Lena Russell
Me estiré perezosamente entre las sábanas, sintiendo cómo mi cuerpo se relajaba en la comodidad de esa cama. Era como levitar sobre una nube. El colchón era exageradamente grande, eso solo añadía a la sensación de lujo y relajación.
Había tenido un sueño bendecido.
Quería quedarme allí todo el día, sumergida la comodidad de esa costosa cama. No quería romper el hechizo de la comodidad, no quería que la realidad interrumpiera en mi pequeño paraíso. Pero mi cerebro, ese incansable recordador de responsabilidades, me alertó rápidamente de que estaba trabajando. Me estiré un poco más, disfrutando el último momento de relajación.
Mi mano se deslizó hacia la mesa de noche, buscando mi teléfono con una mezcla de automatismo y somnolencia. Al tomarlo, vi que eran pasadas las 7 am. Suspiré, aún medio dormida, y giré mi rostro hacia el lado opuesto.
—Polito hermoso.
Estaba allí, mirándome con esos ojos castaños y grandes. Sentí un golpe de electricidad, y mi corazón soltó un latido fuerte y acelerado.
Sonreí, rodeándolo con brazos y piernas.
—Buenos días, bebé —murmuré, mi voz aún ronca de sueño— mami está feliz de verte, Polito.
La lengua de mi bebé aterrizó suavemente en mi rostro, llenándome de baba. No pude resistir su cariño y me deslicé hasta su tórax, donde me quedé quieta, escuchando el ritmo acelerado de su corazón. Me encantaba despertar con mi perrito a mi lado, sentir su calor y su amor incondicional.
Comencé a besar su tórax, disfrutando de la suavidad de su pelaje y su aroma a shampoo canino— Qué rico hueles hoy, Polito.
Me seguía festejando con sus lamidas.
Mi bebé jamás me lastimaría o mentiría.
Como lo haría un hombre.
—Te amo, bebé —le susurré, mientras seguía besándolo— tú eres el mejor despertar del mundo.
—Eso es porque me levanté antes de que despertara, señorita Russell. Lamento no haberle regalado la fortuna de amanecer junto a mí —la voz de Jason me hizo sentar en seco sobre el colchón.
Reí nasal.
—Cuánta estima se tiene.
Solo me miró o, más bien, me comió con los ojos.
Los recuerdos de la noche aterrizaron en mi mente.
—¿Por qué me mira como si fuera un bicho raro? —le pregunto.
—Porque me sale de las bolas hacerlo.
Siempre tan mal hablado.
—¿Y tú? ¿Por qué me miras como si nunca hubieras visto un hombre en tu vida, Russell?
—Porque me había olvidado que estaba aquí.
Mentí.
Porque yo también lo estaba comiendo con los ojos.
Mi mirada estaba fija en su figura ocupando el sillón. Estaba sentado con una confianza que parecía emanar de cada poro de su piel. Solo un boxer cubría su desnudez, pero no parecía necesitar nada más para sentirse seguro y poderoso. Su porte era tan masculino y ardiente que me hacía olvidar mi repulsión por los hombres. La forma en que sostenía el cigarrillo entre sus dedos, la manera en que exhalaba el humo hacia el techo, sus músculos a la vista, disponible para satisfacer mis ojos.
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LA CONDENA DEL DESEO [TERMINADA]
AcakDos seres destinados a encontrarse... Jason Beckett, un hombre al que la vida siempre le ha dicho sí, pero sus propias ambiciones han sido enterradas bajo la presión de las expectativas ajenas. Lena Russell, una mujer que no necesita la aprobación d...
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