CAPITULO XVIII.

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- Nací en un planeta llamado Krypton, a años luz de aquí, hace mucho tiempo - contó, Andrea caminaba en círculos por el jardín, nerviosa - Mucho tiempo - enfatizó.

Andrea la miró un segundo antes de continuar con su caminata.

- ¿Muchos como para ser mi madre?

Alura sonrió.

- Tal vez una generación más arriba.
Andrea la miró de nuevo y luego desvío la mirada.

- No luces como una... Abuela.

- Sí, bueno, no menti cuando dije que tenía buenos genes. El sol amarillo de la tierra me da acceso a ciertos poderes además cuando mi planeta murió, lo único que pudimos salvar fue una ciudad, la mantuvimos a flote en el espacio con energía de la zona fantasma.

- ¿Zona fantasma?

- Es un lugar en el espacio en el que el tiempo no pasa.

- Espera... Dijiste que tus poderes vienen del sol, igual a los de Supergirl ¿Eres ella?

- No... - se mordió la lengua discretamente pero, Andrea supo que quería decir algo más.

- Pero... - la incitó a hablar.

- Ella es... Supergirl es... Mi hija.

Si bien no le podía decir de Kara, podía hablar de Supergirl incluso en ocasiones la misma Kara se refiere a ellas como dos personas diferentes.
Andrea se detuvo y la miró.

- ¿Tu hija?

- Sí.

- Entonces, estás casada.

- Lo estuve.

- ¿Qué pasó?

- Él murió.

- Era un él.

- Lo era, tú eres la primera... Mujer.

- ¿Soy la primera?

- Lo eres.

Hizo una mueca de aceptación que le sacó una sonrisa.

- ¿Cuántos hijos tienes?

- Solo una.

- ¿Y Superman?

- Es mi sobrino.

- ¿Como Kara y Alex? No, qué tonta, no son familia en realidad.

- De cierto modo sí. Eliza cuido de mi hija cuando llegó a este planeta sola, y lo hizo conmigo ahora, de cierta manera, somos familia.

Andrea asintió de acuerdo, pero no dijo nada más.

- Sé que es difícil de entender, pero...

- ¿Quieres estar conmigo? - la miró.

- ¿Qué?

- Pregunté si quieres estar conmigo ¿Quieres?

- Andrea, soy un extraterrestre.

- No me importa ¿A ti? ¿Te importa que sea de la tierra?

- No.

- Bueno, ¿Entonces?

- No has oído toda la historia.

- No me importa - se acercó - Alura, no me importa qué vengas de Marte, Kripton o el triángulo de las bermudas, quiero estar contigo, aunque seas verde, roja o amarilla.

Le sonrió.

- No soy verde, roja o amarilla.

- Bien, aunque aún así te verías sexy - se inclinó.

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