CAPITULO XIV.

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- Buenos días - saludó entrando en el lugar.

Ruby sonrió.

- Buenos días, mamá - Sam besó su mejilla con cariño.

- ¿Dormiste bien?

- Dormí muy poco - se quejó la niña.

Sam sonrió tomando la taza que Alex le ofrecía.

- Gracias, buenos días.

- Buenos días - se inclinó hacia ella, Sam cortó la distancia dejando un corto y suave beso en sus labios.

Después del "¿No hay beso de buenos días para Alex?" De Ruby número diez, empezaron a hacerlo sin que la niña se los recordara.

Sam se podría acostumbrar a eso, llevan dos semanas casadas, Alex ya pasó todas las cosas de su departamento a la casa así que oficialmente está viviendo ahí, tenían una rutina para las compras y días asignados para quién haría la cena y quién lavaria los platos e incluso se habían dividido los días para recoger a Ruby de la escuela, eran oficialmente una familia. Le gustaba, siendo sincera.

Justo la noche anterior Alex tuvo un turno nocturno en el trabajo y Sam se encontró así misma dando vueltas en la cama sin poder dormir extrañando su cuerpo junto al suyo. Le sorprende lo rápido que se acostumbró a ella. Dormir en habitaciones separadas no era una opción, menos con Ruby tengo mil preguntas Danvers cerca, así que se vieron obligadas a dormir en la misma cama, fue incómodo los primeros días en especial porque a pesar de la barrera de almohada que ponían al acostarse siempre terminaban abrazadas pero, pronto se acostumbraron.

- ¿Están listas? - preguntó luego del desayuno.

- Iré por mi mochila - Ruby se levantó.

- ¿Viste mis llaves? - preguntó Alex buscando con la mirada.

- Mesa de centro - contestó.

- ¿Y mi teléfono?

- Justo aquí - lo levantó en su mano. Alex sonrió acercándose - Lo olvidaste en la cama.

- Gracias.

- No hay de qué. ¡Ruby! Llegaremos tarde, cariño.

- Voy - Ruby salió de su habitación con la mochila - ¿Alguna vió mi libro de matemáticas?

- Mesa de centro - contestó Sam.

- Ya lo ví, gracias, mamá.

- De nada, hay que irnos, tengo una reunión en media hora - las llevó a la puerta - ¿Llevan todo?

Ambas asintieron mientras caminaban al auto, subieron y Sam lo encendió.

- ¡Olvide mi almuerzo! - dijeron Ruby y Alex a la vez, Sam frenó de golpe.

- Qué voy a hacer con ustedes, Danvers - fingió molestarse mientras quitaba el seguro.

- Nos amas - dijo Ruby con una sonrisa.

- Es cierto - Alex bajó del auto - No tardaré nada - corrió a la casa para luego volver con el almuerzo de ambas - Ten, Ru.

- Gracias.

- Cinturones - les pidió encendiendo el auto de nuevo.

Alex llevo su motocicleta al taller así que los últimos días les han dado un aventón al trabajo.

- No discutas con tu maestra - pidió Alex mirando a Ruby, la niña se quejó.

- No es mi culpa que se equivoque.

- Lo sé y puedes hacérselo saber sin pelear con ella frente a la clase.

- Es mala aceptando sus errores.

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