hizo un nudo en la garganta, pero trató de cambiar de tema-. ¿Y cómo se portan mis primos?
-Más o menos. -Jiang aflojó su expresión-. Todavía siguen siendo traviesos.
-Recuerdo cuando recorríamos Calais en moto. Nos divertimos mucho...
Jiang no le respondió: recordar no era bueno para él. Entre los dos cayó un silencio incómodo, Yunkai volvió a sentarse al borde de la fuente, y metió la mano en el agua. El vendaje ya no importaba.
-¿Qué vas a hacer cuando te den el alta? -le preguntó Jiang-. ¿Vas a quedarte en París?
-No lo creo. -YunKai observó las ondas que producían sus dedos al mover las plantas acuáticas-. Para eso falta mucho. Me espera un tratamiento largo. Tengo que probarle a Pierre que no soy peligroso...
YunKai iba a tener que vivir bajo supervisión médica y familiar aun después de terminar su tratamiento y abandonar la clínica. Le iba a llevar meses, o hasta años, ser el de antes. Ya no se reconocía ni en el pansexual desenfrenado de antaño, ni en el hombre vengativo de sus últimos tiempos. Cuando todo terminara, solo podía volver a Calais con su madre, a juntar los pedazos de lo que quedara de su vida.
-Tu familia estará feliz cuando vuelvas -opinó Jiang-. Angeline te extrañó mucho.
-Y yo también la extrañé. -YunKai tosió para corregir su voz.
Jiang intentó distraer su atención en los colores de las rosas que adornaban el muro:
-Te dejaré el apartamento.
Yunkai sintió una punzada en el pecho:
-Te lo agradezco. Sabes que te deseo lo mejor. Te quiero mucho, y...
Jiang lo interrumpió:
-No vuelvas a decir eso.
-Lo digo porque es la verdad. Mandé todo al diablo porque lo único que me importaba era destruir a mi padre. No encontré otra forma mejor de hacerlo...
-¿Y acostarte con Vivianne también fue parte de tus planes?
Yunkai apretó los párpados: no quería llorar; sentía que si se le caía una lágrima, no iba a parar nunca:
-No tengo excusas para explicar lo que hice -musitó, y metió más profundo la mano en el agua-. Debería pedirte perdón, pero ya sé que no vas a perdonarme. Yo tampoco lo haría. Te deseo toda la suerte del mundo, Jiang.
Ni siquiera se dio vuelta cuando su ex pareja se marchó; el agua de la fuente estaba helada hasta el punto de hacerle doler los dedos, pero eso lo ayudó a calmarse.
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Los enemigos (Finalista Wattys 2024)
Storie d'amoreUn francés pansexual y de espíritu libre, capaz de hacer cualquier cosa cuando quiere conquistar a alguien, se encuentra con un chino rígido, con novia y apegado a las reglas. Entre ellos va a nacer una historia de amor imposible, por un secreto que...
