El pasillo del castillo resonaba con el eco de los pasos de Hipo mientras se dirigía hacia la biblioteca. La luz del sol, que se filtraba a través de las vidrieras, proyectaba un caleidoscopio de colores sobre el suelo de mármol, creando un ambiente mágico. De pronto, una figura se cruzó en su camino, interrumpiendo su silencioso viaje.
Era Jack, el doncel de cabello blanco y ojos verdes como el jade. Un aura de encanto se extendía a su alrededor, y una sonrisa ladeada adornaba sus labios. Su sola presencia irradiaba una energía que atraía la atención de Hipo, incitándole a detenerse.
—Jack, ¿cómo estás?— preguntó Hipo, tratando de disimular la leve aceleración de su corazón.
—Estoy bien, alteza —respondió Jack, inclinando ligeramente la cabeza en señal de respeto, pero con una pizca de picardía en la mirada—. ¿Y usted, cómo se encuentra hoy?
El príncipe de Berk se sintió atraído por el tono ligeramente coqueto de Jack, una melodía que solo él parecía capaz de tocar en sus oídos.
—Bien, gracias —contestó Hipo, con un leve rubor en sus mejillas—. De hecho, me preguntaba... si tú, bueno... si te gustaría ayudarme a encontrar un libro en la biblioteca.
La petición sorprendió a Jack. El príncipe, que conocía la biblioteca como la palma de su mano, le pedía ayuda a un simple doncel. Sin embargo, al ver la timidez en el rostro del príncipe, no pudo resistirse.
—Por supuesto, alteza —dijo, con una sonrisa que prometía una agradable aventura—. Estoy a su disposición.
Juntos, se adentraron en la biblioteca, un laberinto de sabiduría y silencio. El aroma a papel viejo y tinta se mezclaba con el aire fresco que entraba por las ventanas, creando una atmósfera cautivadora.
Hipo no pudo evitar sentir una creciente sensación de comodidad al lado de Jack. La energía que irradiaba el doncel, una mezcla de misterio y serenidad, era como un bálsamo para su alma.
Mientras buscaban el libro, Hipo notó que Jack parecía fascinado por los volúmenes que los rodeaban. En sus ojos, se reflejaba un deseo de descubrir, de sumergirse en las historias que yacían ocultas entre las páginas.
Sus miradas se cruzaron, y una descarga eléctrica recorrió el cuerpo de Hipo. En los ojos azules de Jack, encontró una profundidad que lo dejó sin aliento. Era una mirada que prometía aventuras, pasión, un vínculo inexpugnable.
Hipo se sintió desconcertado por la intensidad de la mirada de Jack, un sentimiento que lo envolvía como una suave brisa, llenándolo de una extraña euforia.
—Gracias por tu ayuda, Jack —dijo Hipo, cuando finalmente encontraron el libro—. Me has sido de gran ayuda.
—De nada, alteza —respondió Jack, con una sonrisa que le iluminaba el rostro—. Me alegra poder ayudarte.
Hipo se detuvo un momento, sintiendo la necesidad de prolongar aquel encuentro, de descubrir qué se escondía detrás de la sonrisa de Jack.
—¿Te gustaría tomar un té conmigo en el jardín? —preguntó, con un hilo de voz, sintiendo que las palabras se le escapaban del corazón—. Me gustaría seguir charlando contigo.
La sorpresa se apoderó de Jack, pero fue rápidamente reemplazada por una sonrisa que revelaba un corazón lleno de esperanza.
—Me encantaría, alteza— respondió, con una voz que transmitía una mezcla de emoción y nerviosismo.
El jardín era un paraíso terrenal, un remanso de paz en medio de la bulliciosa vida del castillo. El sol se ponía, tiñendo el cielo con matices de rosa y naranja, mientras Hipo y Jack se sentaban en un banco, rodeados de flores de colores vibrantes. Una criada les trajo una bandeja con té caliente y deliciosos pastelitos, un manjar que se convirtió en el acompañamiento perfecto para una conversación que prometía ser inolvidable.
Hipo y Jack hablaron de todo, desde sus libros favoritos hasta las últimas noticias que llegaban de las tierras más lejanas. La conversación fluía con naturalidad, y Hipo se sintió cada vez más atraído por la mente aguda y la sensibilidad de Jack.
A medida que el sol descendía, Hipo se encontró con una nueva realidad. El doncel que antes solo era un rostro familiar en los pasillos del castillo, se había convertido en un amigo, un confidente, un hombre que despertaba en su corazón un deseo que antes no había conocido.
—Gracias por el té, Jack —dijo Hipo, mientras se levantaba, con un sentimiento de melancolía que lo invadia.
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All I WANT
FanfictionHiccup principe de un reino de Berk conoce a Jack un empleado de los establos que se encarga especialmente de su fiel dragón Chimuelo. Con el paso de la convivencia los dos empiezan a tener sentimientos por el otro. -NOTA: HISTORIA INSPIRADA EN UN...
