capítulo 28

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La mente no borra lo que el corazón insiste en recordar.

Soley

La luz del día se filtraba por la ventana, anunciando un nuevo amanecer. Con un salto me levanté y fui al baño para arreglarme. Sentí unos pequeños pasos y unos ladridos: algo había cambiado, como si una historia empezara a escribirse.

La noche había sido distinta, como si las estrellas y el resplandor de la luna guardaran un secreto aún inconcluso.

Fui a la cocina de mi apartamento y me preparé un sándwich. Mientras desayunaba, la tarea del profesor sobre las llamas gemelas rondaba en mi cabeza. Debía traer un ejemplo histórico o literario, pero lo que yo sentía iba más allá de cualquier libro. Recordé entonces que en mi cumpleaños número diecinueve mi abuela me regaló un diario viejo, lleno de historias y hechizos. Quizás allí encontraría la inspiración... y tal vez respuestas para lo que estaba viviendo con Ethan.

Coloqué el plato en su lugar y caminé hacia mi armario. El cuaderno estaba cubierto de polvo, como si guardara secretos, esperando a ser revelados. En la portada no había título. Al abrirlo, un collar con un sol y una luna cayó en mis manos. No era solo un objeto: parecía un símbolo de aquello que el profesor había descrito en clase. Con el corazón acelerado empecé a leer.

Diario de Soley — Día 1: encuentro. Me encontraba caminando por los límites del pueblo, un lugar prohibido durante siglos. Hoy rompí esa regla por un enemigo de mi especie. Nadie debía enterarse. La promesa de volver a verlo seguía intacta en mi mente. ¿Nos volveríamos a encontrar? ¿Sabría algo más de él, o solo su nombre? Tantas dudas en mi cabeza, sin respuesta.

Sin darme cuenta, llegué a mi casa. El olor de comida recién hecha me envolvió; lo más seguro era que mi madre estuviera en la cocina, más temprano de lo habitual. —Hola, hija, ¿cómo te fue? ¿Compraste todo lo que te pidieron en la escuela? —Fue lo primero que escuché al entrar.

Sabía que algo me faltaba. Revisé la cesta: algunas cosas estaban allí, otras no. Solo vivía con mi madre. Mi padre nunca estaba; siempre ocupado. Gracias a eso éramos una de las familias más importantes del pueblo. Los principales eran los sabios, con casi 98 años en el mando, los más poderosos.

Mientras más leía, mi corazón se aceleraba, mi mente daba vueltas. Cerré el diario con un suspiro; mi cabeza era un remolino. La historia me parecía tan conocida como si la hubiera vivido antes.

La luna ya estaba en su punto. Miré mi celular: casi eran las diez de la noche. El hechizo de las palabras me había atrapado hasta ahora. Tenía que preparar la cena y darles de comer a Cielo y Estrella. El diario quedó cerrado sobre la mesa, esperando el momento en que me atreviera a continuar.

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Hola mis angelitos y demonitos qué les parece el separador los sigo haciendo

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MI Luz En La OscuridadHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora