Estar lesionada no me gusta una mierda.
Cuando soy más yo es cuando tengo un balón a los pies o estoy con los míos y ahora; ni una cosa ni la otra.
Odio sentirme fuera y no poder ayudar.
"¿Pero qué te pasa?" Me preguntó Laia, la nueva psicóloga del equipo.
La historia de Laia era curiosa cuanto menos, al punto de tener incluso pinceladas de oscuridad.
Laia ya era de la casa, y lo llevaba siendo al menos tres años como psicóloga encargada de la sección masculina de alto nivel del club; así como del equipo B de esa sección.
Con los del primer equipo todo le había ido sobre ruedas, fue el segundo el que truncó las cosas. No quiso entrar mucho en detalles cuando nos lo explicó pero digamos que no todo es luz cuando un jugador se obsesiona contigo.
"Son muchas cosas las que tengo en la cabeza Laia" dije sin dejar de pedalear a un ritmo suave.
"Pues haces una lista y me la cuentas, me has sacado de la comodidad de mi despacho; ahora no me dejes en ascuas." Pidió mientras se sentaba en un cajón de madera y adoptaba la posición de un indio, con su libreta lista para hacer anotaciones.
"Para empezar mi cabeza no puede dejar de irse a la época de la rodilla con esta lesión, luego que no paran de llegarme correos para entrevistas en relación al tema documental y mi novia."
"Vale, vamos a desglosarlo todo y a ir por partes. ¿Por cuál quieres empezar?"
"No lo sé" contesté sincera.
"Pues decido yo. La lesión; he leído el informe de los fisios y el médico, es una lesión si pero no es de alto impacto. Está más bien causada por un sobre esfuerzo y un ritmo alto de trabajo; nada que no veamos aquí día a día. Te han apartado temporalmente en medidas de prevención; no es nada siquiera cercano a tu rodilla." Dijo dejando la libreta al lado "En cuanto al documental, es normal que tengáis propuestas de entrevistas pero por suerte tienes a uno de los mejores manager y publicitas de todo el sector que te conoce como a la palma de su mano y por último ¿Tú desde cuando tienes novia? Que yo no sé nada de esto."
"Eso te pasa por cogerte vacaciones y no estar aquí" dije mientras subía un poco la resistencia pero bajaba el ritmo "Sabes, no eres una psicóloga convencional eh."
"¿Y lo que os mola que?" Dijo divertida mientras me miraba "Tengo poco más o menos vuestra edad, si me pongo con un diván y una libretita perdería mi esencia y lo cierto es que creo que así estáis más cómodas."
"Algo de eso hay si." Admití.
La primera vez que vi a Laia la confundí con una jugadora recién llegada al B; a fin de cuentas tiene tan solo 25 años y una energía envidiable. En mi primera consulta me dejó loca, yo esperaba una silla y una charla y acabé en una esterilla de yoga y una pelota de pilates entre las piernas.
Era psicóloga deportiva si, pero nos había dicho que la viéramos más como amiga que como profesional de la salud mental; y si, ayudaba verla así.
"Si ya lo se, soy así de buena" dijo quitándole hierro al asunto mientras se quitaba el polvo inexistente de los hombros de forma cómica "Ahora cuéntame de tu novia. ¿Cómo se llama? ¿Cómo os conocisteis? ¿A qué se dedica? Todo."
"¿Esto va en carácter profesional o es la amiga cotilla que eres?"
"Un poco de ambas, pero habla."
"Su nombre es Laura, tiene 26 años y nos conocimos aquí de hecho. En un simulacro de incendio."
"¿Trabaja aquí?" Preguntó Laia.
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Espurna - Alexia Putellas
أدب الهواةA veces solo se necesita un instante; una chispa, para encender todo tu mundo.
