Lee Taeyong, 24 años de edad, estudiante de modelaje. Un chico demasiado amable, cariñoso, comprensivo, atento y sociable, además de ser uno de los chicos más populares de su facultad y universidad, gracias a la gran belleza que posee, su cuerpo del...
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Día siguiente.
Seúl, Corea del Sur.
04:58 P. M.
Chittapon, terminaba de guardar sus cosas en su maleta, ya había terminado el proyecto que tenía pendiente en Corea, así que podía irse sin ningún problema, claro, seguiría trabajando para Suh, pero en otra localización sin verlo todos los días.
Habían pasado días desde que Taeyong se había ido en busca de Jaehyun, Johnny, no lo había buscado, tampoco lo había llamado y mucho menos mandado un mensaje, él había intentado buscarlo pero él mayor siempre se rehusó a verlo poniendo varias excusas.
Dejó las maletas a un lado de su cama, en unas horas más saldría su vuelo, así que aprovecharía para comer algo.
El timbre de la puerta principal llamó su atención, en su mente, pensaba que era Renjun y Yangyang, ya que los menores querían hablar con él antes de irse. Rápidamente, fué a la puerta principal, pero al abrirla, se encontraba Johnny con un ramo de tulipanes rosas, sus favoritas.
—Perdón por tardarme demasiado, pero, quería darme un poco de tiempo para procesar lo que me pasaba, no quiero que tengas la peor versión de mí cuándo siempre me haz dado lo mejor de tí... tal vez... sea lento mi proceso, algunas veces puedo ser muy irritable ó puedo tener cambios de humor repentinos, tardo en procesar información, pero para eso, trataré todo esto con un profesional, no tengo manera de pedirte perdón por todo lo que he hecho pasar, realmente siento que no te merezco... aún con todo eso, aún sabiendo mis defectos, ¿estás dispuesto amarme?.
Ten, solamente comenzó a reír haciendo que el pelinegro lo mire confundido.—Tonto, yo sabía todo eso, ¿crees que no te conozco?, siempre te he amado así, Johnny.
Él mayor terminó por adentrarse al departamento del rubio, este rápidamente puso sus brazos detrás de su cuello sintiendo las grandes manos del contrario en su cintura.
Sin esperar más, terminaron uniendo sus bocas en un beso desesperado, se habían extrañado durante tanto tiempo cómo para seguir perdiendo el tiempo.
Sus torpes manos, desprendían las prendas de sus cuerpos, las flores terminaron en algún lugar de la sala sin que se dieran cuenta.
Sin separarse, caminaron a la habitación del menor, haciendo que este fuera arrojado a la cama, intercambiaron miradas con las respiraciones agitadas.
Suh, dirigió su mirada a las maletas que estaban a un lado de la cama del rubio, haciendo que sonriera levemente, si hubiera llegado más tarde, tal vez no tendría al amor de su vida frente a él cómo lo tiene justo ahora.
—¿Pensabas irte?.
—Mi vuelo sale en unas horas, no quería seguir viendo cómo me ignorabas cómo si yo no existiera.
—No te estaba ignorando, sólo necesitaba pensar y aclarar mis ideas.