Capítulo 46

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Narra Vera

El vuelo de hoy es tranquilo, como si el cielo estuviera de nuestro lado. Patrick y yo nos acomodamos en nuestros asientos de primera clase, listos para regresar a Nueva York después de una larga semana de filmación. Las luces suaves del avión bañan la cabina en un resplandor cálido, y el murmullo constante de los motores se siente reconfortante, casi como una melodía distante.

Miro por la ventana y veo el azul profundo del cielo, con algunas nubes esponjosas flotando como si estuvieran pintadas. A veces, parece que el avión apenas las roza, pero estamos tan alto que parecen miniaturas. Patrick a mi lado está sumergido en su lectura, probablemente algo relacionado con las películas de terror que tanto le gustan. Aunque en este momento, la atmósfera a bordo es de todo menos terrorífica.

La tripulación pasa con sus carritos, ofreciendo café y refrigerios, y yo, como siempre, opto por una taza de té verde. Mientras tomo un sorbo, la calidez se extiende por mi cuerpo, y siento una paz que rara vez experimentamos en medio de nuestras apretadas agendas. Es un respiro merecido.

Conversamos de manera casual, hablamos de nuestras familias, de lo que nos espera en casa, y de cómo es regresar a la Gran Manzana, que nos recibe siempre con su vibrante energía. Nos reímos, como siempre lo hacemos, de anécdotas de rodaje y de los sustos que hemos dado y recibido en las películas.

El vuelo avanza sin sobresaltos. Las turbulencias, si existen, pero se quedan en algún lugar allá abajo, y el tiempo parece deslizarse con una suavidad que hace que todo sea casi perfecto. Patrick, siempre el bromista, me recuerda cómo durante un rodaje anterior, ambos habíamos sentido que los fantasmas de nuestros personajes se nos habían pegado... pero por hoy, solo somos dos actores cansados, dejando atrás los personajes, volviendo a la realidad.

Ya puedo sentir el pulso de Nueva York a lo lejos, la ciudad que nunca duerme, esperando recibirnos con su ritmo acelerado y sus luces brillantes. El capitán anuncia que empezamos nuestro descenso, y miro una vez más por la ventana. El horizonte de la ciudad se dibuja a lo lejos, y sé que, aunque el viaje fue breve, fue un pequeño oasis de tranquilidad en nuestras ajetreadas vidas.

Cierro los ojos por un momento, disfrutando la calma antes de aterrizar, sabiendo que, en cuestión de minutos, estaremos de nuevo en medio del caos de la ciudad, pero por ahora... solo disfruto el silencio.
El avión toca tierra suavemente en Nueva York, y mientras el ruido del aeropuerto comienza a rodearnos, Patrick y yo permanecemos en silencio, como si quisiéramos alargar el último respiro de tranquilidad antes de que la ciudad nos envuelva de nuevo. Caminamos lado a lado por los pasillos largos y luminosos, nuestros pasos sincronizados, pero ambos conscientes de que cada uno irá pronto por su camino.

Llegamos al área de recogida de equipaje, y el tiempo parece detenerse por un momento. Es curioso cómo el ruido del aeropuerto, la gente corriendo con sus maletas, todo eso se disuelve, y solo quedamos nosotros. No hay prisa por irnos, pero tampoco sabemos cómo prolongar este instante sin que se escape entre nuestros dedos.

Patrick me mira, y hay una suave tristeza en sus ojos, como si tampoco quisiera que este momento llegara a su fin. Sonríe de esa manera que siempre me ha hecho sentir que entiende más de lo que dice. Él siempre ha sido así, diciendo tanto sin necesidad de palabras.

Nos detenemos frente a la puerta de salida, donde el viento frío de Nueva York se mezcla con el bullicio. Patrick, siempre un poco más reservado que yo, me toma de las manos con delicadeza, sus dedos envolviendo los míos, como si no quisiera dejarme ir todavía.

-Voy a extrañarte, lo sabes - me dice en voz baja, sus palabras cargadas de más peso del que quiere admitir. Siento el nudo en mi garganta, pero sonrío, porque no es un adiós definitivo, aunque en el fondo siempre lo parece.

-Yo también te voy a extrañar - le respondo, sin poder ocultar la nostalgia en mi voz. Y en ese momento, todo lo que ha quedado sin decir entre nosotros se siente más presente que nunca.

Me rodea con sus brazos, en un abrazo que es más largo de lo habitual, como si intentara aferrarse a este último instante de paz antes de que el mundo de afuera vuelva a reclamar nuestras vidas. Yo apoyo mi cabeza en su pecho, escuchando el latido de su corazón, ese latido que ha sido una constante en todos nuestros años compartidos en la pantalla, y más allá.

Al separarnos, sus manos rozan suavemente mis mejillas, y sin decir más, se inclina hacia mi y me besa en los labios, un beso lento, cargado de emociones que han quedado guardadas durante tanto tiempo. Es un adiós que se siente más grande que la despedida física.

-Nos vemos pronto, ¿verdad? -le pregunto, pero esta vez mi voz tiembla ligeramente.

-Sí... pronto - responde, aunque ambos sabemos que cada vez que decimos eso, un pedacito de nosotros teme que el tiempo entre cada encuentro sea demasiado largo.

Finalmente, me doy la vuelta y camino hacia la salida, cada paso alejándome más de él, aunque siento su mirada en mi espalda hasta que desaparezco en la multitud. El aire frío de Nueva York me recibe, pero aún siento el calor de su abrazo, y sé que este adiós, como todos los anteriores, será uno que llevaré conmigo hasta que volvamos a vernos.



Holi espero que les guste el cap, si es así no olviden dejar una estrellita.
Con cariño Emi 😊✨

Un encuentro inesperadoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora