Keeho se despertaba con un dolor de cabeza de los mil y un demonios, plus, un cuerpo pesado sobre su pecho que, era similar a un pulpo humano con brazos y piernas enrollados a su cuerpo.
— Ay ¿qué? — el castaño no podía sentirse más confundido al respecto.
No ayudaba no recordar nada de las últimas horas luego de beber como un demente en el balcón de Mina, aunque su memoria si recordaba la mamada del año que le había volado la cabeza y explotado su corazón. Keeho creía que ya estaba demasiado viejo como para enamorarse solo por una buena mamada, pero al parecer todavía podía sorprenderse.
— Me meo... — susurraba ronco, garganta seca y sabor a alcohol añejo de las horas pasadas.
"¿Mmm?" Tarareaba el bastardo de brazos y piernas largas que se estaba aferrando a su cuerpo como si su vida dependiese de ello.
— Me meo, quítate... Déjame — soltaba con voz rasposa, intentando quitarse a Shota.
— Oh, lo siento... Lo siento — decía la voz adormilada del otro hombre que se alejaba de él y se estiraba centímetros más lejos, aún sobre la cama, cerrando los ojos como si no tuviera ninguna preocupación encima.
Keeho lo miraba unos momentos, pero poco toleraba la vista porque apenas podía mantener sus ojos abiertos. Con pasos lentos y un tropezón de paso, llegaba al baño y se daba cuenta que estaba básicamente muy ligero de ropa.
— Interesante — pensaba, sacando la dureza de su boxer para descargar finalmente y sentir un poco de placer en ese terremoto de mañana dolorosa por culpa de su cabeza y la maldita resaca que nunca se hacía esperar en momentos como este.
Abriendo la ducha y tomando de su botiquín algo para la jaqueca y el estómago, se metía sin pensarlo dos veces y dejaba que el agua caliente lavara los rastros de saliva que seguro tenía aún vieja y seca sobre su polla latente del hombre que más había deseado en su vida, hasta el momento al menos.
Keeho recordaba la primera vez que había visto a Shota entrar al restaurante, él venía con Ningning de la mano en un día lluvioso donde la niña se venía quejando de que conducía como un rebelde y ella quería vivir una larga vida. Ning estaba enfurruñada pitando un puchero similar al de su hermano mayor, pero lo que lo había deslumbrado era el hombre que tenía el cabello negro como la noche, medio húmedo con una sonrisa traviesa y rectangular en su rostro, mientras le sostenía la puerta del restaurante a su pequeña y quejumbrosa hermana.
Él estaba leyendo un libro esa tarde lluviosa y nada había llamado suficiente su atención para despegar la vista del mismo, pero las quejas de la niña se escuchaban incluso antes de que entrarán al lugar y la risa grave tambien resonaba de fondo con las quejas, así que no había podido evitar levantar la vista y ver al tipo increíblemente atractivo detrás de la niña que ya conocía por haber cruzado algunas palabras.
Keeho recordaba que incluso entre sus quejas, Ningning lo había saludado, pero su hermano mayor estaba demasiado divertido contándole a su madre que había estacionado muy cerca de la vereda a punto de salpicarla con el agua de la misma y luego la niña solo exageraba con respecto a la velocidad. Soul no había volteado a ver a Keeho ni una vez, ni siquiera ante el saludo de su hermana. Él seguía sumergido en su mundo, revoloteando su cabello de hebras humedecidas y escapando a los golpes que su hermana quería propiciarle.
Keeho lo había encontrado simplemente encantador y se había distraído el resto del tiempo que Soul había pasado allí esa tarde. Luego lo había visto algún que otra vez más. Usualmente la mayoría de los viernes parecía venir de algún lado con Ning y podía decirse que a Keeho le habían gustado mucho los viernes, después de los jueves y la sopa de algas.
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JUNE 28 | keesoul
FanfictionHaku Shota lleva una relación de cinco meses y monedas con su bonita y despampanante novia pero su amistad de más de diez años con Kim Jongseob, su descarado amigo gay y una invitación camuflada a la marcha de orgullo LBGTQ+ lo ponen en una inespera...
