Carta bajo la manga

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El silencio en la casa era tenso. Clara preparaba café mientras Alicia intentaba calmar a Raquel, que no dejaba de mirar su teléfono. Andrés, aún débil pero lúcido, repasaba una carpeta vieja y polvorienta que había sacado del doble fondo de una mochila.

—Aquí está —dijo finalmente, dejando el documento sobre la mesa—. Esto lo robé hace dos años de un archivo olvidado del Ministerio del Interior. Pensé que valía nada… hasta que reconocí el nombre de Tamayo.

Raquel lo tomó, leyó en voz alta.

—“Informe reservado: Operativo Sierra Azul, 2016. Uso excesivo de la fuerza. Víctimas civiles encubiertas como daños colaterales. Participación directa del coronel Luis Tamayo. Clasificado.” —lo miró sorprendida—. ¿Esto es real?

—Es real. Y es solo una parte. Tengo copias, declaraciones firmadas de dos agentes que renunciaron tras esa masacre. Si esto sale a la luz, Tamayo no solo pierde su carrera... va preso —sentenció Andrés.

—¿Y cómo lo hacemos llegar a él sin que nos rastree? —preguntó Alicia.

—Lo vamos a asustar —dijo Raquel con una mirada helada. Tomó el documento, lo fotografió y escribió un mensaje breve, directo. Luego lo envió a un número anónimo que Tamayo había usado en una operación pasada. Andrés lo había conservado por si alguna vez necesitaba chantajear al sistema.

**

Mensaje enviado a Tamayo:

“Sabemos lo de Sierra Azul. Documento y declaraciones firmadas listas para salir a la prensa en 30 minutos. Tenemos copia en la nube. Libera a Sergio o arde todo contigo. Esperamos tu llamada. —R.”

**

En el despacho de Tamayo – 10 minutos después

El coronel leía el mensaje con los labios apretados. Vicuña lo observaba de reojo.

—¿Qué pasa, coronel?

—Los muy cabrones tienen algo. Algo serio.

—¿Y qué hacemos? ¿Aguantamos?

Tamayo apretó los puños.

—No. Si esto sale, no hay aguante. Me destrozan.

—¿Negociamos?

Tamayo no respondió de inmediato. Luego, golpeó el escritorio con la palma abierta.

—Ponme en línea segura con ellos. Voy a hablar con esa hija de puta.

**

Casa de seguridad – Minutos después

El teléfono sonó. Raquel lo cogió. Alicia, Clara y Andrés la miraban en silencio.

—Habla.

—Escucha, Raquel. Podemos llegar a un acuerdo. Quiero a Defonollosa. Tú me das a Andrés y yo te doy a Marquina. Entero. Respira. ¿Tenemos trato?

Raquel sonrió. Había mordido el anzuelo.

—No. No vas a negociar en tus términos. Te mando una ubicación. Allí, tú con Sergio. Yo con Andrés. Ni un puto policía más. Y si veo algo raro, el informe sale. ¿Te queda claro?

Silencio. Luego, la voz de Tamayo, más tensa.

—Hecho. Envíame la ubicación.

Raquel colgó. Miró a los demás.

—Tenemos una oportunidad. Una sola.

Andrés respiró hondo.

—Espero que valga lo que creo que vale.

—Sergio lo vale —respondió Raquel con firmeza.

Sierra azul.

Ese mensaje era suficiente para tambalear la seguridad de Tamayo. Todos tenían claro que el objetivo era salvar a Sergio,pero Raquel estaba muy nerviosa, solo quería tenerlo con ella.

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