❝ Muñecos - 05 ❞

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Lisa llegó al estudio casi corriendo, con su libreta de composiciones apretada contra el pecho

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Lisa llegó al estudio casi corriendo, con su libreta de composiciones apretada contra el pecho. Apenas cruzó la puerta, vio a Greta esperándola con los brazos cruzados y una expresión de impaciencia.

—Por fin —resopló Greta—. Vamos, el productor ya está listo.

Lisa entró a la cabina, sintiendo cómo la ansiedad crecía en su pecho. No había terminado la canción. No sabía si tenía sentido, si estaba lista para grabarla. Pero no había marcha atrás.

Se puso los audífonos y miró al productor a través del vidrio. Él le dio una señal de aprobación y la pista comenzó a sonar.

Lisa cerró los ojos, tomó aire y dejó que las palabras fluyeran.

— Cuando acabe la noche y se apaguen las luces Todos se van, todos se van Muñecos sin alma como un maniquí Solo están pa' posar, pa-pa-pa' posar —

— Los días complicado' nunca veo a nadie Pero quieren estar cuando hacemos soldout Quieren sacarme todo, vivir de mi sangre Pero esquivar vampiros se me hizo normal —

Cuando terminó, hubo un largo silencio en la cabina. Lisa abrió los ojos, sintiendo que acababa de soltar un peso del pecho.

Greta la miró con una expresión extraña.

—Lisa... —comenzó, con voz más suave de lo habitual—. Esa canción...

Lisa tragó saliva.

—¿Qué? ¿Está mal?

El productor sonrió desde su lado del vidrio.

—Está perfecta.

Greta asintió con una media sonrisa.

—Y va a ser tu próximo single.

Lisa sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—¿Qué?

—Lo que oíste. Vamos a lanzarla.

Lisa apenas podía procesarlo. Había venido sin estar segura de tener una canción lista, y ahora... ahora estaba a punto de compartir con el mundo lo que realmente sentía.

Lisa salió apurada del estudio, guardando su celular en el bolsillo mientras buscaba las llaves de su auto

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Lisa salió apurada del estudio, guardando su celular en el bolsillo mientras buscaba las llaves de su auto. Pero antes de poder encontrarlas, vio un coche estacionado justo frente a la entrada, con Vicky apoyada contra la puerta del conductor, los brazos cruzados y una sonrisa divertida en los labios.

—Te tardaste, mi amor —dijo con su acento puertorriqueño marcado—. Te di media hora y te demoraste cuarenta y cinco minutos.

Lisa rodó los ojos con una sonrisa.

—Exagerada.

—Exagerada, no. Hambrienta, sí —replicó Vicky, sacando las llaves del auto y haciéndolas girar entre los dedos—. Anda, súbete.

Lisa frenó en seco, mirando sus manos vacías.

—Espera... ¿Cómo tienes mis llaves?

Vicky se rió.

—Las tomé de la mesa antes de salir. Sabía que ibas a salir apurada y distraída.

Lisa abrió la boca, pero no pudo decir nada. Solo suspiró, divertida.

—¿Y si quería manejar yo?

Vicky la miró con burla mientras abría la puerta del copiloto.

—Nah, mi amor, hoy eres mi copiloto estrella. Anda, súbete.

Lisa negó con la cabeza, pero obedeció. Justo cuando iba a entrar, Greta salió del estudio con cara de fastidio.

—Lisa, espera, necesito hablar contigo.

Lisa miró a Vicky y luego a Greta.

—¿Puede ser mañana? Vicky me va a matar si no la llevo a comer ahora.

Greta cruzó los brazos, suspirando.

—Dios, Lisa...

Lisa sonrió y le lanzó las llaves del auto.

—Toma, para compensarte. Maneja mi coche a tu casa.

Greta atrapó las llaves en el aire y la miró con una ceja levantada.

—Lisa, no me vas a sobornar con esto.

—No es soborno, es un gesto de amor y confianza —dijo Lisa con dramatismo, llevándose una mano al pecho.

Greta resopló.

—Escúchame, esto es importante.

Lisa abrió la boca para responder, pero Vicky aprovechó el momento para tirar suavemente de su muñeca y llevarla hacia el auto.

—Greta, mi amor, te lo agradezco, pero Lisa tiene cosas más urgentes que hacer —dijo con su acento puertorriqueño, guiñándole un ojo.

Lisa se rió mientras Vicky la subía al auto sin darle tiempo a replicar. Greta las miró con incredulidad.

—¡Lisa!

—¡Mañana hablamos, jefa! —gritó Lisa justo cuando Vicky cerraba la puerta del copiloto y aceleraba, alejándolas rápidamente del estudio.

Greta se quedó de pie, sosteniendo las llaves de Lisa, sin poder creer lo que acababa de pasar.

—Dios, esta mujer... —murmuró, llevándose una mano a la frente.

𝗠𝗔𝗟𝗟𝗢𝗥𝗖𝗔☆゚⁠.⁠*⁠・⁠。゚𝘺𝘰𝘶𝘯𝘨 𝘮𝘪𝘬𝘰Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora