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SE ENCONTRABAN una linda castaña y una rubia. La rubia ayudaba a la castaña a vestirse; al parecer, se estaba preparando para algo importante.
── ¿Y? ¿Qué tal me veo? ── dijo la castaña emocionada, girándose frente al espejo.
── ¡Súper! Definitivamente Hiccup se desmayará cuando te vea, ¡estás lindísima, Edith! ── dijo la rubia, Brutilda, con entusiasmo.
── ¿Sí? Dios, estoy tan emocionada. Estoy segura de que esta noche Hiccup me propondrá matrimonio ── mencionó Edith, con una sonrisa radiante.
── ¿Y estás segura de que será hoy? ── preguntó Brutilda, mientras se miraba en el espejo de la castaña, ajustando su propia ropa.
── ¡Segurísima! Hiccup me ha dado muchas señales de que está listo para dar el paso. Ayer me dijo que su papá tenía que decirle algo importante, y sabes que Estoico quiere que él ya sea jefe. ¡Seguro que me lo propondrá para dirigir con él! ── dijo Edith, saltando de emoción. ── Además, esta mañana me dijo: "Edith, tenemos que hablar de algo importante", y estaba muy nervioso. ¡Es superobvio!
── Si tú lo dices ── dijo Brutilda, sonriendo pero con un dejo de preocupación en su voz.
En ese momento, se escucharon leves golpes en la puerta principal de la casa de la castaña.
── ¡Llegó! ── exclamó Edith, con el corazón latiendo a mil.
Corrió hacia la puerta, ansiosa por ver a su amado.
── ¡Hiccup! ── dijo, abrazándolo con fuerza. Pero mientras ella estaba alegre, él sentía que se moría por dentro poco a poco.
── Hey... mmm, hola ── dijo él, su voz apenas un susurro. ── ¿Ahora sí podemos hablar?
Antes de que Edith pudiera contestar, Brutilda salió del cuarto.
── ¡Hey! Ya me voy a mi casa ── dijo, mirando a la castaña. ── Brutacio y yo tenemos cosas que hacer. ── Se despidió con un tono de diversión.
── Ohh, está bien, adiós ── dijo Edith, con menos interés, pues su mente estaba centrada en Hiccup.
Hiccup se hizo a un lado para que la rubia pudiera salir, y finalmente cerró la puerta de aquel hogar.
── Bien, ¿y de qué quieres hablar? ── preguntó Edith, su tono rebosante de felicidad y expectativa.
── No sé cómo empezar... ── dijo él, temblando. No sabía cómo hablar sin romperse en el proceso.
── Solo dilo ── dijo ella, mostrando una tierna sonrisa, una de esas sonrisas que hacen que te sientas en paz.
Pero para su mala fortuna, no era el momento adecuado.