comenzar de nuevo

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En la secundaria Nuestra Señora de Lourdes, Fabiana Arnao tenía 13 años y era una estudiante como cualquier otra, en el sentido de que no sobresalía especialmente por ser la más aplicada ni la más desinteresada. No era una chica que pasara horas estudiando, pero tampoco era de las que se sentaban a esperar que todo se resolviera solo. Su actitud ante la escuela era más bien relajada, un poco distraída, pero siempre con una sonrisa en el rostro.

Su profesora favorita era Diana Cornejo, la de Lengua y Literatura. Diana no era de las que hacía todo demasiado fácil, pero sí tenía algo especial en su manera de enseñar: sabía cómo conectar con los estudiantes, cómo hacerlos sentir importantes, incluso cuando no estaban en su mejor momento académico. Y eso fue lo que comenzó a llamar la atención de Fabiana.

Desde el inicio del curso, Fabiana era la que, cuando Diana pedía que se leyera un capítulo del libro, se distraía fácilmente o se quedaba en las primeras páginas, sin mucho entusiasmo. Mientras sus compañeros más serios sacaban sus cuadernos y tomaban notas, Fabiana prefería hablar con sus amigas o mirar por la ventana. De hecho, era bastante conocida por hacer preguntas que dejaban claro que no había leído nada de lo que se había asignado.

Un día, mientras Diana explicaba un poema de Borges, Fabiana levantó la mano con una cara de confusión.

—Profesora, ¿y esto tiene sentido? O sea, no entiendo cómo un poema puede hablar de un laberinto y un espejo. ¿Qué tiene que ver eso con lo que estudiamos la semana pasada?

Un par de risas se escucharon entre los compañeros, pero Diana, con calma, la miró directamente.

—Fabiana, me gusta que preguntas. ¿Sabes qué? Muchas veces los poemas no tienen una respuesta simple, pero lo importante es pensar en lo que te hace sentir. Si no lo entiendes ahora, no pasa nada. A lo mejor, algún día esas palabras te van a resonar. Y si no lo hacen, siempre puedes hacer preguntas hasta que encuentres lo que buscas.

Fabiana la miró sorprendida. Nunca antes una profesora le había hablado de esa manera, como si su confusión fuera válida. Aunque no lo admitiera, algo se despertó dentro de ella. A partir de ese momento, Fabiana empezó a sentirse un poco más cómoda en las clases de Diana, aunque no se puso a estudiar de golpe. Pero lo que sí comenzó a hacer era involucrarse más en las charlas, aunque a su estilo.

Al principio, sus intervenciones seguían siendo un poco fuera de lugar. Un día, durante una clase sobre los temas recurrentes en la literatura latinoamericana, Fabiana levantó la mano con una idea un poco... inusual.

—Profesora, ¿no es raro que en todos los libros siempre haya alguien buscando algo o escapando de algo? Yo pensaba que la literatura era más divertida, como las películas de acción.

Todos se rieron, pero Diana, con su típica calma, la miró y dijo:

—Tienes razón, Fabiana. La literatura no siempre es como una película de acción, pero, ¿sabes? A veces las personas buscan algo más profundo, como un propósito, o están buscando entender algo dentro de ellos. La vida no siempre es como una película, a veces es más como un libro que nunca terminas de leer.

La respuesta de Diana dejó a Fabiana pensativa, aunque no era como si se pusiera a estudiar más. A lo largo de las semanas, Fabiana comenzó a llegar a clase con más interés, no porque le gustara más la literatura, sino porque la profesora Cornejo parecía tener una forma de hacerla sentir especial, como si su manera de ver las cosas fuera válida. A veces, Diana le pedía que le contara su opinión sobre algún autor o que le ayudara con alguna actividad de clase. Fabiana pensaba que no tenía ni idea de qué estaba hablando, pero aún así respondía, más por la simpatía que le inspiraba la profesora que por un verdadero deseo de aprender.

Un día, después de clase, Diana se acercó a ella, como siempre lo hacía con algunos de los estudiantes que no se destacaban tanto, pero que de alguna manera hacían que las clases fueran más interesantes.

—Fabiana, me encanta cómo has estado participando últimamente. A veces no es necesario que estudies todo al pie de la letra, pero el que preguntes y te intereses es lo que más valoro. Esa curiosidad tuya, aunque no siempre sigas las reglas, te hace única.

Fabiana, que no esperaba para nada esas palabras, sonrió, agradecida pero un poco avergonzada.

—Gracias, profesora... aunque la verdad, no soy de las que estudian mucho. Pero, no sé, su clase es diferente. Siempre hace que lo que dice tenga sentido,

Diana asintió, con una sonrisa cómplice.

—Esa es la magia de la literatura. No siempre hay que entenderlo todo de inmediato. Lo importante es que sigas buscando, sigas preguntando, y eso es lo que importa.

Desde ese momento, Fabiana empezó a sentirse más cercana a Diana, aunque no era la mejor estudiante ni la más aplicada. Lo que la hacía destacar era esa forma única que tenía de conectar con su profesora, la manera en que sus preguntas, a veces ingenuas, siempre encontraban una respuesta que la hacía sentir que había algo más detrás de los libros.

Y así, aunque Fabiana no pasaba horas estudiando ni leía todos los libros que le asignaban, siempre era la primera en levantar la mano para compartir una observación inesperada, algo que hacía que Diana la mirara con una sonrisa de complicidad. Y eso, de alguna manera, la hacía sentir como la "favorita", aunque sin ser la más aplicada.

Hola ya se que no tenia nd q ver con la última parte pero la vd es q preferí comenzar de nuevo Jskdjdj le cambie tdo y agradezcan a chatgpt q me ayudo mentalmente (mi celular se malogro por eso voy andar activa vvs)

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⏰ Última actualización: Jan 10, 2025 ⏰

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