Cap. 38

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Durante una de las muchas siestas de Renjun al día siguiente, Jeno consiguió hablar con Jisung sobre cómo afrontar su inminente compromiso. Estaba claro que Renjun iba a aceptar, pero Jeno quería que estuviera completamente curado antes de que Jisung le hiciera la pregunta. La dificultad consistía en retrasarlo sin empeorar la inseguridad de Renjun.

—Necesitamos algo para él. Algo simbólico, que demuestre que lo que dices va en serio.

Jisung pensó por un momento y luego sonrió.

—Tengo justo lo necesario.

Jeno salió a dar un paseo para estirar las piernas, pasando por la cocina a su regreso y llevando unas magdalenas recién horneadas al piso de arriba. Encontró a Jisung y a Renjun sentados juntos en la cama, con el omega extendiendo su muñeca. Llevaba el reloj favorito de Jisung, el que había pertenecido a su tío Jaejoong.

—Es como una promesa —le explicó Renjun a Jeno, con cara de asombro —. Hasta que esté mejor y él esté preparado para pedírnoslo.

—Fue idea de Jeno, en realidad —dijo Jisung con una sonrisa—. Quiere que estés completamente curado antes de que demos nuestro siguiente paso juntos.

—Hablando de curarse —dijo Jeno—. Necesitas otra sesión con la máquina de luz. ¿Te apetece? Tengo magdalenas para después.

No dejaba de ser un pequeño soborno si eso ayudaba a Renjun a pasar los próximos días difíciles.

—¿Qué clase de magdalenas? —preguntó Renjun. Jeno levantó la servilleta del plato que llevaba.

—De chocolate.

Vio que los ojos de ambos se iluminaban y se rio.

—Vosotros dos sois fáciles de complacer.

—¿No te gusta el chocolate? —le preguntó Renjun.

—Me gusta bastante. Pero las magdalenas de arándanos son mis favoritas. —Dejó el plato en el suelo—. Vamos a que te miren la espalda primero, ¿eh?

Renjun asintió de mala gana.

Jeno fue a recoger el equipo, Jisung lo acompañó.

—¿La charla fue bien entonces? —preguntó.

Jisung sonrió, pero la sonrisa se desvaneció rápidamente.

—Creo que nunca ha tenido un reloj. Su padre tenía uno que su madre dijo que sería suyo cuando fuera mayor, pero...

—Su padrastro se aseguró de que eso no sucediera —terminó Jeno.

—Quiero regalarle su propio reloj, tal vez para su cumpleaños.

Había muchas cosas que debían hablar con Renjun. El lado práctico de sus vidas, una vez que las cosas formales como su compromiso estuvieran resueltas. Por ahora, eso podía esperar.

Llevaron el equipo a la habitación, Renjun los observaba con inquietud.

—No parezcas tan preocupado —le dijo suavemente Jeno—. Ya has hecho esto antes, sabes que no duele.

Instó al omega a que se tumbara boca abajo, pasando un largo rato mirando las ronchas de su espalda. Se estaban curando bien. El médico que había tratado a Renjun cuando llegaron había cosido las heridas más profundas. Presionó ligeramente sobre ellas, y Renjun se tensó, pero permaneció en silencio.

—Estás muy bien —dijo Jisung—. La infección casi ha desaparecido.

Así era, el enrojecimiento y el calor eran mucho menores de lo que habían sido.

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