Capítulo 14: El Peso de la Oscuridad

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La oscuridad que llevo dentro parece no tener fin. A veces me pregunto si algún día encontraré la paz o si estaré atrapada en este ciclo interminable de desesperanza y sufrimiento. Aunque trato de mantener una fachada de normalidad, de aparentar que todo está bien, por dentro me estoy desmoronando.

La necesidad de hacerme daño nunca ha desaparecido del todo. Es como un susurro constante en mi mente, recordándome que no soy digna de la vida que tengo. No importa cuántas veces trate de ahogar esos pensamientos, siempre vuelven, más fuertes, más insistentes. Quiero morir. Quiero descansar. Y, en cierta forma, quiero que todos los que me rodean también puedan descansar de mí. Me siento como una carga para mi familia, alguien a quien han tenido que soportar por obligación, no por amor.

Mi madre es un constante recordatorio de ese sentimiento de inutilidad. Solo me busca cuando necesita dinero, cuando hay algo que puedo proporcionarle. Me siento tan prescindible, tan innecesaria. Parece que mi valor está limitado a lo que puedo ofrecer materialmente, y más allá de eso, no soy nada. ¿Cómo puedo encontrar valor en mí misma cuando las personas que deberían amarme incondicionalmente me hacen sentir como si no mereciera nada?

El amor... es algo que he llegado a ver como un lujo inaccesible. No he encontrado a alguien que esté dispuesto a quedarse conmigo, alguien que quiera compartir mi dolor y ayudarme a sanar. En lo más profundo de mi ser, sé que parte de eso es porque no sé cómo recibir amor. No tengo amor propio, y sin eso, ¿cómo puedo esperar que alguien más me ame? Mi autoestima está hecha añicos, y aunque intento recomponerla, parece que cada vez que logro juntar las piezas, algo o alguien viene y las rompe de nuevo.

Lo más difícil de todo es fingir. Fingir que estoy bien, que tengo todo bajo control, que soy feliz. Soy la chica de la sonrisa, la que siempre parece estar de buen humor, la que siempre tiene algo amable que decir. Pero por dentro, estoy gritando. Hablo sola porque a veces, las voces en mi cabeza son las únicas que parecen entenderme. Me digo a mí misma que soy una buena persona, que, a pesar de todo, trato de hacer lo correcto. Pero a veces, incluso eso parece ser una mentira. Me siento selfish, y no puedo evitar pensar que tal vez, solo tal vez, las cosas serían más fáciles si simplemente desapareciera.

En esos momentos de oscuridad, me cuestiono todo. Me pregunto si realmente soy buena, o si solo estoy pretendiendo ser algo que no soy. La línea entre lo que quiero ser y lo que realmente soy se vuelve borrosa, y no puedo distinguir dónde termina una y comienza la otra. Todo se vuelve confuso, y en medio de esa confusión, el deseo de hacerme daño regresa con fuerza.

Sé que estos pensamientos no son racionales. Sé que el suicidio no es la respuesta, que hay personas que me quieren, que me valoran. Pero cuando estás en medio de una tormenta emocional, es difícil ver más allá de las nubes oscuras. Es difícil recordar que hay un sol brillando detrás de todo ese dolor.

A veces, me digo a mí misma que soy fuerte, que he sobrevivido hasta ahora y que eso tiene que significar algo. Pero otras veces, esa voz es tan débil que apenas la escucho. Me ahogo en la desesperación, en el sentimiento de ser una inútil, una carga, alguien que simplemente no debería estar aquí. Y, aunque sé que estos pensamientos no son ciertos, son difíciles de ignorar cuando se sienten tan reales.

Me esfuerzo por recordar que aún hay cosas por las que vale la pena luchar, que todavía hay un propósito en esta vida, aunque no lo pueda ver en este momento. Me digo que el amor propio es un viaje, no un destino, y que algún día, encontraré la manera de amarme a mí misma de verdad. Pero ese día parece estar tan lejos, y el camino para llegar hasta allí es tan empinado y lleno de obstáculos que a veces dudo si podré lograrlo.

Echoes from the Abyss: My Life in FocusDonde viven las historias. Descúbrelo ahora