CAPITULO III

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Hiccup salió de noche hacia el establo de su dragón, Toothless, con la excusa de verificar que su amigo estuviera bien. Sin embargo, no podía negar que una parte de él esperaba encontrarse con un cierto doncel de cabellos blancos que había visto por ahí. No que tuviera alguna expectativa, por supuesto que no.

Al acercarse al establo, Hiccup escuchó una voz melodiosa que cantaba una canción tradicional del reino. Se acercó sigilosamente y se escondió detrás de un cubículo para escuchar mejor. La voz pertenecía a un joven con cabellos blancos que estaba arreglando el lugar donde Toothless dormía. Hiccup se sintió atraído por la belleza de la voz y la forma en que el joven interactuaba con su dragón.

-¿Te gusta la melodía, pequeño dragón?-  preguntó el joven, acariciando la cabeza de Toothless y haciendo que ronroneara.

Hiccup sonrió enternecido por la forma en que el joven trataba a su dragón. Se sentó a un lado del joven y escuchó mientras tarareaba una nueva melodía. El joven parecía ser un aficionado a la música y la danza, y Hiccup se sintió intrigado por su personalidad.

Después de un rato, el joven suspiró y se levantó.

-Ha sido un día largo- dijo -pero al fin puedo descansar y dormirme. Tal vez pueda prepararme una rica cena y comer con mi familia, ¿Tú qué opinas amigote?-

Hiccup se sintió un poco decepcionado de que el joven se fuera, así que con todo el coraje y la valor que se supone que tenía salió de su escondite, vio la sorpresa en los ojos del chico pero aún así hablo.

-Hola-

¿Hola? ¿Enserio? No podía ser más creativo, se tenso un poco en su lugar sin saber que más decir, se sintió nervioso al darse cuenta que de verdad no tenía más que decirle.

Jack por su parte se puso nervioso, tenía al príncipe en frente de el, príncipe al que le guiño el ojo ¡Dioses, Iba a morir!

-Hola Majestad, Buenas noches-

Grito internamente y se mordió la lengua al decir aquellas palabras, realmente no sabía que hacer ante esta situación. Sintió su estómago revolverse ante l aidea de que el principe de verdad quisiera intentar hacerle algo.

-Yo, am, te escuché cantar y pues quería decirte que tenías bonita voz- trago nervioso -Ademas muchas gracias por cuidar de Thootlees, el suele ser muy travieso-

El nerviosismo y el miedo que sintio el doncel se desvaneció un poco al oírlo, ¿De verdad solo era eso?

-Muchas gracias por el halago príncipe, y no hay de que, es mi trabajo, además de que su dragón es demasiado lindo como para no hacerlo-

El castaño sonrió, se alegraba de por lo menos haber cruzado pocas palabras con el  donello.

-Con su permiso me retiro, mi hora de descanso ya llegó, cualquier cosa que necesite hágamela saber-

Y con eso el Omega se retiró con pasos normales y con gracia, o asi fue hasta que se aseguro que el otro ya no lo veía, y salió corriendo en dirección a su habitación, esto tenía que contárselo al orejón de Conejo.

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