Nanami estaba preparada para salir en busca de su hija. Estaba emocionada, de hecho. Hacía tiempo que no buscaba a su hija en estado de embriaguez. Eso le recordaba a los viejos tiempos, aquellos en los que eran una familia prácticamente normal, y no lo que eran ahora. ¿Cuántos eran en esa casa para empezar?
Su esposa le puso una rebeca fina por encima, dándole su bendición para regañar y dejar en ridículo a su hija. De fondo, José las miraba preocupado. "Si ya es difícil tener una madre, no me quiero imaginar dos.": pensó.
Sin embargo, algo interrumpió su gran plan. Ese algo fue Nerea, saliendo del baño, habiendo aparecido en aquel lugar tras viajar por el agua. Curar a esos cachorros había tocado su vena sensible, así que encima tenía una lágrima bajando por su mejilla mientras decía cosas como:
-Mamás, os quiero mucho. Lo siento por llegar a estas horas y borrachas. Os quiero mucho, lo siento por preocuparos
Esto vino acompañado de un abrazo y una hija llorando. Esto tocó la patata de Paula, la cual la abrazó con ternura. Lo único en lo que podía pensar Nanami era que, después de eso, no podía regañarla. Su gran momento, había pasado.
-No pasa nada, hija. Bebe agua y acuéstate, llevas mucho encima - dijo Paula, llena de ternura y compasión
-Sí, mamá. Te quiero - respondió Nerea, dándole un beso en la mejilla a Paula y dirigiéndose a la cocina. Esto hizo que muriese de amor. Ahora sí que Nanami no podría regañarla.
Paula abrazó a su esposa, mirando a su hija como si fuera la persona más adorable del mundo. Nanami rodeó los hombros de su esposa para acompañar ese abrazo, intentando tomar aquello como premio de consolación por no liberar su rabia sobre su hija. José se quedó mirando a su hermana y su mujer, pensando en lo monísimas que eran. Estaban tan monas... que mejor no recordaba que ni Rubén ni Sibila había vuelto aún. Ese momento podía estropearse.
-Chicas, creo que es momento que todos nos vayamos a la cama. Ya es tarde. - indicó José - Además, tengo una borracha a la que cuidar.
-¡Como si fuera tu hija! - bromeó su hermana, con cierto vacile
-¡Y a mucha honra! - le respondió su hermano, mientras subía las escaleras y las dejaba atrás
Respiró hondo, intentando prepararse para lo que venía a continuación. Cuando abrió la puerta, se encontró una escena muy poco sensual. De hecho, si Adaego supiese de aquella escena, seguramente se moriría de vergüenza. Sin embargo, él solo podía pensar en una cosa: Aún así, es hermosa.
Se sentó en uno de los sillones que había en la habitación, encendió su lámpara de lectura y sacó uno de sus libros. No quería dormirse hasta que todos estuvieran en sus habitaciones. Era una época llena de incertidumbre... por eso, no podía descansar hasta saber que todos estaban a salvo.
Se acordó de su abuela, ella hacía lo mismo. Mientras llegaban Paula y él, cuando iban a verla a Grecia, se quedaba rezando su rosario, una y otra vez, hasta que llegaban. Era una forma de relajarse y pasar el tiempo hasta que el preciado momento llegaba. "Se puede decir, que esta familia sigue teniendo una relación estrecha con los dioses, abuela": pensó, esperando que su abuela lo escuchase allí donde estuviese.
José miró la portada del libro: Mitología griega, todo lo que necesitas saber. Respiró hondo, esperando que ese libro le diese alguna respuesta a todas las preguntas que estaba teniendo hasta el momento. Entonces, notó que un dragón pequeño entró en la habitación. Era él, el dragón amarillo.
-¿Esperas que eso te ayude? Para cuando lo hayas acabado, ya habrán pasado los juegos... - le indicó, mirando el libro con curiosidad
-Algo tengo que leer mientras espero que lleguen Rubén y Sibila. Además, estas tres todavía no han subido a su habitación...
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La elegida de Poseidón
Novela JuvenilLos dioses griegos han discutido sobre quienes son los mejores humanos. Para comprobarlo, han diseñado unos juegos, cada Dios ha elegido a un humano para ser su representante. Nerea es la elegida de Poseidón, y realmente no sabe muy bien qué signifi...