Laura V
Nunca pensé que algo me pusiera más nerviosa que un incendio activo en un edificio de tres plantas. Pero ahí estaba yo, frente a un espejo pequeño colgado en la furgoneta que usamos como camerino improvisado, ajustándome un vestido blanco —sin mangas, porque me sentía más yo así— con las manos temblando como si sostuvieran una manguera bajo presión.
Escuchaba las risas de las chicas a lo lejos, música de fondo, y el mar. Ese mar que ella ama, que yo aprendí a querer por ella. Me pregunté si Alexia ya habría llegado. Si se habría puesto nerviosa. Si habría rehecho los votos tres veces como yo.
Respiré hondo. En mi casco alguna vez escribí: "No corro hacia el fuego, corro por quienes amo". Hoy no había fuego, pero sí una mujer al final del pasillo de arena que ardía más que cualquier incendio que hubiera visto en mi vida.
Caminé hacia el altar con las botas cambiadas por pies descalzos. La arena me hacía sentir presente, viva. A mi lado, Danielle guiñó un ojo mientras me sostenía el velo. Mapi hizo un gesto de puño en alto desde la primera fila, y Patri me susurró: "Estás preciosa, bombera valiente".
Y ahí estaba ella.
Alexia. Vestida de marfil, el pelo suelto, sonrisa de gol en el minuto 90. Nos miramos. Y entonces el mundo se calló.
No oí el mar, ni los pasos, ni la música suave que sonaba detrás. Solo a ella.
En el altar, Jana nos miró a ambas como quien sabe un secreto que no hace falta decir. Empezó con una frase que me tocó directo al pecho:
"El amor también es coraje. Y aquí no falta ni del uno ni del otro."
Me tocó hablar primero. Apreté los anillos en la mano y solté el aire que llevaba horas guardando.
"He corrido escaleras llenas de humo, he sentido techos crujir sobre mi cabeza, pero nunca había tenido tanto miedo como el día que me di cuenta que estaba enamorada de ti. Porque tú eres fuego también, Alexia. Fuego que da vida, que no quema, que alumbra. Y yo solo quiero pasar el resto de mis días intentando no apagarlo, sino arder contigo.
Ella se rió un poco, los ojos ya brillantes. Luego, con esa seguridad de capitana, me respondió:
"Tú eres calma. Eres quien entra en el caos sin perder la mirada. Y si algún día me caigo —y sabes que soy de caer mucho—, quiero que seas tú quien me levante. No por ser fuerte, sino porque sabes cuándo apretar y cuándo soltar. Como en el amor. Como en el fútbol. Como tú."
Nos pusimos los anillos entre aplausos. Las chicas empezaron a corear un cántico improvisado: "¡Que se besen, que se besen!". Mapi lideraba el escándalo. Lo hicimos. Nos besamos riendo, con la sal del mar pegada en los labios, con el corazón en llamas, con el alma ya un poco más completa.
No hubo grandes fuegos artificiales. Pero en mi pecho, te juro, había una explosión de felicidad tan intensa como cualquier incendio de verdad.
Y yo, bombera, mujer, compañera, pensé:
"Si esto es el fuego, que arda para siempre."
Alexia Pv
No era un estadio. No había gradas, ni himnos, ni focos encendidos. Pero mi corazón latía como antes de una final de Champions.
Nos bajamos del coche con gorras, gafas oscuras, y una de esas sudaderas anchas que me prestó Laura, como si el mundo fuera a detenerse si alguien nos reconocía entrando a una clínica de fertilidad en las afueras de Barcelona.
Ella iba seria. No nerviosa, pero en modo "bombera": concentrada, firme. Cuando se pone así, no hay derrumbe que la mueva. Me tomó la mano justo antes de cruzar la puerta, y susurró:
ESTÁS LEYENDO
Espurna - Alexia Putellas
Fiksi PenggemarA veces solo se necesita un instante; una chispa, para encender todo tu mundo.
