Capítulo 8.- Treinta y ocho horas de libertad.

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23 de septiembre de 2006.

Esa mañana el tañer de la campana de Grace sonó más alegre de lo normal. 

El ambiente de la mansión cambiaba cuando Reginald no estaba allí, hasta el aire se sentía más fresco y ligero. 

Los hermanos bajaron a desayunar. Los sábados Grace preparaba Beicon y huevos, sin embargo encontraron tazones de avena frente a sus sillas.

- Mamá, hoy es sábado.- comento Diego mirando receloso su desayuno.

- Sí, cielo, ya lo sé.- respondió la androide acercando una jarra de zumo a la mesa.

- ¿Dónde se fue el beicon?.- pregunto Klaus tan desilusionado como el resto. 

- Reginald hizo ajustes en vuestra dieta para que crezcáis sanos y fuertes.- confeso Grace confirmando lo que Cinco ya sabía.- El beicon y los huevos pasan a las festividades, acción de gracias, navidad, el cuatro de Julio... no pongáis esas caras, pronto será vuestro cumpleaños y os los preparare cuanto queráis con mucho amor.

- ¿Y los domingos de tortitas?.- pregunto Allison.

- Lo siento cielo, nada de tortitas. Son ordenes de vuestro padre.

- Hay que reconocer que el viejo es un genio inventando nuevos niveles de amargarnos las existencia.- comento Klaus.

- Lo hace por nuestro bien. Dejar de quejaros y comer, tenemos entrenamiento en quince minutos.

Cinco aparto el tazón y se levanto camino de la cafetera. 

- ¡Eh, no puedes levantarte así de la mesa, conoces las normas!.- dijo Luther.

- Solo quiero un café, carajo.- gruño Cinco.

- A papá no le gusta que tomemos cafeína.- Le recordó el líder del equipo interponiendo su cuerpo en el camino de Cinco.

Poco le importo. 

Cinco se teletransporto junto a la cafetera, destinada en origen para ofrecer café a las visitas y comenzó a preparar una jarra.- ¿Alguien más quiere?.- pregunto para calcular cuanta agua debía poner.

- Sí por favor.- dijo Jared. 

A Diego no le apetecía pero la oportunidad de molestar a Luther le resultaba tentadora.

- Otro para mi.

- Yo también quiero.- aseguro Klaus.

- No podéis hacer lo que os de la gana porque papá no este.- gruño Luther

- ¡Solo es un puñetero café, Luther!.- dijo Klaus hastiado.- Haznos un favor a todos y sácate el palo del culo.

Sus hermanas soltaron unas risitas por lo bajo y Luther se molesto. 

Jared vio la oportunidad. Grace estaba ocupada y sus hermanos distraídos.- Ahora vengo, tengo que vaciar el vientre. Tardare un poco, creo que voy a soltar una de las grandes.- aseguro, cuando lo que en verdad quería era recuperar la pulsera antes de que Grace hiciera limpieza y vaciara las papeleras. 

Ninguno parecía entender la importancia de la disciplina, no respetaban su autoridad ni tomaban en serio los entrenamientos. Ninguno parecía comprender la responsabilidad que caía sobre los hombros de Luther ni cuanto miedo tenía a cometer un error y que otro de sus hermanos muriera por su culpa. 

Enfadado con todos ellos, Luther dejo la cocina mascullando una orden.

- Os espero en el gimnasio, dentro de diez minutos.

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