Como Yunkai supuso, al otro día Jiang era el mismo cascarrabias de siempre: regresando de la pista de carreras una noche se lo cruzó a la entrada de su edificio, y recibió una mirada desdeñosa y algo parecido a un gruñido en respuesta a su saludo.
YunKai se quedó masticando rabia: se dio un baño con el agua tan caliente que apenas la soportó: quería aflojar los músculos y dormir un poco. Pero no pudo dejar de pensar en el insoportable carácter de su vecino. Se vistió con lo primero que encontró y bajó las escaleras:
—¡Jiang! ¡Ábreme de una vez!
—¡¿Y ahora qué diablos te pasa?! —le gritó su vecino desde adentro.
—¡Tenemos que hablar! ¡Déjame pasar!
—¡Ve a dormir y déjate de molestar!
—Está bien. Como quieras. Lo que venía a decirte te lo puedo decir desde aquí. —A los gritos, como para que lo oyeran en todo el piso, exclamó—: ¡¡Anoche, después de que te emborrachaste y me exigiste que te besara, yo…!!
No pudo terminar la frase: la puerta se abrió de golpe, Jiang lo sujetó de la ropa y lo arrastró para adentro mientras le prometía que iba a matarlo por su indiscreción. YunKai no le respondió: con un movimiento rápido lo empujó hasta que lo dio de espaldas contra la puerta recién cerrada:
—Ahora vamos a hablar con la verdad, chinito reprimido. ¿Qué demonios te pasa conmigo? —Estaba tan cerca que golpeó el rostro de Jiang con su aliento tibio, y lo atravesó con la mirada—. No sé si te acuerdas, pero anoche me dijiste unas cuántas cosas.
Jiang estaba como hipnotizado. Ensayó un tibio «No me acuerdo» pero no pudo sacar los ojos de la mirada de fuego de su vecino.
—Pues yo sí me acuerdo —le aseguro YunKai—. Me dijiste que te gusto, y que querías besarme.
—No...
—Ya me cansé de tu histeria, Jiang. —Yunkai lo apretó un poco más—. Quiero besarte ahora que estás sobrio.
—No te atrevas… —Pero Jiang sonó tan inseguro, que ni siquiera intentó resistirse cuando YunKai lo tomó de la nuca y comenzó a besarlo. La sensación dulce y cálida le aflojó los brazos. Había olvidado el primer beso de YunKai, pero ese seguro no lo iba a olvidar por mucho tiempo.
—Déjame… —suspiró con los ojos cerrados, cuando YunKai lo soltó para tomar aire.
—No hasta que me digas que te gusto...
—No —susurró Jiang—. No me gustas…
—Mentiroso. —Yunkai vio sus ojos cerrados y su boca entreabierta, que parecía esperarlo—. Qué sexy eres, chinito… —Con un movimiento suave lo apartó de la puerta y se fue.
Jiang se quedó justo donde YunKai lo había dejado, abrazándose a sí mismo como si intentara protegerse de algo, y con la sangre golpeándole las sienes a redobles de tambor.
***
—¿Qué te pasa, chèri? —Por primera vez Yunkai no había respondido a las caricias de Alain con la pasión de siempre.
—Nada... Hoy no estoy de humor.
—¡Pero tú siempre estás de humor…! Vamos, chèri, dime qué te está pasando… —Alain lo abrazó y lo atrajo hacia él. Yunkai recostó la cabeza contra su pecho, y suspiró:
—Jiang… mi vecino —susurró—. Cuando se emborracha dice que le gusto, y después me rechaza...
—¿Y eso te molesta?
—¡Es que no lo entiendo, Alain...! ¿Qué le pasa?
—Ese chino te trae de cabeza, ¿no chèri?
—Diablos... —El gesto de disgusto de Yunkai se acentuó. Alain era su confidente y a la vez la voz de su conciencia:
—No quiero ser malo contigo, chèri, ¿pero vas a seguir ocultando tu affaire con Vivianne?
Yunkai hizo un gesto de rechazo:
—Ella es parte del pasado. Jiang no tiene por qué enterarse.
Alain no estaba de acuerdo:
—Si no se lo confiesas vas a cometer un grave error. Debes ser sincero con él. Si se entera por otra persona, jamás va a perdonarte.
Yunkai protestó:
—Ves demasiadas películas románticas, chèri. ¡Yo no puedo decirle a Jiang que salí con su novia! Aparte no fue mi culpa. Yo no sabía quién era.
Alain lo soltó para mirarlo a la cara. Su expresión no era buena:
—Esa no es una excusa. Ella te advirtió que tenía pareja y sin embargo seguiste adelante. A ti no te gustaría que te hicieran lo mismo, ¿verdad?
—Sabes que esas cosas no me importan.
—Porque nunca te enamoraste, chèri. Por lo menos hasta ahora… —Yunkai trató de apartarse de él como si no quisiera escucharlo. Él nunca se había enamorado de nadie. No podía enamorarse ahora, y menos de ese hombre. Pero Alain volvió a sujetarlo—. Dile la verdad lo antes posible…
***
Los días pasaron y a Jiang le quitaron el vendaje: su mano estaba débil y le había quedado una cicatriz para que no pudiera olvidarse de YunKai.
Ya no quería verlo: sus padres se habían puesto felices cuando se puso de novio con Vivianne, y le habían insistido en el casamiento porque querían nietos. Ahora lo presionaban para que se consiguiera otra novia porque, según ellos, estaba en la edad justa para casarse. Mientras más esperara le iba a ser más difícil conseguir una buena novia.
Yunkai también comenzó a huir de él: no podía albergar sentimientos hacia Jiang, un hombre lleno de prejuicios y que no lo aceptaba como era. Y si no se acercaba más a él no tenía por qué contarle lo de Vivianne.
***
En el restaurante, Vivianne recordaba su visita a la casa de Jiang y cómo Yunkai había salido en su defensa. «Voy a reconquistarlo», pensó, confiada en que la fuerza de sus encantos podría lograr que ese hombre olvidara sus retorcidas inclinaciones sexuales.
ESTÁS LEYENDO
Los enemigos (Finalista Wattys 2024)
RomanceUn francés pansexual y de espíritu libre, capaz de hacer cualquier cosa cuando quiere conquistar a alguien, se encuentra con un chino rígido, con novia y apegado a las reglas. Entre ellos va a nacer una historia de amor imposible, por un secreto que...
