Rubén había pedido un descanso en su entrenamiento. A su madre le había dicho que tenía que ir urgentemente al baño, pero no era cierto. Lo que realmente le sucedía era que se acababa de enterar de la excursión de su hermana a Bergen y estaba preocupado por ella. No dejaban de venir a su cabeza imágenes de la noche que vino borracha a su casa, sufriendo por la muerte de su amigo.
Se presentó en la habitación que estaban compartiendo Sibila y Nerea, dejando a un lado la nueva forma que estaba teniendo de ver a Sibila los últimos días. Su única preocupación en ese momento era su hermana. Su triste, borracha y perdida hermana.
Sibila estaba completamente dormida, pero a Rubén le daba igual. Se sentó en su cama como si nada y empezó a darle en el brazo con la mayor delicadeza que puso para hablar con ella. Sibila se despertó por lo molesto que era. Aunque Rubén quisiese hacerlo con delicadeza, se había pasado de fuerte.
— ¿Qué haces? Déjame dormir... — dijo Sibila medio dormida
—Nerea fue anoche a Bergen — le comentó Rubén, estresado
Entonces, Sibila se incorporó por completo. Una frase había sido suficiente para haberla despertado. Más efectivo que el agua fría. Miró a su alrededor y miró las botas de agua. Totalmente usadas. Mierda. ¿Cómo no había visto venir que, lo primero que haría su amiga al poder trasportarse por el agua, era ir a Bergen?
— ¿La has visto? — preguntó Sibila, preocupada
—No, ¿tú?
—Tampoco
Rubén y Sibila respirando hondo al mismo tiempo. No se habían entendido la noche anterior, pero la preocupación por Nerea era una cualidad común. Era más que suficiente por hacerse entender.
— ¿Crees que estará deprimida hoy? — preguntó Sibila
—Obviamente. ¿Qué podemos hacer? Estamos en una situación muy delicada para ahora esto... — resopló Rubén
—Peléate con ella. Pegarte siempre le ha animado— contestó Sibila con una amplia sonrisa
—Espera... ¿Qué? ¿Cómo que me pegue? ¿Por qué me tiene que pegar a mí? — preguntó Rubén, algo victimista
— ¿Y por qué no? Os peleáis a menudo...
—No tanto desde que tiene poderes de agua... — contestó Rubén, temiendo por su vida
— ¡Es por una buena causa! — reprochó Sibila
— ¡Mi vida también es una buena causa! — se quejó Rubén ante aquello
En ese momento, Sibila empezó a reírse a carcajada limpia y Rubén pensó que tenía una risa preciosa. Entonces, Rubén puso su mano sobre el brazo de Sibila, con una postura llena de cariño. Un acto muy distinto al de indiferencia de la noche anterior.
—Gracias, Sibila. Estás siendo de mucha ayuda para todos.
Sibila se ruborizó al escuchar eso. Después, Rubén se levantó, alejándose justamente cuando Sibila no quería que lo hiciese, pero tampoco creía que era el momento de decirlo.
—De nada...— susurró mientras le observaba
La luz que entraba a la habitación le iluminaba, haciendo que el brillo de sus ojos fuera mayor. Sus rasgos parecían obra de los mismísimos dioses, algo que Hacía que Sibila quedase totalmente embelesada.
—Voy a ver cómo puedo provocarla sin que me mate. Voy a volver al entreno antes de que se presente mi madre. Nos vemos ahora — comentó Rubén en modo despedida, mientras se dirigía hacia la puerta y movía su mano
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La elegida de Poseidón
Ficção AdolescenteLos dioses griegos han discutido sobre quienes son los mejores humanos. Para comprobarlo, han diseñado unos juegos, cada Dios ha elegido a un humano para ser su representante. Nerea es la elegida de Poseidón, y realmente no sabe muy bien qué signifi...
