Gina Dupain era una mujer que disfrutaba de la vida al máximo, no había rumbo, ni una ruta fijada, cualquier destino que le esperaba en su viaje era bienvenido. Es por eso que, para alguien como Gina, apreciaba cada momento pequeño que podía, los momentos con sus pokémons, los momentos tranquilos cuando estaba en la naturaleza o en alguna ciudad, las batallas y por supuesto, los momentos con su familia.
Las cosas no eran como antes, como cuando estaba junto a Rolland y su hijo, antes de que su pequeña familia se separara de manera abrupta. Las visitas a Rolland eran difíciles, su corazón siempre se apretaba con aroñanza al recordar esos los intentos y pocos pasos que había estado dispuesto a dar por ella para acoplarse a su estilo de vida, o más bien, a la vida con los pokémon.
No era que Rolland los odiara, no, sabía que su esposo los amaba, no habría estado dispuesto a dejar que Persian se acurrucara contra él o se apoyaría contra Blastoise y le daría palmadas en su caparazón así como hablaría con él cuando creía que Gina no estaba escuchando si no fuera así.
O preguntaría por los pokémon que ha visto o miraría con curiosidad a los nuevos integrantes como Krokodile y Reuniclus, que a pesar de tratar de mantenerlo oculto, Gina sabía que estaba ansioso por escucharla.
Rolland amaba a los pokémon, pero ambos fueron criados de formas tan distintas, separados por una barrera entre dos mundos distintos.
Pero Gina aún así lo amaba. A pesar de la ruptura en su familia, el distanciamiento entre su esposo y su hijo que hizo que su corazón doliera.
Las palabras hirientes que se dijeron ese día hizo que el corazón de Gina se rompiera en pedazos y la lastimo.
Nada fue lo mismo desde entonces. Gina había luchado con la culpa de haber roto a su familia, se había culpado a pesar de que Blastoise le aseguró que no fue así, así como el resto.
Pero ¿como no hacerlo? Munchlax había estado comiendo mucho, fue una señal de que iba a evolucionar, debió distinguirlo, tal vez de ser así, se habría llevado a Munchlax y dejarlo evolucionar en Alto Mare, tal vez así su familia habría estado unida y su nieta hubiera crecido con un abuelo y rodeada de Pokémon.
No fue su culpa, pero Gina lo sintió así.
Había fantaseado tanto que su nieta corriera alrededor del departamento, jugando con Blastoise, su compañero y el resto de sus pokémon, soñando que una de las oraciones de su nieta fuera ser entrenadora pokémon o coordinadora pokémon, ver sus ojos azules encenderse con determinación por una batalla como una chispa brillante. Verla empezar su viaje y estar junto a ella.
Gina había soñado tanto pero calló el secreto por tanto tiempo, habló de esto con Tom y Sabine, los tres acordaron no contarselo a Marinette hasta que tuviera la edad suficiente para entender.
Así que en su lugar vivió la realidad, viendo a su nieta crecer sin pokémon, sin vivir aventuras, sin experimentar la vida como Gina lo hizo.
Honestamente, el pasar de los años fue un poco abrumador para ella, siempre veía a Marinette como su pequeña hada, y tal vez fue debido a esto que nunca vio como ella crecía realmente.
Que curioso, tal vez ella misma tenía un poco la mentalidad de Rolland. A pesar de ajustarse mejor que él a la vida moderna, nunca se ajusto al hecho de ver a su nieta crecer y volverse la adolescente que era hora.
(Ahora comprende las miradas preocupadas de sus pokémon cuando fueron a buscar un regalo para su nieta, nunca se fijo en el tamaño de la camiseta, ni en la talla, ellos estaban más consiente que ella pero ella se las arregló para ignorarlo. Tal vez estaba en negación a pesar de estar plenamente conciente de su edad.)
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Brillant Sparkle: Side Stories
AventuraLos puntos de vista de Adrien y el resto a medida de que la partida de Marinette a Kalos se asienta en ellos. Fragmentos del pasado de cómo terminaron en esta situación refuerza su determinación por seguir avanzando.
