No se cuanto tiempo pasamos allí porque cualquier cantidad de tiempo a su lado siempre sería corta.
Hablábamos de todo y nada, los temas de conversación salían con la misma facilidad que los besos y las caricias profesadas hacia la otra.
Seguíamos sentadas una frente a la otra, sus manos sobre mis caderas mientras las mías acariciaban sus mejillas como mis labios estaban haciendo con su mandíbula.
Era un momento tan sencillo pero a la vez tan único que era perfecto; completamente perfecto porque solo estábamos ella y yo disfrutando de la otra en medio de la paz de la montaña.
"¿Estás aquí cariño?" Preguntó mientras sus labios acariciaban mi mejilla.
"Estaba pensando" contesté suavemente antes de dejar un beso en su nariz "En lo bien que estoy y en lo perfecto que este momento."
"Tú eres quien lo hace perfecto." Dijo sobre mis labios antes de cerrar el espacio que nos separaba.
Apoyé mi cabeza sobre su pecho, prestando atención al rítmico latido de su corazón así como dejándome envolver por su calmante olor.
Me sentía tan protegida a su lado; sabía que si pasaba algo ella haría lo imposible para protegerme, está en su naturaleza y me lo ha demostrado.
"¿Quieres que comamos en casa o compramos algo por aquí y lo hacemos en casa de mi abuela?" Preguntó.
"Lo que tú prefieras la verdad."
"Podemos comprar un poco de pollo o de pavo en la carnicería del pueblo y hacerlo a la brasa. La lechuga, tomate y demás podemos cogerlo del huerto que hay en un lateral de la casa."
"¿Huerto?"
"Si, cultivar verduras era una de las pasiones de mi abuela. Uno de los pocos rasgos que no perdió cuando la enfermedad se hizo dueña de ella." Me explicó mientras entrelazaba mis manos con las suyas "Ahora quien sea que venga a la casa le hecha un vistazo y hace lo que crea necesario; y sino el vecino se enfrente se encarga de regarlo."
"Es muy amable por su parte."
"Lo es, y se lo agradeceremos siempre. Ahora amor, ¿te apetece el plan?"
"Cualquier plan contigo siempre me apetece." Contesté sincera antes de dejar un beso rápido en sus labios "Pero cocino yo."
"Nena.."
"'Nena' nada mi amor; me has traído a vivir esta experiencia contigo, me has dejado entrar en uno de tus hobbies y lo que menos que puedo hacer yo ahora es cuidarte como tú me cuidas a mi" contesté "Además, que se que no vas a dejar a tu bebé lleno de barro" añadí antes de guiñarle uno ojo divertida.
"Eso puede esperar cielo..."
"Tú y yo sabemos que no mi amor, te gusta tenerlo todo limpio" dije tras dejarle un beso en los labios "Tu dime dónde está todo y yo me apaño, soy la única que le hacía caso a mi madre cuando nos enseñaba a cocinar."
"Pobre Alba, le deben estar pintando los oídos."
"Está acostumbrada ya."
Tras unos cuantos besos más nos volvimos a poner los cascos y pusimos camino hacia el pueblo, parando en la carnicería donde compramos cuatro muslos de pollo y nos hicimos una foto con la carnicera.
Parece ser que las nietas de María, Jana y Laura, eran una celebridad en el pueblo; y lo cierto es que a mí también me reconoció.
Algo de 'tú eres la rubia de la que tanto hablaba Janeta de pequeñita' a lo que Laura asentía.
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Espurna - Alexia Putellas
FanfictionA veces solo se necesita un instante; una chispa, para encender todo tu mundo.
