seis

182 18 15
                                        

Vaggie se despertó a la mañana siguiente en una cama vacía. Le tomó unos segundos recordar lo que pasó en la noche, y cuando lo hizo se levantó rápidamente y escaneó la habitación. Charlie no daba señales de estar en ningún lado.

—¿Charlie?— llamó levantándose y caminando hacia la puerta de su habitación. Hubo un sonido detrás de ella cuando abrió la puerta.

Se pausó un segundo y siguió el sonido acabando en frente de su armario, cautelosamente abrió la puerta y se encontró con Charlie, ampliando sus ojos cuando la vió.

—¿¡Qué estás haciendo!?— gritó cuando la encontró revisando su libro de dibujos —¿Por qué tienes esto?

—Lo encontré— ella dijo levantándose y sonriendo extensamente.

Vaggie frunció las cejas cuando vió las marcas de rotuladores en las manos de Charlie. Ella agarraba el cuaderno de dibujo muy fuerte.

—Es mío— Vaggie bufó. Caminó de vuelta a la habitación sentandose en el suelo e instantáneamente abriendo la primera página.

Su ira se volvió más fuerte cuando se dio cuenta que Charlie había cubierto cada uno de sus dibujos con garabatos sin sentido. Horas y horas de trabajo duro y ahora estaban arruinados.

—¿¡En qué estabas pensando!?— Vaggie gritó, levantándose y lanzando el cuaderno de dibujos, este pegó en la pared, esparciéndose los papeles alrededor de toda la habitación.

Charlie al instante se tapó las orejas.

—¿Sabes cuánto tiempo gasté en esto?— Vaggie continuó con los brazos cruzados y mirando a Charlie en la otra punta de la habitación.

—Son bonitos— Charlie asintió levantándose y recogiendo un papel de los que Vaggie había tirado.

—Eran bonitos, Charlie, hasta que los arruinaste— Vaggie espetó —Justo como las flores, ¿Qué te dije de mantenerte alejada de las cosas bonitas?

Charlie la miró inexpresivamente antes de caminar hacía Vaggie con un dibujo en la mano. Vaggie gruñó y apartó el dibujo de su cara.

Confusa, Charlie inclinó la cabeza.

—¿Vaggz?

—Ese no es mi nombre— la voz de Vaggie era enfadada —No quiero hablar contigo, vete de mi habitación— gruñó señalando la puerta.

Charlie dió un paso hacia atrás todavía con el dibujo en la mano.

—Yo... lo siento— miró a Vaggie suplicante.

—¡No me importa!— gritó agarrando a Charlie por los hombros y sacándola al pasillo —Déjame sola— dio un portazo en la cara de Charlie y se aseguró de que la puerta estuviese bien cerrada.

Esperó hasta que escuchó pisadas alejarse de su habitación antes de colapsar en su cama.

El cuaderno de dibujo era el tesoro más preciado de Vaggie. Nunca dejó que nadie lo tocase. Tenía que estar sola para abrirlo y dibujar en él.

Meses y meses de trabajo duro ahora a la basura. La castaña se sentó y observó los papeles esparcidos por el suelo. Tenía que haber sabido que pasaría esto cuando dejó a Charlie entrar a su cuarto.

Con un gesto de frustración se levantó y recogió cada hoja que había en el suelo, iba revisándolos, pero todos los dibujos estaban llenos de garabatos. Rezaba porque hubiese uno o dos impecables.

Obviamente no lo había, cada página tenía marcas de rotulador.

Un dibujo en particular captó su atención, sin embargo. El dibujo a medio acabar de las margaritas de ayer. Parecía como si Charlie hubiese intentado terminar, añadiendo flores encima de los tallos que Vaggie había dibujado con lápiz. Cerró sus ojos y suspiró, dejando los dibujos de vuelta en el cuaderno y guardándolo.

Yellow - ChaggieDonde viven las historias. Descúbrelo ahora