Los problemas regresaron

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26 de enero de 1537, Manisa.

Puerto del imperio otomano

La capa se ondeaba con el viento, sus cabellos rebeldes se movían ante las pequeñas brisas

— Amor, no te alejes — recordó el ex-principe mientras la agarraba de la cintura

Lo volteó a ver. Había cierta emoción en ella de volver a su hija, a su única hija viva

— Lo sé, este lugar nunca será de agrado para ningún Tudor — dijo viendo el caos del puerto y la pestilencia que emanaba

El ex-principe se rió, no por su comentario, sino porque recordó que su hija es una Tudor y es pilar de un imperio que siempre será el enemigo de Inglaterra.

— Vamos — ordenó para caminar y dirigirse al palacio

Palacio de Manisa.
Aposentos de la Haseki Hürrem Sultán

La pelirroja miraba el cielo, estaba nublado con nubes de cierto color negro

— Eso no es buena señal — susurró con cierto temor. Tocaron la puerta — Pase — ordenó para caminar hacia el diván

Afife camino hasta la Haseki para hacer una reverencia

— Su majestad, él sultán Süleyman la mandó a llamar — mencionó

Se levantó. — ¿Te dijo para que? — pregunto acomodando su vestido

— No sultana, solo me dijo que la esperaba

— ¿Dónde está?

— En el jardín, sultana

Caminaron a la salida, la Haseki miró una última vez el cielo para suspirar, rezando a Allah que nada pasara

En los aposentos de la sultana Ayşe Esin

La sultana tejía mientras él príncipe leía acostado en su regazo

— Tú abuelo de verdad que era un conquistador — la sultana lo miró prestándole atención — pero tú papá es aún más, logrando conquistar Egipto, algo que tú abuelo no pudo — aclaró

La sultana sonrió para besarlo, de verdad en tan poco tiempo lo había llegado a amar

Él príncipe sonrió para levantarse y jalar a la sultana para sentarla en su regazo para esconder su cara en su cuello oliendo su esencia

La sultana suspiró, lo agarro de la cara para besarlo esta vez con más intensidad, él príncipe la agarró de la cintura apretándola con suavidad pero un agarre firme

La sultana se separó para mirarlo a los ojos, esos ojos color café que la hacían sentir en una tranquilidad surreal, como si a su lado todo lo que quisiera lo podría llegar a lograr

Un amor sincero

Un amor real

— Te amo — soltó sin pensar

Él príncipe la miró sorprendido para sonreír, la beso de golpe con fuerza para poco a poco aumentar la intensidad. Se paró mientras cargaba a la sultana para acostarla en la cama sin separar su labios en ningún momento

La sultana sonrió para llevar sus manos a su pecho para quitarle la playera, él príncipe no se quedó atrás y desabrochó su vestido, quitando cada prenda de poco a poco

Se detuvo admirando el cuerpo de la sultana, para él, era perfecto

Blanca como la leche, suave como la seda y con unos ojos con un brillo tan singular que lo hacía sentir completo

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⏰ Última actualización: Mar 12, 2025 ⏰

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