Narra Patrick
-Uy dios santo que cansado fue esto- dije mientras me sentaba en el sillón de la habitación de hotel.
-Lo sé, pero por fín ya se acabó- dijo dejando sus cosas en la mesa y sentandose a mi lado -y lo bueno es que hicimos un gran trabajo.
-Lo sé vida lo hicimos bien, como siempre- dije estirandome para abrazarla. -y ahora ya solo queda regresar a casa.
-Ya sé y no quiero- dijo aferrándose más al abrazo- quiero quedarme así para siempre, contigo en tus brazos. No me quiero separar.
-Entiendo, yo también me quiero quedar así como ahora, pero cuando volvamos ya tendremos tiempo para estar así.
Al decir eso ambos nos quedamos callados y solo disfrutamos del abrazo. Después ambos nos fuimos a preparar maletas y dejar todo listo, ya que al día siguiente tomaríamos un vuelo para por fin volver a casa.
-Dejaste todo listo.
-Si, ya solo mañana saco las maletas de mi cuarto y nos vamos- dijo rodeando mi cintura con sus brazos- mientras te parece si hacemos algo más divertido.
-Qué te gustaría hacer- dije dándole la vuelta para vernos frente a frente.
-Pues no se, que tal si vamos practicando hacer un bebé.
-No señora Farmiga- dije soltando una carcajada- Ya habrá tiempo para eso después.
- Si pero....
(Sonido de notificación)
-Es tu teléfono- dijo mientras caminaba a la mesita y lo tomaba. -Quien es Elizabeth y porque está emocionada por verte.
-Es solo una amiga -dije caminando hasta donde estaba ella para poder ver el mensaje.
-Eso dicen todos.
-Si, pero en mi caso es cierto, incluso la conociste -hice una pausa, leí el mensaje y apague el celular. - Oh me vas a decir que ya no te acuerdas.
-Si ya me acordé, perdón- dijo agachando la cabeza.
-No tienes porque, yo también me pondría así si te llegará un mensaje igual. Mejor ven vamos a buscar un restaurante y sirve de que salimos a dar un paseo.
Extendí mi mano y ella la tomo emocionada. Salimos del hotel y caminamos por las calles buscando un lindo lugar para comer. Caminamos unas cuadras y llegamos a un lugar sencillo pero bonito y decidimos entrar.
La comida estaba deliciosa y acompañada de las risas de mi mujer aún mejor. Después de un rato regresamos al hotel, ambos nos dimos un baño, hablamos con nuestros hijos y nos pusimos cómodos para relajarnos y pasar un rato juntos antes de volver a casa.
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Estoy acostado en la cama, y la luna se filtra a través de las cortinas, iluminando la habitación con una luz suave. Vera está apoyada sobre mi pecho, y siento la calidez de su cuerpo junto al mío. Es uno de esos momentos donde todo parece encajar. El silencio de la noche es cómodo, tranquilo, como si el mundo entero se hubiera pausado solo para nosotros.
Mientras acaricio su cabello, no puedo evitar pensar en el futuro. Me pregunto cómo será dentro de unos años, si todavía tendremos momentos como este. Pienso en nuestra vida juntos y lo que podría venir. ¿Seremos diferentes? ¿Cambiaremos? Pero en este instante, todo se siente eterno, como si nada pudiera romper esta paz.
Ella levanta la cabeza lentamente y me mira con esos ojos que me desarman cada vez. Hay algo en su mirada que me hace sentir que todo está bien, que todo va a estar bien mientras estemos juntos.
—¿Sabes? —dice con esa voz suave que tanto me gusta—. Siempre imaginé que nuestro futuro estaría lleno de pequeñas aventuras... No grandes gestos, sino momentos como este. Tranquilos, juntos, simplemente... viviendo.
La escucho y no puedo evitar sonreír. Ella siempre ha tenido esa capacidad de ver la belleza en lo más sencillo. Mientras habla, puedo sentir cómo sus palabras se quedan conmigo, cómo cada pequeña imagen que pinta se convierte en algo que quiero más de lo que jamás había imaginado.
—Sí, lo sé —respondo, mi voz apenas tiene un susurro—. Siempre has tenido una forma de ver la vida en esos detalles. Y tienes razón... No se trata de los grandes momentos, sino de lo que construimos día a día.
Puedo ver el futuro, uno que no había pensado hasta ahora con tanto detalle. Me atrevo a preguntarle:
—¿Te imaginas dentro de diez años?
Ella se ríe suavemente, esa risa que siempre me hace sonreír también, y se acomoda un poco más en mi pecho. Siento su calor, su respiración tranquila.
—Diez años... —dice, como si estuviera viendo algo que solo ella puede ver—. Me imagino despertando contigo cada mañana, riéndonos de lo tontos que somos a veces, con una casa llena de vida... nuestros hijos, perros, un jardín que siempre hemos querido cuidar.
La forma en que lo dice, tan natural, tan llena de amor, hace que mi corazón lata más fuerte. Nunca había pensado en el jardín, ni en los perros, pero ahora lo quiero todo. La imagen de nosotros corriendo detrás de nuestros hijos, con ella diciéndome cómo cuidar las plantas, se me queda grabada.
—Eso suena perfecto —le digo, con una sonrisa en los labios—. Y los niños corriendo por la casa... Dios, sería hermoso. Y tú, en el jardín, dándome órdenes sobre cómo plantar los árboles.
Ella se ríe, esa risa suave y contagiosa. Sé que sería terrible con las plantas, pero lo haría de todos modos, porque verla feliz sería suficiente para mí.
—Serías terrible con las plantas —dice entre risas—. Pero, aun así, aprenderás porque te encantaría verme feliz.
Tiene razón. Lo haría por ella. Siempre lo haría por ella. Acaricio su mejilla suavemente y la miro a los ojos.
—Te haría feliz todos los días si pudiera. Prometo que haremos esos sueños realidad, Vera. No importa qué pase... siempre estaré aquí, planeando futuros contigo.
Cuando digo esas palabras, lo siento en lo más profundo de mi ser. No hay duda. No hay miedo. Solo hay certeza de que este es el futuro que quiero, con ella a mi lado, siempre.
Veo cómo sus ojos se llenan de una emoción suave, y siento que estamos más conectados que nunca.
—Y yo siempre estaré aquí... soñando futuros contigo —dice, susurrando.
Nos quedamos en silencio por un momento, mirándonos. El mundo exterior parece desvanecerse, y en este instante, todo lo que importa es lo que compartimos. Me inclino hacia ella y la beso suavemente. Es un beso lleno de promesas no dichas, de sueños compartidos, de un amor que se siente eterno.
Mientras nuestros labios se separan, susurro cerca de su oído, porque quiero que lo sepa, que lo sienta tan fuerte como yo:
—Estamos construyendo algo más grande que cualquier sueño, Vera. Lo que tenemos es real, y eso es lo más hermoso de todo.
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Holiii, espero les guste el cap, y si es así no olviden dejar una estrellita.
Con cariño Emi💖✨
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Un encuentro inesperado
RomanceDos personas que se aman se vuelven a encontrar después de tanto tiempo volverán a caer en tentación...
