Se habían conocido en secundaria, habían pasado ya casi siete años desde su primera interacción en la escuela. Habían pasado por muchos problemas, miedos e inseguridades, pero una de las dos siempre quería quedarse a pesar de que recibiera daño en el proceso
La tarde de ese domingo de octubre se pasaba perezosamente, ambas habían planeado una cita desde hacía meses; optaron por ir a dar una vuelta por la Ciudad de México
Tomaron el metro y se bajaron en la estación de Bellas Artes, al ser domingo, no había necesidad de pagar nada para entrar al palacio que le daba el nombre a la estación, sin embargo, si necesitaban formarse para mantener el orden social
Se pasearon por todo el museo, llendo de arriba a abajo, deteniéndose única y exclusivamente en pinturas que hicieran alusión a la época de la revolución; ambas tenían una extraña conección con aquella fase de la historia de su país, como si de un modo u otro, hubiesen estado ahí
Se detuvieron enfrente a una pintura hecha al óleo, que mostraba a un par de siluetas oscuras debajo de un enorme árbol, y rodeadas por un extenso campo de cempasúchitl. El lienzo no tenía escrito en ninguna parte el nombre de su autor
Había un sentimiento de nostalgia y tristeza en aquel cuadro, como si esas dos personas estuvieran apenas acostumbrándose a su nueva forma de vida
Evelyn abrazó a su novia por la espalda y recargó la cabeza en su hombro, Gabriela colocó las manos sobre las suyas y comenzó a acariciarlas lentamente. Aquella pintura las había hecho sentir muy vulnerables a la falta de la otra. Cuando sus miradas se encontraron, estaban los rasgos de la desesperación y la tristeza, provocadas por un no se que
No tenían ya ganas de seguir en el palacio
Al salir, Evelyn la tomó de la mano y la llevo al monumento a Juárez a un ritmo rápido, no fue hasta que llegaron que tomó su cara entre las manos y comenzó a besarla. No importo en ese momento los susurros ni las miradas de desaprobación que uno que otro transeúnte les dedicaba, ese momento era suyo, y nada ni nadie se lo iba a quitar
Gabriela la tomó de las muñecas y se separó un poco de ella, había algo de sorpresa en sus ojos y una chispa de felicidad, sabía que a su novia le daba pánico ser muy afectuosa en lugares con mucha gente, y eso era justo lo que estaba haciendo
Evelyn la miró confundida y enseguida el pánico remplazó todo lo demás
- ¿Fuí muy brusca? ¿Te lastimé? ¿Debo parar?
Gabriela la calló con un beso tranquilo
- No tengo ni idea de que estás haciendo, pero no quiero que te detengas
Evelyn se quedó pasmada un momento, luego sus rostro se iluminó y los ojos se le llenaron de lágrimas
- Por favor no me dejes nunca
- Sabes que jamás haría eso
Cerraron su promesa con otro beso
- Ya tenemos que ir a casa
- Solo un poco más
Se quedaron abrazadas media hora más, y después, con las manos entrelazadas volvieron a casa
De todas las formas posibles, y en todos los siglos habidos y por haber, siempre se elegirían
Una carta escrita en oro,
te mandé desde Celaya
Y otra más bien dirigida,
te mandé de Moroleón
Y en una tercera carta,
te mandé mi corazón
Para que sepas que te amo, chaparrita de mi amorSi quieres saber de mi
Ve a la casa del correo
Allí te dirán por mí
Que me fuí pa' GuanajuatoSí cariño me tuvieras
Me ofertaras tu retrato
Pa' ponerlo aquí en mi pecho
Juntito a mi corazónSi quieres saber de mi
Ve a la casa del correo
Allí te dirán por mí
Que me fuí pa' GuanajuatoSí cariño me tuvieras
Me ofertaras tu retrato
Pa' ponerlo aquí en mi pecho
Juntito a mi corazónA los angeles del cielo
les voy a mandar pedir
Una pluma de sus alas
para poderte escribir
En la carta que te escriba
te voy a mandar decir
Lo mucho que yo te quiero, chaparrita de mi amor

ESTÁS LEYENDO
El canto de la Adelita
Fiction HistoriqueEn tiempos de la Revolución Mexicana, numerosa cantidad de mujeres, tanto de la alta como de la baja sociedad, eran forzadas a tener matrimonios arreglados y familias numerosas para que la población lograse ir en aumento Las pocas que se rehusaban...