'Cause I'm a hard man to lose
But I figured it out, then made my way back
To a life I would choose
We were lucky once
Could be lucky again
La mañana comenzó, como muchas otras en la casa Styles, con el inconfundible aroma de café recién hecho mezclado con un eco distante de la banda sonora de Frozen. Harry, vestido en unos pantalones de chándal cómodos y una camiseta que había visto mejores días (y probablemente llevaba al menos tres manchas de algo pegajoso), tarareaba mientras intentaba domar su cabellera rebelde con una mano, y con la otra revolvía una mezcla misteriosa en un bol. La cocina, su santuario y a veces su campo de batalla culinario, ya estaba en un estado de alegre desorden. Había purpurina en el mostrador (residuo de un proyecto artístico de la tarde anterior), un libro de recetas abierto en una página salpicada de harina, y un par de medias desparejadas inexplicablemente colgando de una manija de la alacena.
"¡Haylie Tomlinson-Styles, cinco minutos para el despegue de la nave espacial del desayuno!" gritó Harry, su voz grave pero llena de un contagioso optimismo matutino.
Unos segundos después, un pequeño torbellino de rizos emergió por el pasillo. Haylie, con sus casi seis años, ya era una mezcla adorable y enérgica de ambos padres: la personalidad carismática de Louis, los ojos verdes expresivos de Harry, y una energía que podría alimentar una pequeña ciudad. Llevaba su nuevo pijama de unicornio favorito, que era al menos dos tallas más grande, y arrastraba consigo un peluche de pato con un ojo descosido, que la abuela Anne le había dicho que era de su papá cuando tenía su edad.
"¡Ya voy, papá! ¡El Capitán Pato necesita su desayuno de cereales mágicos!" dijo, arrastrando al pato por el suelo antes de subir a su silla en la isla de la cocina.
Harry sonrió, el tipo de sonrisa que hacía que sus ojos se arrugaran en las esquinas. "Hoy, mi querida astronauta de la cocina, ¡tenemos... panqueques de astronauta!" Levantó el bol para revelar una masa azul brillante. "Con arándanos cósmicos y un toque secreto de... ¡diversión espacial!"
Haylie soltó una risita de cascabel. "¡Wow! ¿Puedo poner las estrellas de azúcar?"
"Por supuesto, copiloto," Harry le entregó un pequeño tazón de estrellas de azúcar comestibles. "Pero recuerda la regla número uno de la Estación Espacial Cocina: la gravedad es opcional, pero la limpieza es obligatoria... para los adultos."
Mientras Haylie esparcía las estrellas de azúcar con un celo inmenso, dejando una estela brillante por el mostrador y en su propio pijama, Harry comenzó a encender la sartén. La rutina matutina era una sinfonía caótica de risas, preguntas interminables y la constante supervisión de Harry para asegurarse de que el caos no se desbordara por completo.
"Pá, ¿los unicornios comen panqueques?" preguntó Haylie de repente, interrumpiendo un monólogo de Harry sobre la importancia de la temperatura perfecta de la sartén.
Harry se detuvo, pensativo. "Mhm, esa es una excelente pregunta, Haylie. Siendo criaturas tan mágicas, creo que tendrían panqueques de arcoíris. ¡Y probablemente escupirían purpurina si comen mucho!"
"¡Yo quiero panqueques de arcoíris!"
"¡Para eso necesitamos colorantes mágicos! Eso será la próxima semana. Hoy tenemos el azul espacial," Harry bromeó, y Haylie asintió, satisfecha, imaginando unicornios con cuernos brillantes comiendo panqueques de colores.
La preparación del desayuno siempre se transformaba en una pequeña aventura. Harry no sólo cocinaba; narraba. Cada ingrediente tenía una historia, cada paso una misión. Las fresas eran 'gemas rojas de un tesoro escondido', la leche 'néctar de unicornio', y el caramelo 'lava dulce de un volcán secreto'. Mantenía a Haylie completamente absorta, aprendiendo y divirtiéndose sin siquiera darse cuenta.
ESTÁS LEYENDO
Habit
FanfictionHarry necesita hablar con él porque no pudo rehacer su vida, pero Louis está aterrado de verlo nuevamente. O donde Louis y Harry rompen su relación de 5 años, pero 4 años después la vida los reúne, o más bien, un secreto que ya no se puede ocultar...
