7 de noviembre de 2024
Mi madre siempre dice que tengo demasiada curiosidad para mi propio bien. Hasta ahora, nunca le había dado importancia, pero después de lo que encontré ayer, creo que tenía razón.
Todo comenzó cuando ayudé a la señora Amparo, la vecina de al lado, a limpiar su desván. Es una mujer mayor y siempre ha sido como una abuela para mí. Al parecer, no había subido allí en años, y la cantidad de polvo y telarañas era alucinante. Mientras apartaba viejas cajas llenas de recuerdos olvidados, descubrí un baúl pequeño, enterrado bajo montones de papeles amarillentos y trapos viejos. No pude resistirme y lo abrí.
Dentro, encontré un cuaderno negro, de cuero, con un cierre metálico oxidado. El tacto era extraño, como si la superficie estuviera viva.
–¿Qué has encontrado ahí, Claudia? –preguntó la señora Amparo.
–Solo un cuaderno viejo, ¿puedo quedármelo?
Ella dudó por un segundo, su rostro mostrando una expresión que no supe interpretar.
–Claro, cariño, si lo quieres, es tuyo. Pero ten cuidado, a veces, los viejos papeles guardan cosas que es mejor no desenterrar.
Su advertencia me pareció exagerada, y no le di mayor importancia. Como siempre, la curiosidad me ganó. Me lo llevé a casa, deseando descubrir qué secretos ocultaba entre sus páginas.
8 de noviembre de 2024
Anoche, después de cenar, no podía dejar de pensar en el cuaderno. Me encerré en mi cuarto y lo abrí, esperando encontrar dibujos o notas de algún antepasado. Pero lo que encontré fue completamente diferente.
Las primeras páginas estaban en blanco, y pensé que tal vez el cuaderno no había sido usado nunca. Sin embargo, cuando pasé a la cuarta página, las palabras comenzaron a aparecer, como si hubieran estado ocultas hasta que decidiera leerlas. La escritura era extraña, casi como un garabato. Decía: "Para aquellos que buscan, el conocimiento no viene sin costo. Una vez abierto, no hay vuelta atrás".
Sentí un escalofrío recorrerme la espalda, pero en lugar de cerrar el cuaderno, continué leyendo. Las páginas siguientes eran una mezcla de relatos, pensamientos, y algo que parecía una serie de rituales. Lo más perturbador era que los textos hablaban de invocar a seres de "otras dimensiones", y de cómo los deseos más oscuros podían hacerse realidad, si uno estaba dispuesto a pagar el precio.
Pasé horas leyendo. Cada página que avanzaba, el ambiente en mi cuarto parecía volverse más agobiante. Finalmente, encontré una instrucción clara: "Escribe tu deseo en este cuaderno y será concedido. Pero recuerda, el precio se cobrará tarde o temprano". Cerré el cuaderno de golpe, asustada. Pero algo en la forma en que estaban escritas las palabras me hizo dudar.
No pude dormir bien anoche. Soñé con sombras que se movían por mi habitación, susurrando mi nombre. Cuando me desperté, sudorosa y con el corazón a mil, tenía la extraña sensación de que no estaba sola. Revisé toda la casa, pero no encontré nada. Sin embargo, el miedo no cesó.
9 de noviembre de 2024
Hoy en el instituto, no pude concentrarme en nada. Las palabras del cuaderno seguían repitiéndose en mi mente: "Escribe tu deseo". ¿Qué pasaría si lo hiciera? ¿Realmente se cumpliría? Intenté hablar con Inés, mi mejor amiga, sobre lo que había encontrado, pero ella estaba más interesada en su nuevo móvil. Me sentí tonta por siquiera mencionarlo, así que cambié de tema rápidamente.
Esa tarde, cuando llegué a casa, fui directamente a mi cuarto. El cuaderno estaba donde lo había dejado, sobre mi escritorio. Me senté frente a él y lo abrí. No podía evitarlo. Mis manos temblaban mientras lo sostenía. Finalmente, tomé un bolígrafo y escribí: "Deseo que Álvaro se fije en mí". Álvaro es el chico más guapo del instituto, y nunca me había prestado atención. Era un deseo estúpido, pero tenía que probar si el cuaderno funcionaba.
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