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La mañana siguiente llegó acompañada de tormenta. La nieve golpeaba los ventanales y se atoraba en las orillas de la madera formando pequeñas montañas que Yuuji tuvo que quitar con sus manos para poder abrir la ventana de su habitación.
El frio se coló dentro como un recordatorio de donde estaba, como si el clima quisiese combinar con los dos habitantes de aquel lugar y mantener a Itadori atrapado ahí.
¿Por qué era eso, cierto? Estaba atrapado. Otra vez. Sin embargo, esta vez se sentía peor de alguna forma.
Era estúpido, pero a Yuuji le dolía.
Las palabras de la vampira se repetían una y otra vez, acompañadas de una imagen borrosa del cielo purpura sobre él.
"¿Qué haces, cachorro? Puedes enfermarte." Miró sobre su hombro a Suguru relajado sobre el pilar de la entrada de su habitación. A estas alturas, ni siquiera le molestaba la poca privacidad que ambos vampiros le otorgaban, casi siempre sobre él, como si no pudiesen evitarlo. "El desayuno está listo."
Parecía ligeramente sorprendido de encontrarlo despierto, pero no comentó más, en su lugar, esperó por su respuesta con aquella sonrisa cálida de la que Itadori dudaba hoy más que nunca.
"¿Nunca podré salir de la mansión? ¿Ni siquiera al pueblo humano?" preguntó ignorando ese cambio ligero en la expresión ajena.
"¿A qué viene eso?"
El dolor se convirtió en molestia rápidamente. ¿Por qué Yuuji tenía que estar explicándose otra vez? su vida como omega había sido un sinfín de explicaciones sobre su comportamiento, y ahora no parecía mejor.
Y esto era sobre su libertad, sobre Yuuji encerrado en aquel lugar.
Y ellos... ellos creían que tenían derecho sobre él, pero su marca ni siquiera se había quedado en su cuello e Itadori no les debía nada.
Nada. Se repitió. Una y otra vez, porque parte de esa molestia era consigo mismo, con su omega dolido por algo que Yuuji en realidad ya sabía: era un juguete. En realidad, una herramienta para ambos vampiros.
"¿Se supone que solo esté encerrado?"
El mayor sonrió para sí claramente divertido con la molestia que refulgía en la mirada del menor, y negó. "Puedes ir a donde gustes, Yuuji, no importa. Te encontraremos y te traeremos de regreso."
El viento movió su cabello y su piel blanca lucía aún más pálida de lo normal. Yuuji se acercó a él, molesto, conteniendo las ganas de gritar o de llorar, lo que fuese en realidad que le ayudara a despejar su mente y encontrar una respuesta a qué debía hacer ahora.
Suguru lucía bastante complacido por la forma en que le miraba, sonriendo cuando Yuuji evitó su toque. El nerviosismo surgió bajo su piel, recordándole sin querer las manos del otro jugar con esa parte de su anatomía la noche anterior.
Los suspiros, su propio cuerpo ardiendo.
Se alejó nuevamente, y ese comportamiento extraño arranco un suspiro del otro.
"¿Qué es lo que sucede, Yuuji?" y si el menor no estuviese tan perdido en la oleada de emociones sobre él, habría descifrado cierta preocupación en la voz tranquila del otro. "¿Tuviste un mal sueño?"
¿Él lo sabría? ¿Qué MeiMei le había dicho la verdad?
Negó torpemente y pasó al lado del mayor evitando todo contacto. Suguru lo dejó pasar, siguiéndolo hasta la cocina en silencio, contemplado a Yuuji como lo haría alguien con algún animal herido, inseguro de cuándo atacaría.
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Winter
FanfictionHuyendo de su destino como omega, Yuuji se encuentra a sí mismo presa de dos vampiros extraños y poco prudentes. Y aunque sus conocimientos sobre ellos son escasos, hay una verdad que se le repitió desde siempre en su manada: no se puede confiar en...
