Sir Reginal Hargreeves fundo la academia Phoenix y en esta línea de tiempo, adopto a ocho niños extraordinarios formando el grupo de super héroes adolescentes más formidables del planeta.
Klaus despertó aturdido y sediento, sobre la camilla de la enfermería. Como era habitual, con un montón de cables pegados a su piel, conectado a varias maquinas que emitían pitidos a intervalos regulares y controlaban su ritmo cardiaco tanto como su actividad cerebral.
Se incorporo con la angustia de no poder respirar por el segundo que tardaron sus pulmones en volver a funcionar con normalidad. Esa era sin duda la peor parte de resucitar.
- Más de cincuenta horas durmiendo, has mejorado tu marca personal.- dijo la voz de Ben desde alguna parte de la habitación.
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- Ya me conoces, me gusta superarme a mi mismo.- Bromeó restregándose los ojos.- ¿Qué ha pasado?
- Perdí el control, creo que yo te mate esta vez. Lo siento mucho Klaus, de veras.
- ¿Bromeas? ¡Me he perdido días de entrenamiento! Te debo una.- dijo Klaus quitándose los cables pegados con ventosas a su frente.
- ¿En serio no estas enfadado?
Klaus negó con la cabeza.- ¿Por qué habría de estarlo? Me pasa mucho, casi de todas las misiones vuelvo dentro de una bolsa.
- El resto si lo esta.- afirmo Ben con tristeza.- Me han aplicado la ley del hielo. No me hablan, me ignoran por completo, hasta hacen como que no me escuchan cuando les hablo. Incluso papá me ha retirado la palabra. Creo que es porque esta vez pensaron que no despertarías y creyerón que te mate definitivamente.
- Si papá hubiera pensado que no despertaría me habría tirado por el retrete.- aseguro Klaus.
- No sé Klaus, todos están tristes, caminan con la cabeza baja y lloraron en la noche.
- Son muy dramáticos, ya los conoces. Tranquilo, hablare con ellos. En cuanto vean que estoy bien se les pasara.
Klaus levanto la vista soltando el ultimo de aquellos molestos cables conectados a su piel, encontrando el translucido cuerpo de su hermano frente a él. Supo que significaba que pudiera ver la puerta a través de la imagen de su hermano pero no quería creerlo. Un nudo aprisiono su garganta e hizo un esfuerzo titánico por mantener su mejor cara de joker.
- Ben, ¿Cómo termino la misión?.
- No lo sé, me desmayé.
Klaus trago saliva y se obligo a mantenerse fuerte.- Ben, me... me parece que no te desmayaste.
- Sí, perdí el conocimiento y cuando desperté estaba en casa.
- No.- afirmo Klaus a punto de llorar.- No Ben, no fue eso. Moriste.
- ¿Es broma?¿Te estas vengando porque te hice daño?
- Escucha, algunas veces pasa si es muy rápido o traumático, las personas no toman conciencia de que fallecieron y sus espíritus se quedan entre los vivos.
Ben le miro serio unos segundos y después se rio.- Casi que me lo creo, muy buena.
La puerta se abrió y Grace entro, atravesando a un desconcertado Ben.
- Buenas tarde Klaus. ¿Cómo te encuentras cielo?.- pregunto con cariño la robot.
- Estoy bien mamá.- murmuro Klaus con los ojos clavados en su hermano.
Ben se mostraba confundido. Se miro las manos y trato de coger los objetos de la mesa sin lograrlo. - ¿Estoy muerto? ¿De verdad estoy muerto? ¡Pero me siento vivo, estoy bien!.
Ben trato de llamar la atención de Grace.- ¡Mamá! Mamá mira, estoy aquí.
La robot era incapaz de verle. Paso de largo y tomo la temperatura de Klaus, atendió los datos de los monitores, apagando los que ya no eran necesarios y sonrió satisfecha.
- Parece que todo esta bien, cielo. Ve a darte una ducha y luego baja a cenar. Tus hermanos se alegraran de verte.
- Mamá ¿Qué le paso a Ben?.- se atrevió a preguntar.
- Cielo, lo siento. Tu hermano no lo consiguió. Perdió el control, los tentáculos lo zarandearon y se golpeo muy fuerte la cabeza contra una viga de acero. El entierro será mañana.
Klaus contuvo las lagrimas siendo fuerte por su hermano, forzó la sonrisa dando por buena la explicación de la accidental muerte de su hermano y pregunto.
- ¿Los demás están bien?
Ella asintió compasiva.- Perfectamente, solo tienen algunos rasguños y heridas menores.
- No puedo creerlo.- dijo Ben.- Esto parece un mal sueño.
- Todo ira bien.- aseguro Klaus, mas Grace entendió que hablaba con ella al no haber nadie más allí.
- Por supuesto cielo, lo superaremos juntos. Como familia. Anda ve a asearte, la cena no tardara en estar lista.- pidió la androide con su mejor sonrisa.
- Sí mamá.
Klaus se levanto de camilla con las piernas entumecidas y salió al pasillo, seguido del espectro de su hermano.
- ¿Qué se supone que va a pasarme ahora?
- Deberías ver una luz. Si la atraviesas iras a... no sé, al otro lado.
- ¿Cómo no lo sabes? Tu has estado muerto muchas veces.
- Sí pero no me acuerdo de nada cuando vuelvo, para mi es como quedarme dormido muy profundo. Lo que sé es que si cruzas al otro lado no podrás volver.
Ben se estremeció con la idea del incierto destino que le esperaba al otro lado de la luz ¿Iría al cielo?¿Existía un cielo en primer lugar?¿Y si iba al infierno? Reginald odiaba la superchería de la religión y aseguraba que nada de eso era cierto, sin embargo Ben recordó las vidas de todos los criminales a los que había despedazado y sintió miedo de que al otro lado hubiera un castigo para él.
- Entonces ¿Puedo quedarme y cruzar cuando yo quiera?
Klaus era consciente de que debía animar a su hermano a cruzar. Que era lo correcto y lo que debía hacer, que el plano terrenal ya no podía ofrecerle nada pero se sintió incapaz de despedirse de su hermano para siempre.
- Si, claro, puedes quedarte todo lo que quieras, no hay ninguna prisa.- aseguro.
El fantasma sonrió aliviado. Le aterraba que pudiera haber al otro lado de esa luz que veía al final del pasillo y prefería quedarse en la academia, con sus hermanos, aunque solo Klaus pudiera oírle.
- Vale.- dijo más tranquilo.- ¿Y ahora que hacemos?
- Yo tengo que ducharme, no te ofendas pero huelo a muerto.- Bromeó Klaus.- Puedes venir conmigo si quieres.
- ¿Y oírte cantar los grandes éxitos de Cyndi Lauper? No, gracias, mejor me doy un paseo hasta la hora de la cena.- dijo Ben, tal como su hermano esperaba, reclinando la invitación de acompañarle.
Ben se quedo merodeando el pasillo, dejando a Klaus entrar solo en su habitación. Este cerro la puerta y su sonrisa despreocupada se desmorono al tiempo que cerraba los puños conteniendo su rabia.
No era justo.
Las lagrimas brotaron a mares de los ojos de Klaus y cayeron en cascada por sus mejillas.
Se apresuro a entrar en el baño y meterse en la ducha, esperando que el ruido del agua amortiguara su llanto y se encogió en un rincón, sintiendo que el corazón se le desgarraba.
Su hermano Ben estaba muerto.
Nunca crecería, ni tendría una novia, ni haría ninguna de las cosas que soñaba.