Soy timido, raro pero ese no es mi mayor problema.
Mi mayor problema tiene treinta y cinco años, cabello negro y las estrellas en los ojos.
¿aun no comprendes?
Yo tengo dieciocho.
¿Aun no lo encuentras grave?
El es mi tio.
...
La vida en Estados Unidos, aunque solitaria, parecía ofrecer más oportunidades.
Tiene experiencia, señor Jeon, pero... la edad es un factor importante
Ese fue el discurso interminable en cada cita que consegui.
¿Desde cuándo tener treinta y cinco te vuelve inútil? La experiencia y las ganas de trabajar deberían pesar más que un simple número.
Durante años acepté cuanto empleo apareció: mensajero, bibliotecario, mesero, cocinero, mecánico, lavador de vehículos... lo que fuera. No diré que abandonar a mi familia fue la mejor decisión, pero era eso o verlos pasar hambre. Sin estudios —apenas terminé la secundaria porque mi padre decía que "estudiar es perder el tiempo; los hombres de verdad se forjan con trabajo duro"—, no tenía muchas opciones.
Aunque, si pudiera volver atrás, habría estudiado Medicina, Derecho, Psicología... incluso Periodismo. Tal vez ya sea tarde para eso.
—Bien, muchas gracias por su tiempo —concluye el último reclutador.
Cero y van cinco entrevistas fallidas: demasiado mayor, sin "experiencia local" o, la más absurda, "muy atractivo; distraerá al personal". ¿Desde cuándo eso es un problema?
No debo rendirme. Los pocos ahorros que traje aún alcanzan para aportar víveres, pero si no encuentro algo pronto tendré que gastarlos... o regresar a Estados Unidos y enviar dinero desde allá. Solo de pensarlo se me encoge el estómago: ahora que conozco a Deji no quiero ser un padre a distancia. Necesito derribar esa barrera entre ella y yo. Además, Taehyung... de algún modo siento que también me necesita.
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Taehyung y Deji están más inquietos de lo habitual. Ling-So tiene turno otra vez y me deja una nota: "La cena está lista. Sírvete y asegúrate de que coman."
Me alegra que no esté; me avergüenza admitir que hoy no conseguí trabajo. Sé que apenas llevo un día buscando, pero el tiempo apremia.
—Niños, suficiente —pido con calma mientras estoy sirviendo la cena. Taehyung es tranquilo; Deji, en cambio, disfruta picarlo. Su timidez la divierte. He notado cómo se estremece cuando intento conversar, cómo inclina la cabeza, oculta el rostro tras su cabello y muerde su labio partido... y, por supuesto, no habla.
Están en el sofá viendo una película. Deji pellizca a Taehyung, él se lo devuelve, pero sin fuerza.
—¡A Tae no le gusta que lo llamen "niño"! —bromea Deji, inflando las mejillas como luchadora.
—Está bien, tienes razón: no lo es. Disculpa, Taehyung —le sonrío pero probablemente no se de cuenta de mis intentos de mirarlo al rostro.
—¡Él dice que es todo un hombre! —ruge Deji con voz grave. Amargada de gestos, pero tierna e inocente. La he visto incluso masticarse el cabello cuando se distrae. No es tan tímida; más bien insegura, a veces se sume en una tristeza, pero tiene saltos de personalidad donde la veo intentar bailar.