ARTICULO 10.-

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Al día siguiente de la visita de Alexander, la oficina de Victoria despertó con una atmósfera diferente, cargada de algo que los empleados no podían precisar, pero que todos sentían al pasar por el pasillo. Un ramo de flores, en tonos suaves de lavanda y blanco, descansaba sobre su escritorio. Las flores parecían delicadamente elegidas, con la madera pulida del escritorio reflejando la luz natural que entraba por la ventana, creando un aura de serenidad que contrastaba con el ajetreo habitual de la firma. Nadie sabía con certeza quién había enviado las flores, pero era imposible no notar que la sorpresa se había convertido en el centro de atención de todos en la oficina.

A medida que los empleados pasaban cerca de la oficina de Victoria, las miradas curiosas se dirigían hacia el ramo, y enseguida comenzaron a susurrarse rumores entre sí. Algunos decían que era un detalle de algún cliente importante, algo que no sería fuera de lo común dado el alto perfil de la firma. Pero otros, más inclinados a las especulaciones, sugerían que tal vez el ramo había sido enviado por alguien más cercano, alguien con una conexión más personal.

—Yo apuesto a que es un regalo de Harry —murmuró Jessica, una de las asistentes más entusiastas—. Siempre tiene esos gestos tan detallados, como darle café todas las mañanas. ¿No lo has notado? Y Victoria no parece sorprendida por las flores, lo que significa que ya lo sabía.

—¿Harry? —dijo Tom, quien se encontraba cerca, levantando una ceja—. Pero Harry nunca haría algo así. Él es mucho más... reservado. No se le ve en ese plan. ¿Seguro que no son de algún cliente nuevo?

—No, no —insistió Jessica, mirando la tarjeta con atención—. Si te fijas bien, la letra es muy parecida a la de Harry. Es él, lo sé.

A lo lejos, Carla, que estaba en su escritorio, se unió a la conversación, lanzando una sonrisa traviesa.

—Pues sí es él —comentó, con una mirada cómplice—. Me pregunto si Victoria es tan indiferente como parece, o si está jugando al "no me importa", pero en realidad, están juntos. Además, Andrea los vio.

Las conversaciones sobre el ramo de flores comenzaron a extenderse por toda la oficina. Los empleados, distraídos de su trabajo, se dejaron llevar por la fascinación que les provocaba ver a Victoria, usualmente tan imperturbable, recibiendo algo tan... tierno. Las teorías variaban, desde un admirador secreto hasta un cliente que buscaba ganarse su simpatía. Pero la idea de que Harry estuviera detrás del ramo fue, por mucho, la más comentada. A fin de cuentas, era difícil no suponer que un hombre tan cercano, tan atento con los detalles, podría haber sido el responsable de tan delicado obsequio.

Mientras tanto, Harry, ajeno a las conversaciones que se tejían a su alrededor, llegó al despacho de Victoria para llevarle su café habitual. Al entrar, sus ojos se dirigieron de inmediato al ramo sobre el escritorio. No pudo evitar sentir un leve nudo en el estómago al ver las flores, y el primer pensamiento que cruzó su mente fue el saber quién había sido el responsable de aquel tierno gesto.

Su rostro permaneció impasible mientras dejaba el café sobre la mesa de Victoria, observando cómo ella no parecía particularmente sorprendida por las flores. Sin embargo, la sensación de celos, aunque leve,  se instaló en su pecho. Sabía que no tenía derecho a preguntarlo ni a involucrarse en los detalles de la vida personal de Victoria; después de todo, él no era más que un empleado en la firma, y su puesto no le daba acceso a esos pequeños gestos que, en su mente, se sentían tan íntimos.

Cuando Harry colocó las tazas de café frente a Victoria, sus ojos volvieron a fijarse en la tarjeta. Sin querer, se acercó un poco más, buscando inconscientemente algún indicio de quién podría haber enviado tan delicado obsequio. La mano de Victoria se extendió para tomar el café, y lo hizo acompañada de una sonrisa que reflejaba un genuino aprecio por el gesto.

Absolución | Harry Styles.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora