Capítulo 7

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Poseidón estaba ya en el Olimpo. Había huido de esa casa en cuando había podido. Se miró la marca que le había creado Nanami, una simple mortal. No se apoderaba de él, el miedo a la muerte, si no la decepción a uno mismo. Había pasado de ser el gran dios Poseidón o alguien que había condenado una simple mortal. ¿Cómo debía sentirse al respecto?

Respiró hondo, tenía que pensar en algo. No podía dejar que aquello pasase. Tenía que hacer todo lo posible para que, en los juegos, Nerea no estuviera en peligro de muerte.

Cogió un papel y empezó a pensar. Sabía que el punto fuerte de Nerea era sus aliados. ¿Por qué no sacarle partido? Hacer que cada elegido lleve a un número limitado de aliados... Además, debía ser algo que el resto de los humanos no llegase. Ese humano estaba teniendo revuelo, podía ser apoyado por la civilización. Después de todo, Hefesto necesitaba reafirmarse a sí mismo, después de ser el cuernudo del Olimpo.

Una isla. Una isla alejada de todo. Seguro que, entre él y Gea conseguían formarla rápido. Además, en esa isla debía haber bestias y algo que necesiten obtener. Esa sería la meta. Ese sería el juego. Lo suficiente seguro para que Nerea pudiese vivir, aunque perdiese. Ahora sólo quedaba convencer al resto de dioses. Eso sí, debía ocultarles sí o sí que estaba en peligro de muerte. Si no, lo más seguro es que provocasen ellos mismos la muerte de aquella mortal que había elegido, muy a su pesar.

En la Tierra, en un pueblo costero de Almería, se encontraba esa familia sentada alrededor de una mesa redonda. Además, el dragón amarillo y Sibila se encontraba en ellos. El dragón amarillo tenía preparado el discurso que pensaba dar. En cambio, Sibila miraba a su alrededor, sin saber muy bien porque se hallaba en esa reunión familiar.

Nerea miraba a su alrededor, sin saber muy bien como había acabado en esa situación. En menos de 24 horas, había pasado de borrada a elegida de Poseidón. Además, por algún motivo, su madre se había enterado y ahora tenía que hablar de ello con toda la familia. ¿Acaso eso no les ponía en peligro? ¿Debía de temer lo que Poseidón pudiese hacerle a su familia? Esa respuesta, estaba a punto de contestarse.

Nanami se levantó, puso su mano derecha sobre el lado de su cadera izquierda e hizo que una espada apareciera de la nada. Después de hacerlo, la puso sobre la mesa. Sibila, Rubén y Nerea, que no lo esperaban, dieron un bote. ¿Qué había sido eso?

—Ante todos los presentes, antes de continuar, informar que soy una guerrera de Kuan Kong, descendiente directa del dios de la guerra. Algunos descendientes despiertan el poder del dios de la guerra, no siempre pasa. Esto aporta una gran habilidad de la lucha, artes marciales y que esta espada nos acompañe en todo momento. No quería comentaros nada hasta que alguno de vosotros despertara dicho poder, sin embargo, al tener Nerea poderes, aunque sea por otro dios, es motivo necesario para hacerlo. De hecho, el mismísimo Kuan Kong me ha informado de ello. También, he hablado con Poseidón y le he marcado, de tal manera que, si Nerea muere en sus estúpidos juegos, él también lo hará. Dicho esto, podemos empezar la reunión.

Sibila, Nerea y Rubén no sabían cómo asimilar lo que estaba pasando. Sibila era ajena a la familia, después de todo, sólo podía mirar con asombro. Sin embargo, Nerea y Rubén eran sus hijos, sangre de su sangre... y nunca podían habérselo imaginado. ¿Qué significaba eso? ¿Por qué nunca se lo habían imaginado? En verdad, ¿cómo podían haberse imaginado eso de su madre?

Paula miró a su mujer mientras resoplaba. De nuevo, su amada había sido demasiado directa con los niños. Lo había hecho con tan poco tacto como cuando les contó a los niños quienes eran realmente los reyes magos. Paula a veces se preguntaba cómo sus hijos no tenían más traumas. Una de las cosas que hizo que Paula se enamorara de ella era lo directa que era. Ahora, era uno de los motivos para dejar de hacerlo. Sin embargo, la quería tanto que eso era prácticamente imposible.

La elegida de PoseidónDonde viven las historias. Descúbrelo ahora