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Soul sentía que su cabeza se partía en dos o en cuatro

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Soul sentía que su cabeza se partía en dos o en cuatro. Los sonidos extraños que provenían de algún lado del apartamento de Giselle le estaban perforando de la forma más dolorosa el cráneo.

Estaba enredado entre las mantas de la cama de la chica y su ropa, no se había quitado nada al llegar y, al parecer, Giselle tampoco lo había puesto más cómodo. Con un puchero en su rostro, se sentaba en la cama y sobaba su cabeza. Mirando a un lado, notaba que sobre la mesa de noche, su novia había dejado un vaso de agua lleno y unos analgésicos para después de la borrachera.

—Genial, al menos me dejó algo —decía tomándolo con urgencia, el vaso quedaba vacío segundos después—. Dios, ¿qué es ese ruido?

Cuando se ponía de pie, caminaba como podía en dirección al ruido y las voces. Era Giselle riendo y hablando con alguien a quien apenas podía oír, pero era una voz masculina.

Cuando llegaba a paso lento y con cara de perro gruñón como Ningning le decía, Giselle llevaba unos shorts que con suerte tapaban su culo. Se veía radiante y muy despierta para ser las... Dios, Soul no tenía ni puta idea de la hora que era.

—¿Giselle? —llamó.

La chica estaba sobre una de sus piernas, apoyando todo su cuerpo mientras miraba al cuerpo masculino sobre el piso con una sonrisa estúpida, debajo de la pileta de la cocina. Shota sabía cómo lucía Giselle babeándose, y esa era Giselle babeándose.

—¡Oh, Soullie! —rápidamente cambiaba su pose coqueta a una de alerta y luego se relajaba acercándose al azabache—. Lo siento, amor. ¿El ruido te despertó? Te dije que el encargado vendría a arreglar mi triturador.

Cuando señalaba hacia atrás, Shota miraba con cara de pocos amigos, mientras el tipejo parecía hacer los últimos arreglos. Su vista volvía a Giselle y la miraba de arriba abajo.

—No soy celoso, pero tienes unos shorts que apenas te cubren el culo y estabas toda encima d...

—¡Listo! —decía el encargado.

Shota fruncía el ceño y miraba por detrás de Giselle, él debía seguir ebrio aún. Seguramente. Ese tipo de metro ochenta con pantalones viejos de jean, remera negra al cuerpo y cabello húmedo, no podía ser...

—Oh, Keeho... Él es mi novio, Shota —decía Giselle llevándolo de su muñeca y acercándolo al diablo—. Soul, él es Keeho, el encargado del edificio.

El diablo se veía tan fresco y fantástico. Su piel brillaba y sus ojos igual, sus labios estaban rojos y húmedos, una cara de sutil sorpresa al ver a Shota. La ropa que debería de verse común, se veía tan bien en él. El azabache recordaba la noche y madrugada que había tenido junto a este hombre y su rostro pálido se ponía rojo y también de paso se sentía como la mierda. Keeho estaba fresco y divino, mientras que él se veía como la mierda. Cómo la mierda con mayúscula.

—Un gusto, Sho... ¿Shota? —fingía el despreciable ser de pura perfección, mientras extendía su mano.

Dios, Shota se mordía la lengua. Decidía que no le gustaba como sonaba su nombre con la voz coqueta del diablo que, en realidad, no era coqueta en ese momento. Sólo era plana y agradable.

JUNE 28 | keesoulHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora