𝘌𝘔𝘗𝘌𝘙𝘈𝘋𝘖𝘙 𝘎𝘌𝘛𝘈
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Hanno entra a la celda que adecúe para Annesha, dónde se suponía, nadie más que yo podía acceder. Inhalo profundo, percibiendo el gran nudo que se ha formado en mi estómago. Los observo, atento a sus gestos y movimientos.
Las pupilas de Annesha brillan como si tuviera frente a ella decenas de lingotes de oro. Se levanta y se acerca a su amigo, sus temblorosas manos se unen a la altura de los omóplatos de Hanno mientras recarga su mejilla izquierda sobre el prominente pecho del gladiador.
La sangre de mis venas se transforma en magma en el momento en que Hanno acuna el rostro de mi preciosa mujer, sus miradas se encuentran y segundos después, los labios del hombre terminan en la frente de Annesha. Mis dientes emiten un rechinido a causa de la fuerza que estoy empleando en mi mandíbula.
La incomodidad se apodera de mi ser y en silencio abandono la celda, primero cierro la rejilla y después la puerta de acero.
—Vayan a descansar, yo me encargo —los guardias se miran entre sí ante mi extraña petición.
—¿Está seguro?, podemos quedarnos para vigilar —dice Alair, mi hombre más fiel.
—¡Que se larguen! —exclamo con frustración.
Dan media vuelta y se pierden entre el pasillo, mi respiración pesada se refleja en mi pecho, el cuál sube y baja sin ningún control. Agacho la cabeza y cierro los ojos, sin mucho esfuerzo recuerdo la manera en que Annesha lo miró, y no puedo evitar sentir envidia por aquel gladiador.
Tomo las llaves y ubico la de color plateado, miro hacia todos lados asegurándome de que nadie me vea. Me agacho y camino por el estrecho pasadizo hasta encontrar la puerta oculta en la parte trasera de la celda. Cuidando no hacer ruido introduzco la llave en el cerrojo, sonrío al abrir la pequeña puerta y sin dudarlo entro al lugar.
Esta, no es la primera vez que entro a este sitio, pues lo he hecho durante toda la estadía de Annesha. No importa si es de mañana, tarde o noche. Observarla, se ha convertido en mi pasatiempo favorito.
Hanno está en cuclillas frente a Annesha, sosteniendo sus manos y dedicándole una enorme sonrisa de oreja a oreja. Annesha le sonríe también, mostrando sus perfectos dientes y ocasionando que lindos sus hoyuelos aparezcan en sus mejillas.
—No puedo creer que hayas hecho todo eso —dice Annesha después de dejar de sonreír.
—Haría mucho más que eso, Annesha —utiliza sus pulgares para acariciar el dorso de sus manos. —Me enfrentaré a todo por ti, no importa que tan peligroso sea —
Mi corazón se vuelca en el momento en que Hanno vuelve a acunar el rostro de mi mujer, la mira de la misma manera en que lo hizo minutos antes, sin embargo, ahora no besa su frente, sino sus labios. Annesha no parece poner resistencia y continúa con el beso. Llevo mi dedo pulgar a mi boca y comienzo a mordisquear mi uña con desesperación. Annesha pone sus manos sobre el pecho de Hanno y lo aleja.
—Esto no está bien, Hanno, Arishat era tu mujer —
Hanno recarga una rodilla en el piso, toca el tabique de su nariz con su índice y pulgar, y suelta un suspiro.
—Lo sé, Annesha, es lo mismo que pienso cuando sin ningún esfuerzo apareces en mi cabeza —Annesha se levanta y cruza sus brazos, su expresión es de mucha confusión. —No pude evitar que este sentimiento siguiera creciendo, es muy tarde ya —
Hanno se para frente a ella, toma su mentón y levanta su cabeza, obligándola a mirarlo.
—No sé lo que va a pasar en unos años, ni siquiera sé lo que pasará mañana, de lo único que estoy seguro es que quiero estar contigo, encontrar el sueño de Roma junto a ti... eso es lo que quiero —
—Sería traicionar a Arishat, querías cumplir todo eso junto a ella —un par de lágrimas resbalan por sus mejillas.
—Lo sé, suena tan absurdo todo lo que te estoy diciendo, pero cuando Macrinus me entregue la cabeza de Acacius y todo haya terminado, quiero que estés ahí, a mi lado —
Annesha da un par de pasos hacia adelante rompiendo con la distancia que los separa, levanta sus manos para después enredar sus delgados brazos en el musculoso cuerpo de Hanno. Furioso, doy media vuelta y regreso por el pasillo, tomo el camino que me lleva hasta mi dormitorio y al entrar cierro la puerta con fuerza.
Arranco las cortinas y lanzo al suelo todo lo que se cruza en mi camino, los ojos me pican y enseguida mi llanto se desborda. Nunca voy a saber lo que pasó después de ese abrazo, quizás solo fue una muestra de cariño, o quizás, Hanno está haciendo suya a la mujer que elegí sólo para mí.
⚜︎
Apenas amaneció, Hanno fue llevado de regreso a la cárcel. Hoy no he visto a Annesha, ni por la mañana, ni por la tarde. La noche ha llegado en un abrir y cerrar de ojos, me han avisado que la cena está lista, pero no tengo ánimos de salir de mi dormitorio. Al menos no para cenar. Tomo mi bata roja y salgo de mi habitación para ir con Annesha, la incertidumbre me está matando y necesito averiguar lo que pasó ayer por la noche.
Al cruzar la puerta me percato de que su bata azul está tirada en la alfombra, la misma que llevaba ayer. Annesha está acostada boca abajo, su sedoso cabello se distribuye sobre las delicadas sábanas blancas, al igual que su cuerpo desnudo. Mi ritmo cardíaco aumenta considerablemente, me acerco y me siento justo a su lado. De inmediato me arrepiento de hacerlo, pues he interrumpido su sueño.
—Buenas noches, Annesha —se incorpora y cubre sus pechos, como si no los hubiera visto antes. Talla sus ojos y lleva su cabello detrás de sus orejas. —¿Qué tal la pasaste anoche?, ¿te gustó la visita? —intento reprimir mis celos.
—Bien —su voz no es tan aguda como de costumbre.
—Gracias por traerlo —
—Tengo palabra —asiente con la cabeza. —¿Por qué estás desnuda? —necesito saber lo que ocurrió, ahora mismo.
—Hace calor —río.
—El interés de Hanno y tu reacción al verlo, me dicen que ustedes tienen historia —su ceño se frunce.
—Él estaba con Arishat, mi hermana —responde con voz temblorosa, me levanto y me acerco a la puerta.
—¿Y no le molesta ver a su hermana junto a quién solía ser su novio? —su mirada se llena de odio, sonríe y niega con la cabeza.
—No le puedo preguntar, ella murió cuando tú y tu desquiciado hermano enviaron sus tropas a Numidia —su mentón tiembla al igual que sus aletas nasales.
—Esa decisión no la tomé yo, sino Caracalla —ríe y al mismo tiempo se acerca, quedando a escasos centímetros de distancia.
—No te creo nada —la tomo de los hombros.
—Te lo juro, Annesha —
—¿Y por qué no hiciste nada para detenerlo?, ¿tienes idea de cuántas personas murieron? —
—No, pero lo imagino, intenté detenerlo, pero Caracalla siempre actúa por su cuenta —quiero que me crea, necesito que lo haga.
—¡Lárgate! —
—¡No, no me iré!, ¡necesito que lo entiendas!, ¡no soy lo que crees que soy! —
—¡Tienes razón, eres mucho peor!, ¡Lár- ga- te! —muerdo el interior de mi mejilla y limpio mis lágrimas, sus palabras fueron pequeños cristales que lograron incrustarse en mi órgano vital, doy media vuelta pero antes de salir volteo a su dirección.
—¿Alguna vez te has enamorado, Annesha? —su ceño se frunce. —¿Alguna vez has deseado ser una mejor persona por alguien más? —Annesha grita y luego comienza a sollozar, cierro la puerta y me recargo en ella.
Jamás me ha gustado que las personas me miren como si fuera un monstruo. Ni que me perciban como un engendro sin corazón. Por muchos años lo he soportado, sin embargo, el hecho de que Annesha me aborrezca, duele, en lo más profundo de mi ser.
Quiero cambiar, quiero ser otra persona, y sé que solo pasará cuando decida enfrentar a mi hermano, aunque eso signifique, atentar contra mi propia vida.
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ᴺᵒ ᵒˡᵛⁱᵈᵉˢ ᵈᵉʲᵃʳᵐᵉ ᵘⁿᵃ ᵉˢᵗʳᵉˡˡⁱᵗᵃ
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𝘓𝘈 𝘊𝘌𝘓𝘋𝘈 𝘌𝘚𝘊𝘈𝘙𝘓𝘈𝘛𝘈
Fanfiction«El Emperador Geta jamás imaginó que hubiese algo más tentador que poder gobernar el imperio de Roma. Y Lucio, nunca creyó que gozaría de ser esclavo de las fantasías que se escondían en lo más profundo de su ser.»
