Capítulo seis

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Quitándose las botas, se le hace inevitable no bostezar. El sueño la ataca. Ve a Yong Sun atándose el pelo y desprendiéndose de lo que tiene abajo hasta quedar solamente en ropa interior junto a la blusa un poco suelta. La chaqueta se la ha dado porque le dio frío de regreso al monoambiente en autobús.

Siempre tiene esos gestos con ella y, aunque solo le dice "gracias", en el fondo, las ganas de besarla la invaden por completo.

- ¿Té digestivo? - pregunta y asiente. Se acerca a la cocina prendiendo la hornalla. Agarra el jarro y pone agua. Cuando el objeto hace contacto con la llama, comienza la búsqueda de sus anteojos. Los encuentra en la mesa de noche que está justo al lado de su cama. Antes de ponérselos, aleja los lentes de contacto de sus ojos. Ya más relajada y completamente cambiada, se sube como lo hace habitualmente a la mesada moviendo un poco las piernas. No es lo suficientemente tonta y se da cuenta de la mirada interesada de Moon Byul. Pasa un dedo por uno de sus muslos sintiendo el peso de la mano contraria de repente.

- Duerme conmigo. - lo han hecho, pero cuando su amistad se transformó realmente en una verdadera. Compartieron en muchas ocasiones el mismo colchón y jamás la incomodidad las arropó. Incluso, Yong Sun disfrutaba de esa clase de oportunidades. Lástima que se moría por descansar pegadas, muy cercanas.

- ¿Después del té? - Moon Byul mueve la cabeza y ella no dice nada más. Lo acepta sin abrir la boca.

- Deberías dejar de lado los lentes de contacto, todavía no entiendo por qué no te gustan los anteojos...

- Me veo fea.

La respuesta es simple y rápida. Enseguida, se queda completamente callada y se pierde por el golpeteo de la lluvia caer. La boca del estómago le duele y, una vez más, no se siente capaz de querer a nadie. No se siente digna de volcar amor en alguien y que este sea recíproco. De tan solo recordar la caótica relación de sus padres cuando era una niña pequeña le eriza la piel de una manera casi difícil de soportar. No es igual a las demás chicas y, aunque diga que no le importa su apariencia, en el fondo, tampoco es lo suficientemente inteligente e interesante para que una persona realmente se fije en su personalidad y no solo en lo que pueda llegar a ofrecerle en la cama.

No es una cara bonita, menos un cuerpo espléndido, pero aprendió a complacer y que otros le dijeran contentos lo buena que es dando atención y placer. Lo buena que es para entender y resolver. En la soledad, se dio cuenta de muchas cosas. No tiene ningún talento. Únicamente resaltó por muy poco tiempo en la secundaria. Las primeras relaciones que tuvo fueron por internet por miedo a relacionarse frente a frente con un ser humano, y el hecho de no salir de casa los fines de semana como cualquier adolescente. En la tristeza, llegó a dañar sus brazos con rasguños histéricos en el baño de casa de su abuela al no ser el orgullo de su madre siendo única hija. En su miedo por engordar y no ser bonita, supo que jamás sería alguien hegemónico. En su depresión, comprendió que viviría sola hasta el último día de su vida porque nunca pudo salir de lo marginal. En su noche fría y silenciosa, el humo del cigarro es su única compañía y el líquido rojo su motor.

En su desesperanza, el rostro de Moon Byul aparece y las ganas de llorar aumentan por el temor a no ser suficiente de nuevo.

Los dedos tímidos acarician con lentitud los mechones negros fuera de lugar acomodándolos por detrás de sus orejas. El beso en la frente provoca en ella una sonrisa a medias. La tristeza se nota. Moon Byul desea quitársela y olvidar el reloj y los aparatos electrónicos.

