𝘐𝘝

1.9K 200 17
                                        

𝘏𝘈𝘕𝘕𝘖
═════════ ⚜︎ ═════════

El dolor nos transforma. Nos convierte en personas que jamás creímos llegar a ser, muy diferentes a lo que se formaba en nuestra cabeza cuando nos preguntaban lo que queríamos ser de grandes. De pequeño sólo me importaba correr por las colinas y subir a lo más alto de los árboles, me hacia sentir libre, igual que las aves que viajan de un lado a otro sin ninguna preocupación.

Perdí esa libertad, perdí mis sueños y mis planes desaparecieron, convirtiéndose en un recuerdo que siempre me va a doler. He visto morir a muchas personas, entre ellas, a mis seres queridos. Es tan difícil observar como el brillo de sus ojos se va apagando poco a poco. Es tan horrible presenciar como su corazón se detiene. Y sobretodo aceptar que sus sueños jamás se van a cumplir, igual que los míos.

Me he convertido en un esclavo que pelea para satisfacer a personas sin escrúpulos, y he tenido que asesinar para sobrevivir, pues solo uno puede salir invicto. He sido el culpable de que mucha sangre termine derramada, sin embargo, todas esas victorias me  acercan cada vez más a mi propósito.

En el momento en que mis heridas son cubiertas por el agua tibia emito un quejido prolongado, el ardor poco a poco desaparece y mis músculos comienzan a relajarse, recargo mi cabeza en la pared, cierro los ojos y de inmediato los recuerdos se abalanzan sobre mí.

Los ojos azules de Arishat inundan mi mente como el agua salada de los océanos llena los espacios entre continentes. Sus besos y sus caricias siguen erizando mi piel de la misma manera en que lo hicieron el primer día. Un par de lágrimas resbalan por mis mejillas y caen en el agua templada, diluyéndose, pienso que sería mucho mejor que el dolor se dispersara del mismo modo. Sin ocasionar tantos desastres.

De pronto, otros ojos se adueñan de mis pensamientos, el color de aquellos iris es igual de bonito que el anterior, solo que estos no se asemejan al color del cielo, sino al de las hojas verdes de los árboles en plena primavera... Annesha.

Físicamente es muy distinta a su hermana mayor, sin embargo, compartían la pasión por el arco y la capacidad de actuar con fuerza y firmeza ante el miedo e inquietud. Me pregunto dónde estará, si ya comió, si está bien, o si pensará tanto en mí como yo en ella.

Toda aquella telaraña de emociones se desvanece en cuánto escucho unos pasos, dirijo mi mirada a la puerta y mi mirada se cruza con la de Macrinus. Con pasos firmes se acerca y deja sobre el borde dos denarios.

—Peleaste bien hoy, pero tuviste suerte —me incorporo para así escucharlo mejor.
—Los versos que recitaste, no los aprendiste en África eso lo sé —bajo la mirada mientras pienso mi respuesta por un par de segundos.

—Un buen verso cruza el mundo —

—¿Quién te enseñó poesía? —

—Un oficial rumano capturado, cuando me tocaba vigilarlo a veces contaba historias para pasar el tiempo —entrecierra los ojos, incrédulo ante mis palabras.

—¿Y qué le pasó a ese prisionero? —

—Nos lo comimos, como bárbaros que somos —ambos reímos, yo con más ganas.

—Como bárbaros que son... dime, ¿dónde naciste? —

—¿Y por qué importa mi pasado si mi futuro es morir para ti en la arena? —pregunto con firmeza, Macrinus no responde así que para romper con el silencio incómodo empiezo a jugar con los denarios, haciéndolos sonar —Dime, ¿qué haz soportado por dinero rumano? —

𝘓𝘈 𝘊𝘌𝘓𝘋𝘈 𝘌𝘚𝘊𝘈𝘙𝘓𝘈𝘛𝘈 Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora