Capítulo 23

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Daxton

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Daxton

Dejo a Aurora en un lugar especializado para ella. Sabía que esto podía pasar, no lo niego, aunque ella no lo sepa, traje todo lo que se me pudo venir a la mente que ella necesitaría.

Aurora era una humana muy sensible y que, por alguna razón, que todavía no descubrimos, se desmaya cada vez que puede. Sabía que una guerra podía pasar aquí, por eso intenté traer todo del mundo de los humanos para ella y su comodidad.

Encuentro a mi padre hablando con mi tío. No sabíamos el porqué hubiera pasado aquello; era verdad que cada vez que se veían los ángeles y demonios siempre pasaba algo, pero nunca llegó a estos extremos.

—¡Esto es tu culpa!

—¿Mi culpa? Lo siento si quería que mi hijo tuviera un compromiso digno de lo que es.

—¡Ni siquiera sé por qué quieres tenerlo para hacer una alianza! ¡Y menos con ella!

Olvídenlo, no están hablando, están peleando, como siempre.

—Deberías...

— ¿Pudieran dejar de pelear? —interrumpo.

Los de se callan de repente, totalmente tensos.

— Daxton este no es asunto tuyo, anda con Aurora, yo tengo que hablar con tu tío.

—¿Hablar o pelear?

—Lo mismo.

Ellos, ignorándome, siguieron peleando, culpándose uno del otro.

— ¡Todo esto no hubiera pasado si...!

—Sí, nada —interrumpo otra vez—. No hacen nada culpándose uno al otro; hay que buscar una solución.

A mi padre se le oscureció la mirada ante lo mencionado.

—Aquí no hay nada que solucionar, rompieron el tratado de paz. ¿Quieres guerra, hermano? —su voz cada vez se volvió más oscura—. La tendrás.

El silencio en el lugar era evidente; se sabía que de aquí nada bueno iba a pasar.

—¿Me estás culpando a mí? ¿Te recuerdo que los que empezaron con todo esto fue tu clan? —habló incrédulo—. Creo que por primera vez estamos de acuerdo con algo, Lucifer, aquí hay guerra.

Y con eso último sentenció lo que más temía y lo que iba a retrasar mis planes. Otra guerra absurda en la que nadie sabía nada.

Nuestro alrededor se oscureció con una niebla pesada. Sabía que estaba a punto de pasar dos cosas: Dios haría su presencia y dictaría un nuevo camino de paz y mi padre lo desobedecería siguiendo su naturaleza.

Como dije, lo que había pronosticado se había hecho realidad. Dios se había levantado en toda su gloria; su figura ahora no le hacía comparación a como había estado antes, se había triplicado siendo más alto que todos nosotros.

La seducción del Demonio (Sin Editar)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora