Días después, yo estaba curando a Manjiro en un cuarto lujoso y solitario...
—Sanzu entra al cuarto—.
Oh... hola, Drogo
—Noketsu dijo riéndose—.
Hola… cariño...
—respondió Sanzu—.
Drogo, estás raro hoy... ¿qué pasa?
—Noketsu respondió—.
Sanzu sonrió y sacó un poco de humo de su boca—.
No pasa nada, mi vida
—Noketsu lo miró un poco extrañada—.
— Sanzu se acercó lentamente a ella.—
Quieres que nos divertamos un poco?
—Noketsu se alejó de él—.
Emm... no, ¿qué te pasa?
—Sanzu respondió un poco enojado—.
Quieras o no, lo harás...
—Sanzu decía mientras echaba seguro en la puerta —.
—Noketsu se asustó y se alejó de él—.
Sanzu, ¿qué te pasa?
—Sanzu se acercó a ella y la acorraló contra una pared cercana—.
Te amo...
—Noketsu lo miró confundida—.
¿Eh?...
—De repente, Sanzu la besó—.
Mmm...
—Noketsu intentó zafarse de Sanzu—.
¡Suéltame, Sanzu!
—Noketsu sintió cómo el humo de la boca de Sanzu pasaba de boca en boca—.
Mientras Sanzu me besaba, yo sentía un sentimiento... extraño...
—Sanzu pasó su mano por la cintura de Noketsu mientras la miraba con tanto amor—.
Noketsu se sonrojó intensamente, pero no podía resistirse...—.
S-Sanzu
¿qué haces?
—Minutos después, Sanzu dejó de besarla y la miró con un poco de arrepentimiento—.
Perdóname... es que me recordaste a ella...