- Aunque a veces me odies, ahora quiero que olvides esa parte de mí... - los anteojos son retirados y la hornalla apagada. Cuando las manos toman su cintura y sus propias piernas envuelven la ajena, el dolor de a poco se va. Se abrazan y la más baja rompe en llanto. Moon Byul es capaz de oír el corazón desesperado. Yong Sun no ha dejado de sufrir, incluso después de haber decidido alejarse de su abuela y su madre, de aquella casa llena de recuerdos, la de su infancia, la de su miserable adolescencia. No ve salida y lo siente, percibe en su mirada que el interés y las ganas no regresaron. Sabe que no puede más sola, que está cansada y su sonrisa es falsa. Que no está feliz y, probablemente, deteste estar enamorada de alguien tan autodestructivo y cambiante como ella.

¿Cuántas veces la habrá odiado por ser intolerante y sarcástica? ¿Cuántas veces habrá pensado que no le importa su salud y lo que siente? ¿Cuántas veces se calló para no hacerla sentir mal? ¿Cuántas veces se habrá quedado esperando un gesto de cariño viniendo de ella?

- Me duele estar sintiendo deseo y amor por ti... - su voz sobre su oído borra el rostro del hombre frágil y desesperado por obtener su alma.

- No reprimas lo que sientes, no soy nadie para decirte que no sientas, Yong Sun... tócame y mírame, estoy igual de rota que tú... podemos juntas, Yong... - finalmente el beso aterriza. Se besan desesperadamente tomándose con fuerza. Ya no hay rastro de lágrimas o palabras pidiendo alguna explicación, implorando perdón, solo son dos jóvenes perdidas desnudándose y entregándole una a la otra. - Ámame, eres libre de amar, gusta de mí, dime que estoy en tus pensamientos, que existe un "nosotras", Yong Sun... - apenas habla, es incapaz de respirar, regresa con insistencia a los labios necesitados.

- Te amo, Byul... - con eso, Moon Byul engancha su mano con la suya y la vergüenza no aparece.

- Lo hago mucho más, déjame ganarte otra vez... - desde siempre, no ha perdido ninguna batalla contra ella, pero sabe que el fracaso llega al sentir la lengua envolverse en su carne húmeda. Acostada encima del colchón, sus mejillas se calientan y la respiración se vuelve pesada. Tiene los ojos entreabiertos, y el corazón latiendo a mil por hora. Sus manos se aferran desesperadas a los mechones rojos mientras un dedo ingresa despacio en su interior. Está mojada e hirviendo. No se anima a ver los ojos brillosos. El vaivén comienza y su boca se seca lentamente a medida que jadea. Después de mucho tiempo, está contenta, pero ¿y si todo termina saliendo mal?

El recorrido de besos empieza por la extensión de sus muslos hasta alcanzar el camino de sus pechos. Mientras vuelve a percibir la lengua ansiosa, sus dedos se enredan en el cabello largo. Toca su rostro cuando sus miradas se encuentran. Es real. Cada cosa lo es. Moon Byul hace lo mismo. Su yema viaja por toda su cara llegando finalmente a la boca perfecta, tira apenas un poco de ella para después moderla con suavidad. Una vez más, la mirada de Yong Sun decae.

- ¿Qué pasa? - la chica niega. - Yong...

- No quiero que me dejes sola, eso es todo... opino que vales mucho como para involucrarte con un hombre que... que te trata mal.

- También lo trato mal, Yong Sun, es recíproco, no puedo dejarlo, siento si...

- Necesito fumar.

- No lo necesitas.

- Es mi vida, sé lo que hago.

- Te vas a quedar aquí, no te voy a dejar pasar, Yong Sun. Pégame o grita, pero no voy a permitir que te sigas haciendo daño.

- Tú me haces daño, Moon Byul. Y eso es lo que más duele.

- Solo lo dices porque te enojaste...

- Estoy decepcionada, son... cosas diferentes.

Besa una de sus mejillas.

- Tengo miedo... - confiesa. - Me moriría si... te lastimo más de la cuenta, Yong Sun. No puedo ofrecerte una relación, soy...

- Por más que me lastimes, siempre voy a estar para ti. Voy a pensar en ti y amarte a mi manera. Estoy enamorada y decepcionada, Moon Byul.

- Yong...

- Shh, está bien.

[...]

Vicious Circle [moonsun]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora