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Isaac estaba celoso, y no hacía el menor esfuerzo por ocultarlo, cada vez que sus ojos se posaban en Lyra riendo con ese chico, ese completo desconocido que había aparecido de la nada una punzada de incomodidad le recorría el pecho

Le molestaba profundamente verlos juntos, ver cómo compartían miradas, palabras, y sonrisas que parecían demasiado íntimas para alguien que, según él, acababa de llegar ¿Quién era ese tipo? ¿Por qué Lyra se mostraba tan cómoda a su lado?

No había pasado tanto tiempo desde la última vez que la había visto, pero para Isaac, cada día sin ella había sido una eternidad, en su mente, las cosas aún estaban en pausa, como si el mundo hubiese seguido girando, pero su relación con Lyra se hubiese quedado congelada, esperando a que ella volviera y sin embargo, ahora que estaba de regreso, se encontraba con una imagen que no estaba preparado para ver: ella, sonriendo con alguien más, un intruso

Lo que más lo enfurecía no era solo la cercanía que parecían compartir, sino la rapidez con la que todo había cambiado, sabia que una relación llevaba tiempo para formarse, pero si Zack habia logrado conseguir a una novia en tan poco tiempo ¿Quien le aseguraba que Lyra no salía con aquel desconocido?

Esa idea le daba vueltas en la cabeza como un eco molesto, repitiéndose una y otra vez sin descanso ¿Y si en el poco tiempo que estuvieron separados Lyra había encontrado algo o alguien que llenara el espacio que él había dejado vacío? ¿Y si aquel chico, con esa sonrisa tan tranquila y esa confianza injustificada, era más que un simple conocido? ¿Y si no era una amistad casual, sino el inicio de algo que a Isaac ni siquiera se le había dado la oportunidad de recuperar?

El pensamiento lo sacudía por dentro, no podía evitar imaginar todas las escenas posibles: mensajes por la noche, conversaciones en secreto, planes improvisados que ahora no lo incluían a él

Se sentía como si estuviera mirando desde afuera algo que antes le pertenecía, como un espectador forzado de una película que no quería ver, pero que no podía dejar de mirar

La duda era como una espina clavada en su orgullo, porque si Zack lo había logrado tan rápido, ¿por qué no Lyra? ¿Por qué no ella, que siempre había sido tan abierta, tan espontánea, tan libre? El mundo no se había detenido solo porque él no estaba y quizá, muy en el fondo, eso era lo que más dolía: que Lyra hubiera seguido adelante, que estuviera avanzando sin él cuando el no podía avanzar sin ella

Y mientras la veía reír otra vez, con esa risa suave y contagiosa que tantas veces había sido para él, Isaac sintió cómo la rabia, los celos y una punzada de tristeza se entrelazaban en su pecho, formando un nudo que no sabía si quería desatar... o si simplemente era demasiado tarde para hacerlo

Isaac apretó los puños con fuerza, sintiendo cómo las uñas se le clavaban ligeramente en la palma, no podía seguir observándolos desde lejos, como si no tuviera derecho a estar allí, como si fuera un intruso en una historia que, de alguna manera, él mismo había comenzado tiempo atrás

Respiró hondo, una, dos veces, sus pasos comenzaron a avanzar casi por inercia, sin pensarlo demasiado, como si su cuerpo se hubiera rendido a una decisión que su mente aún no terminaba de aceptar

Cada metro que lo acercaba a Lyra y al chico era como cargar una piedra más en la espalda a medida que se aproximaba, podía escuchar más claramente la voz de ella, esa voz que conocía tan bien y que, para su disgusto, sonaba cómoda, relajada, feliz y entonces, como si el universo decidiera burlarse de él en el momento justo, el chico dijo algo que hizo a Lyra soltar una carcajada genuina, de esas que Isaac creía que solo él podía provocar

Sintió un chispazo de rabia encenderse dentro de su pecho, pero la contuvo, no era el momento para impulsos ciegos, tenía que saber, tenía que entender qué estaba pasando

Cuando estuvo a unos pocos pasos de distancia, Lyra lo notó, su risa se apagó de golpe y sus ojos se encontraron con los suyos 

El chico al lado de ella también giró la cabeza, curioso, y al ver la expresión de Lyra, su sonrisa se desdibujó lentamente, como si intuyera que algo estaba por cambiar 

Isaac tragó saliva y trató de mantener la voz firme ─Hola Lyra─ Dijo, forzando una neutralidad que no sentía ─¿Tienes un minuto?─

El silencio que siguió pareció alargarse más de lo necesario, el chico miró a Lyra, como esperando alguna señal, ella dudó por un instante, bajó la mirada, y luego asintió lentamente ─Claro─ Respondió en voz baja ─Ian encárgate de lo que falta, vuelvo en unos minutos─

El tal Ian la observó con una mezcla de sorpresa y leve incomodidad, como si no estuviera seguro de que debía dejarla sola con Isaac, pero no dijo nada, solo asintió con una sonrisa cortés

Isaac observó esa interacción en silencio, grabando cada gesto, cada palabra, el nombre se le quedó en la cabeza como un eco molesto: Ian. Ya tenía un nombre, una presencia, no era solo ese chico ahora, era Ian y Lyra confiaba en él lo suficiente como para dejarle algo pendiente

─Veo que hiciste amigos nuevos─ Murmuró Isaac, dejando escapar las palabras entre dientes, sin molestarse en disimular el veneno del celo que arrastraban

Lyra lo miró con calma, pero sus ojos dejaron entrever un atisbo de fastidio ─Isaac, al punto, tenemos trabajo que hacer─ Dijo con voz firme, como quien corta un hilo antes de que se enrede

Él alzó una ceja, cruzándose de brazos ─No parecía que estuvieran haciendo trabajo─ Replicó, sin elevar la voz, pero con una clara carga de reproche detrás de cada palabra ─Más bien parecía que lo estaban pasando muy bien─

Lyra suspiró, cerrando los ojos un segundo, como si necesitara fuerza para no estallar ─Dijiste que querías hablar─ Dijo, conteniendo el tono ─Si era para esto, será mejor que me vaya, Camila y Zack no llegaron, y tenemos muchas cosas que hacer─

Giró sobre sus talones, lista para alejarse, pero antes de que pudiera dar siquiera un paso, Isaac la tomó de la mano, no con brusquedad, pero sí con la urgencia de alguien que no quiere dejar ir... aunque no esté seguro de cómo retener

─No sé si sepas...─ Dijo, sin soltarla ─Pero ahora soy parte del equipo y habrá un juego─

Ella se detuvo, sin mirarlo aún, pero sin retirar la mano de inmediato, luego se volvió lentamente, con una expresión que mezclaba paciencia y fastidio, como quien ya conoce el camino de esa conversación y no tiene energía para recorrerlo otra vez

─Lo sé, Isaac, estoy preparando las decoraciones para el juego─

─Sí...─ Murmuró él, bajando un poco la mirada ─Lo noté─

Un silencio incómodo se instaló entre los dos, ella aún no retiraba la mano, pero tampoco la sujetaba con intención, estaba ahí, colgando entre lo que fueron y lo que ya no sabían si podían volver a ser

─Quisiera que vayas al partido─ Dijo al fin, en voz baja, como si cada palabra se le atascara en la garganta

Lyra levantó los ojos hacia él, había algo dulce en su mirada, algo que no era afecto... pero sí una especie de cuidado que se tiene por lo que alguna vez fue importante, no sonrió, solo respiró hondo antes de responder

─No creo poder ir─ Murmuró, sin dramatismo, sin excusas baratas ─Se supone que no debo decirlo, pero... por si ganan, están preparándoles una fiesta, tengo que ayudar─

Isaac sintió una pequeña punzada de decepción en el pecho, no porque ella tuviera una excusa la cual era válida y tenía sentido, sino porque había algo en su tono que no dejaba espacio para negociar, como si ya no fuera su lugar convencerla

─Claro...─ Murmuró, apartando la mirada un segundo ─Tiene sentido─

─Tengo que irme Isaac, fue lindo hablar contigo─ Tras esas palabras, se separó de él sin mirar atrás, sus pasos tranquilos pero decididos, como si ya supiera que detenerse solo haría todo más difícil

La brisa jugaba con su cabello mientras se alejaba, y por un instante, Isaac sintió que el tiempo se estiraba, como si algo dentro de él se resistiera a aceptar que ese momento, simple y breve estuviera marcando el cierre de todo lo que habían tenido 

Sweet - Isaac garciaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora