Capítulo 10

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Ares: el nombre del dios de la guerra, símbolo de conflicto, destrucción y poder implacable. Aquellos que desafían su voluntad están condenados a la batalla.

X

La pareja disfrutaba su momento de felicidad, tan inmersos el uno en el otro que no notaron la mirada fría que los observaba desde la distancia. Escondido entre las sombras, un hombre sostenía una cámara, capturando cada imagen como prueba de lo inevitable.

No era un testigo. Era un emisor. Su misión no era observar, sino reportar. Y sabía que su jefe no recibiría estas imágenes con calma.

La reacción de Ares sería explosiva. La estrategia estaba en peligro: debía manipular a la chica, hacerse pasar por su amor eterno, pero la llegada de aquel rival inesperado lo arruinaba todo.

Con el corazón acelerado, el subordinado caminó hacia la mansión de Ares, una construcción imponente y helada, donde los errores no se perdonan.

Ares lo esperaba en su oficina, una habitación con ventanales gigantes que dejaban ver la ciudad iluminada por la luna. De espaldas, con las manos entrelazadas, parecía ya conocer el contenido del informe.

El subordinado dejó las fotos sobre el escritorio sin atreverse a mirarlo. El silencio se volvió eterno. Ares las tomó con brusquedad. Su mandíbula se tensó. Con furia contenida, las lanzó al rostro de su empleado.

—¿Cómo es posible? —gruñó. —No estaba en mis planes que él llegara antes de lo esperado.

Golpeó el escritorio con la palma abierta. El sonido retumbó como un trueno.

—Voy a seguir con lo que me propuse: separarlos para que ese niño de la profecía nunca nazca.

La frase quedó suspendida en el aire, impregnando la habitación con una energía ominosa. Ares no tenía intención de rendirse.

Caminó hasta la ventana, observando la ciudad como un tablero de ajedrez.

—Llama a uno de mis hombres —ordeno.

El subordinado salió corriendo, sabiendo que cuando Ares hablaba así, no había margen para fallar.

Poco después, el hombre que había sido convocado entró en la oficina. Ares lo miró con satisfacción y sonrió de manera macabra.

—Ya verás, príncipe demonio... si no te dejé estar con ella en el pasado, menos en esta época, donde mi poder es absoluto.

Pero lo que Ares no sabía era que esta relación estaba protegida por una fuerza mayor, una entidad que no permitiría que sus planes se llevaran a cabo. La historia de dolor y separación ya había sido escrita en vidas anteriores... pero esta vez, no se repetiría.

Recuerdo

Los ancianos me enviaron a investigar el rumor en el pueblo. Al principio, me parecía imposible, pero cuando lo vi con mis propios ojos...

Un demonio y un ángel eran pareja.

Sabía lo que eso significaba. Sabía las consecuencias.

De vuelta en el palacio, los cinco ancianos me esperaban en sus podios, mirándome desde lo alto con rostros impasibles. Cada uno aguardaba mi informe, en completo silencio.

Respiré hondo antes de hablar.

—Lo que dicen es verdad. Un demonio y un ángel son pareja.

Los ancianos se miraron entre sí, y aunque no mostraron ninguna emoción, la tensión en el aire era innegable.

Había sucedido antes. Y ahora, estaba ocurriendo otra vez.

Pero esta vez... sería diferente.

Fin del recuerdo 

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