El aire dentro de las ruinas era un peso tangible, húmedo y frío, saturado de una magia tan antigua que parecía impregnar cada respiración. La sensación de encierro era casi insoportable, como si las paredes mismas respiraran junto al grupo, exhalando un aliento helado que calaba hasta los huesos. Las sombras no eran simples ausencias de luz; tenían una textura, una presencia casi física que se adhería a la piel y serpenteaba por los bordes de la visión. Las antorchas que llevaban los miembros del grupo luchaban por mantenerse encendidas, su luz parpadeaba débilmente, incapaz de penetrar más allá de unos pocos metros en la opresiva penumbra.
Cada paso resonaba en un eco interminable que se multiplicaba hasta parecer que cientos de pies marchaban en sincronía con ellos. Las runas en las paredes de piedra, desgastadas por los siglos, brillaban de manera intermitente con una luz tenue que pulsaba como el latido de un corazón moribundo. El tiempo parecía desvanecerse en ese lugar; no había forma de saber cuánto habían avanzado o si las paredes habían comenzado a cambiar de posición. Los corredores se retorcían y bifurcaban en ángulos extraños, dando la impresión de que las ruinas mismas estaban vivas y jugueteaban con los sentidos del grupo.
Arkan lideraba la marcha, su figura alta y firme recortada contra la penumbra. La Esfera del Crepúsculo, oculta bajo los pliegues de su túnica, vibraba con un ritmo persistente, sincronizándose con la energía mágica que saturaba el lugar. A medida que avanzaba, podía sentir una conexión casi visceral con el entorno; como si algo, o alguien, intentara guiarlo más profundamente hacia el corazón del misterio. El Ojo del Eón en su frente brillaba suavemente, un resplandor que iluminaba las runas en las paredes cercanas, haciéndolas titilar como si respondieran a su presencia.
Cada paso que daba lo llevaba más profundo en el corazón de las ruinas, pero también lo acercaba más al peligro que sabía que les esperaba. Podía sentirlo en el aire, en la forma en que las sombras parecían moverse fuera del alcance de su visión. El aire se cargaba de una tensión casi eléctrica, como si el lugar estuviera acumulando fuerza antes de desatar algo terrible. No era paranoia; las ruinas estaban vivas, y no los querían allí.
Detrás de él, Zelyra caminaba con cautela, su luz dorada proyectaba un brillo cálido que parecía desafiar la opresiva penumbra del lugar. Sin embargo, esa luz, que normalmente era un faro de esperanza y fuerza, parpadeaba de manera irregular aquí, como si estuviera luchando contra la influencia de las sombras. El constante parpadeo hacía que sus rasgos adquirieran un aire de fragilidad, como si incluso su conexión con la Luz Eterna pudiera quebrarse bajo la presión de las ruinas. Cada paso que daba le costaba un esfuerzo consciente, no solo físico, sino también mágico. Podía sentir la resistencia de las ruinas, una presión invisible que intentaba desgastar su conexión con la Luz Eterna.
Tarkos caminaba junto a ella, sosteniendo la Esfera de la Realidad con ambas manos. Su luz era débil, apenas un destello, como si la magia del lugar estuviera drenando su energía. Había una tensión evidente en sus movimientos, como si el artefacto que llevaba estuviera luchando por mantenerse activo en ese ambiente hostil. Miraba las runas en las paredes con una mezcla de fascinación y temor. Había algo hipnótico en la forma en que brillaban, en cómo sus patrones parecían cambiar y moverse, formando figuras que casi podía entender, pero que se desvanecían antes de que pudiera captarlas por completo. Esa sensación de comprender algo profundamente importante, solo para perderlo un instante después, comenzaba a afectar su mente.
El grupo avanzaba en silencio, con los sentidos en alerta. Las respiraciones eran lentas y controladas, como si cualquier ruido pudiera romper el equilibrio precario que mantenía a las sombras en sus límites. El aire estaba cargado de una electricidad estática que hacía que los pelos de la nuca se les erizaran. Las sombras que se movían en los bordes de su visión se volvían más audaces, deslizándose más cerca de sus pies, extendiéndose hacia ellos como tentáculos invisibles.
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Sombras y Esferas
FantasiEn un mundo donde las sombras y la luz luchan por mantener el equilibrio, Sombras y Esferas nos sumerge en un viaje fascinante por Syltharion, el bosque viviente, donde cada árbol guarda un secreto y cada sombra susurra un peligro olvidado. Arkan Th...