Capítulo 13

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Daxton

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Daxton

Nos adentramos en nuestro hogar. El infierno se veía igual que siempre, las almas en pena pasaban de aquí allá, arrepintiéndose sobre sus elecciones en vida. 

Por todos los siglos que llevo aquí, cada vez puedo confirmar que el humano es una criatura débil. Se la pasan arrepintiendo de las cosas que hicieron en vida, recordando y pensando lo que pudo ser. Una vez le pregunté a mi padre el porqué eran así, se quejaban demasiado, se lamentaban innecesariamente, extrañaban y sentían demasiado…  

Tal vez era que nosotros éramos unos insensibles, en nuestra mente solo está hacer las cosas como no lo manda mi tío. Somos almas malvadas que solo pensamos en jugar con nuestras presas. Y qué mejor hacerlo con los humanos, se mueven siempre a nuestro antojo, son mucho más fáciles en entrar a la mente, títeres dirán, yo los llamo mis juguetes. 

El frío del infierno es lo que los mata. Los humanos creen que el infierno es como la lava, que al tocarlo te quemas del calor que hace. Pero más equivocados no pueden estar, lo que los mata es la mente, el frío al calar en sus almas y la soledad. Aunque bueno… Puede que nosotros juguemos un poco con ellos y les demos calor a sus pensamientos, atormentándolos un poco más. 

Entramos al pasillo de la brujería.

Aquí tenemos un pasillo donde están todos los brujos, hechiceros y criaturas que manejan toda la clase de magia negra. Mi padre los utiliza a casi todos y les manda misiones. Según él, dice que podemos estar en paz por ahora con mi tío, pero que no siempre será así.  

Hay muchas historias de cómo mi padre le quiso quitar el trono a Dios. Muchos creen que mi padre fue un ángel, otros su mano derecha, pero la realidad es muy diferente.

Entramos a una de las habitaciones donde se encontraba Amanda. 

— ¡Amanda! Hermosa, necesitamos de tu ayuda — gritó Harden a la nada. 

De otro lugar salió Amanda. Amanda llevaba mucho tiempo aquí en el infierno. Después de morir y estar en la tierra, mi padre decidió tenerla de hechicera, ya que en vida le llegó a servir demasiado. 

— ¿Qué les trae por aquí? - me da una reverencia que acepto - Príncipe. 

— Amanda, necesito hablar contigo - le digo—. Necesito que esta conversación quede entre nosotros, por nada del mundo puede enterarse nadie más. ¿Entendido? 

— Claro, príncipe. 

— ¿Hay alguna forma de que yo suba al trono sin que me case? 

La hechicera me ve sorprendida por mi pregunta, sé que no debo hacer esto aquí, pero no me queda de otra.

— La única forma de hacer aquello es sembrando en cada humano la semilla del pecado. Hay varias formas de hacer aquello: algunos lo hacen ayudando a los humanos cuando los invocan en sus estupideces, otros seducen y enamoran hasta que caen en sus manos y otros van a la antigua, metiéndose en su mente hasta que caen al abismo. Pero eso sí, todos deben morir al final gracias al suicidio. 

La seducción del Demonio (Sin Editar)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora