Soldado del amor

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Feliz navidad 🎉 🎄

Espero hayan pasado una excelente fiesta en compañía de sus seres queridos 😊

Se que han pasado meses desde la última actualización, y que seguramente deben leer el anterior capítulo para recordar en que se quedó este 😅 pero tengo una buena excusa.

Para quienes leen mis otras historias, sabrán que hace unos meses me quedé sin empleo, ese fue un golpe duro para mí salud mental y no tuve muchas ganas de escribir como de costumbre. Y no quise arruinar esta historia simplemente actualizando por mera costumbre.

Afortunadamente he estado mejor, no al cien, pero lo suficiente para inspirarme y continuar está historia 😊

Espero disfruten el capítulo de hoy, y nos leemos mas abajo ⬇️

🦋🦋🦋

Todo era un absoluto desastre.

Como hermana mayor de los dioses olímpicos, Hestia estaba acostumbrada al caos. Había crecido entre tragedias, dolor y abusos propios de su panteón, vivió en carne propia la calamidad que supuso sobrevivir a los Titanes y mantenerse fuerte para sus hermanos menores ante el trato cruel de Cronos y la indiferencia de Rea, teniendo solo a Hades como apoyo.

Sobrevivió a la persecución de su padre, a los años de huida y ocultamiento, hasta que su hermanito Zeus creció lo suficiente para retarlo y liberar a los demás. Pero, incluso después de aquella victoria, Hestia nunca conoció la verdadera paz.

A pesar de buscar una vida tranquila, siempre fue consciente de que las actitudes de sus hermanos no eran correctas e intentó persuadirlos sin éxito, siendo Hades y Deméter los únicos que, de alguna manera, escucharon sus advertencias durante el episodio de Perséfone. Se acostumbró al desorden permanente que implicaba vivir bajo las órdenes de Zeus, resistiéndose a dejarse llevar por el rencor o la venganza.

Ella solo deseaba que, tras tantos años de dolor, su familia pudiera hallar algo parecido a la felicidad.

Pero todos confundieron la libertad con libertinaje, esa capacidad divina de decidir con responsabilidad se había corrompido, transformándose en abuso y arrogancia, sus hermanos repetían con los humanos los mismos actos que habían condenado en Cronos.

Hestia no supo en qué momento comenzó el declive; tal vez cuando Zeus perdió a Metis, tal vez cuando empezó a engañar a Hera, o quizás cuando los otros panteones lo eligieron como su representante. Recordaba vagamente que Adamás lo advirtió, pero nadie lo tomó en serio y solo quedó el eco de la furia de Poseidón cuando, perdiendo la paciencia con él, casi lo mata.

Quizá allí debió notar el cambio, pero tanto Hades como ella prefirieron aferrarse a la ilusión de una falsa paz... una que, al final, les explotó en la cara.

Jamás imaginaron que, por orgullo, Zeus sería capaz de llegar tan lejos: provocar una guerra entre panteones, casi destruir el Valhalla entero solo para demostrar su superioridad, incapaz de aceptar la derrota -fuera la primera o la segunda, si contaban el resultado del Ragnarok-.

¿Se habían confiado demasiado?

¿Fue culpa de Hestia, por creer que las palabras bastarían para hacer entrar en razón a su hermano?

¿O de Hades, por cargar con el peso de todos y seguir justificando lo injustificable?

¿Deberían culpar a Rea, por haber criado a Zeus como un salvador, o a Cronos, por ser un padre abusivo que les legó la violencia como herencia?

No lo sabía. Y en ese momento no debía buscar respuestas.

Agradeció escuchar los gritos de Hera imponiendo orden entre el caos, a su lado, los dioses y aliados -Thor, Susanoo, Moisés, Pedro y Buddha- se movilizaban para recuperar el control del campo de batalla. Aún quedaban traidores entre humanos y dioses, y ese tal Caifás debía ser capturado.

El terapeuta del Valhalla Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora