Narra Vera
Después de un vuelo largo y agotador, por fin llego a mi hogar a las afueras de Nueva York. Abro la puerta con esa familiar sensación de alivio que sólo el hogar puede ofrecer. El aire fresco del campo entra en la casa mientras cierro la puerta detrás de mí. Dejo mi maleta junto al recibidor y me quito los zapatos, sintiendo el frío del suelo de madera bajo mis pies descalzos. Respiro hondo, disfrutando del silencio y la tranquilidad que envuelven la casa. Aquí, lejos del bullicio de la ciudad, todo parece más sereno.
Mi teléfono suena, y sonrío al ver los nombres que parpadean en la pantalla: Gytta y Finn. Esa llamada es justo lo que necesito después de un día así. Contesto, escuchando sus voces llenas de entusiasmo y risas al otro lado de la línea.
—¡Mamá! —grita Finn—. ¿Cómo estuvo el vuelo? ¿Cuándo vuelves a vernos?
—Fue largo, cariño, pero estoy bien —le respondo suavemente, dejando que el sonido de su voz me llene de calidez—. Los extraño tanto. Ya pronto estaré con ustedes, lo prometo. ¿Cómo les fue en la escuela hoy?
Ambos empiezan a hablar al mismo tiempo, contándome historias de su día, detalles pequeños pero tan importantes para mí. Siento una sonrisa formarse en mi rostro mientras me dejo llevar por sus voces. Gytta me cuenta cómo ha estado practicando el piano y Finn me habla sobre su último dibujo en clase de arte. Me hace falta estar con ellos, pero esta llamada es un pequeño consuelo por ahora.
Después de unos minutos, escucho sus bostezos.
—Es tarde, mis amores. Es hora de dormir —les digo con ternura—. Sueñen con cosas bonitas. Mañana hablamos más, ¿de acuerdo?
Nos despedimos con promesas de más historias al día siguiente y finalmente cuelgo el teléfono. Miro alrededor de la casa, reconociendo la tranquilidad que, aunque agradable, no puede sustituir la vida y las risas que llenan este lugar cuando mis hijos están aquí.
Decido prepararme para dormir. Me lavo el rostro, me cambio de ropa y me deslizo en mi cama con la luz tenue encendida en la mesita de noche. Justo antes de apagarla, reviso el teléfono una vez más y veo un mensaje de Patrick. Sonrío al leerlo, él siempre sabe cómo alegrarme incluso después de un día largo.
No lo pienso dos veces y lo llamo. Al tercer tono, su cálida voz me responde.
—Hey, ¿cómo llegaste?
—Cansada —le digo, dejando que mi voz se suavice. Es como si el cansancio se desvaneciera un poco al hablar con él—. Pero ya estoy en casa, y te estuve pensando.
Hay un breve silencio al otro lado, y puedo imaginar su sonrisa, aunque no lo vea.
—Yo también te estuve pensando —me responde Patrick—. ¿Cuándo nos vemos de nuevo? Porque no puedo esperar mucho.
Me recuesto más en la cama, jugueteando con la sábana mientras la calidez de sus palabras me envuelve.
—¿Qué te parece este fin de semana? Podrías venir aquí... Quiero que estemos solos, tú y yo, sin prisas, sin horarios. Solo nosotros.
Él se ríe suavemente, y con su voz baja, casi en un susurro me responde:
—Eso suena perfecto. No sabes cuánto he deseado escuchar eso. Voy a estar ahí.
Cierro los ojos, imaginando la escena, deseando que ese momento llegue pronto.
—Te estaré esperando, Pat —le digo, con mi voz más suave, cargada de anhelo.
—Entonces es un trato —responde él, con un tono grave y lleno de promesas—. Será un fin de semana solo para nosotros.
Sonrío, sabiendo que ambos estamos imaginando lo mismo: la tranquilidad de estar juntos, lejos de todo lo demás.
—Buenas noches, Vinka.
—Buenas noches, Pat. No puedo esperar a verte.
Cuelgo, pero su presencia sigue conmigo. Apago la luz, me recuesto y me envuelvo en las sábanas, imaginando que pronto estará aquí, junto a mí.
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Holii, si les gusto no olviden dejar una estrellita!
Con cariño Emi 💖✨
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Un encuentro inesperado
RomanceDos personas que se aman se vuelven a encontrar después de tanto tiempo volverán a caer en tentación...
