Siete

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Me desperté mucho antes de que el despertador sonara. De esas veces en que tu cuerpo sabe que algo es distinto. Y sí, algo lo era. Desde anoche he estado pensando en él sin parar; digamos que su impacto, desde el momento en que lo vi, ha migrado a un suspirar sin fin.

Pensarías que el hecho de que me dijera que es mi tío me pondría en mi lugar. Pues no. Estoy seguro de que el inteligente es él, y me leyó, dándose cuenta de cómo me incomoda —de forma absurda— su presencia.

De esas incomodidades que tal vez se superarían desnudos en una cama.

La cuestión es que está equivocado si es así. No he parado de pensar en sus manos. En su forma de mirarme. En cómo me dijo que, si tuviera un rostro como el mío, la timidez no sería un problema. Si mi timidez no fuera el problema, ya me habría arrojado sobre él, arriesgándome a ser ridiculizado por hacer eso con un hombre.

¿De verdad cree que soy... atractivo?

Mi pecho se siente apretado, pero no de dolor. Es más como si tuviera miedo y emoción al mismo tiempo. ¿Eso tiene sentido? No estoy seguro.

Me levanto y me encierro en el baño antes de que Deji lo haga. ¡Mujeres! Qué manía de apoderarse del baño por horas. La verdad es que, ahora que estoy bajo la ducha, no me importa que el agua esté fría. Me importan mis manos sobre mi cuerpo, imitando las suyas. Sus manos son tan grandes, que bien podrían abarcar mi pequeña cintura de un tirón.

El agua fría cae sobre mí como un bálsamo. Me quedo allí más de la cuenta, con la frente apoyada en la pared. Cierro los ojos y lo veo: ahí, en mi habitación, tan cerca, tan paciente, tan... cálido. ¿Qué me está pasando?

¿Cuánta leche producen las vacas?

Bien podría ser una, porque vaya manera de producirla, mis bolas se estan secando. Y si mi madre me escuchara, me diría: ¡Puerco! ¿Qué, acaso no sabes pensar en otra cosa?. 

Gracias, madre. Acabas de arruinar mi momento con tu estúpida cara en medio de mi calentura.

Me visto con lo primero que encuentro, aunque tardo más de lo normal eligiendo un suéter que no me haga parecer más raro de lo que ya soy. Bajo a desayunar, pero apenas pruebo bocado. Mi madre no está —gracias al cielo— y Jungkook... bueno, no me he dado tiempo de esperar a verlo. La cara se me caería a pedazos si llego a tenerlo cerca, mucho más luego de lo que me dijo ayer.

De camino al colegio, Deji no ha parado de observarme. Tiene esa forma suya de mirarme que mezcla sarcasmo con cariño, aunque rara vez lo admite.

—¿Tae...? —dice, mientras caminamos hacia el edificio donde se hace el club de lectura—. ¿Puedo preguntarte algo sin que te pongas todo raro?

—No me pongo raro —le contesto, aunque sé que es mentira.

—Sí, sí te pones. Pero igual te lo voy a decir... —Hace una pausa—. Hay algo en ti... no sé, diferente —me observa de reojo—.

Me detengo por un segundo. Mi garganta se seca. ¿Será tan evidente? ¿Será que llevo su nombre en la frente y yo ni cuenta me he dado?

—No sé de qué hablas —murmuro bajito, con la vista al suelo.

—Está bien —dice sonriendo—. Pero si alguna vez quieres hablar...no lo hagas conmigo, no soy buena consejera, solo queria decirte que te ves raro.

—Mocosa. —Le doy un pellizco en el brazo y ella sonrie, aunque se que en el fondo lo que queria decir era lo contrario. 

Asiento, Deji no suele ser tan profunda. Es brusca, sarcástica y tiene el tacto de una piedra, pero hoy... ella también se siente distinta.

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⏰ Última actualización: Jun 16, 2025 ⏰

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MI UNICO PECADO -JJK & KTHHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora