Cuando Franco, Azul y Antonella llegaron al hotel esa noche, este estaba en completo silencio. Habían pasado todo el día afuera y la verdad no esperaban encontrar a todos sus amigos despiertos. Ya era tarde y seguramente estarían todos en sus cuartos durmiendo.
Cómo ya habían cenado en un restaurante, fueron directamente hacia las escaleras para ir a sus habitaciones. Pero al dejar a Antonella en el suyo, esta pidió que le leyeran un cuento del libro que Inti le había regalado días atrás.
Franco y Azul se miraron para luego asentir en acuerdo.
Después de ver el índice de cuentos que traía el libro, Antonella se decidió por "Ricitos de Oro". La pequeña Alfaro de casi tres años se acostó en la cama y Franco se sentó a su lado, a la vez que Azul se sentaba en al cama frente a ellos con el libro en sus manos ya que Franco había dicho que él quería "escuchar, no leer"; por lo que ella sería la narradora esta vez.
- Erase una vez una tarde, se fue Ricitos de Oro al bosque y se puso a recoger flores. Cerca de allí, había una cabaña muy bonita, y como Ricitos de Oro era una niña muy curiosa, se acerco paso a paso hasta la puerta de la casita. Y empujo. La puerta estaba abierta. Y vio una mesa.
- Esa chabona está re loca -interrumpió Franco.- O sea, ¿cómo quieren que no hayan ladrones si existen cuentos para niños sobre una nena que se mete en una casa ajena? Y que encima, se llama "Ricitos de Oro" -rió.- ¿Que onda? ¿Sus padres estaban drogados cuando la nombraron?
- ¿Qué es estar drogado? -preguntó la pequeña con curiosidad.
- Nada amor -Azul le dio una severa mirada a Franco que se encogió de hombros, y siguió leyendo.- Encima de la mesa había tres tazones con leche y miel. Uno, era grande; otro, mediano; y otro, pequeño. Ricitos de Oro tenia hambre, y probo la leche del tazón mayor. "¡Uf! ¡Esta muy caliente!" exclamó. Luego, probo del tazón mediano. "¡Uf! ¡Esta muy caliente!" volvió a decir. Después, probo del tazón pequeñito, y le supo tan rica que se la tomo toda, toda.
- Pregunta -volvió a hablar Franco que ya hasta se había acostado junto a Antonella para escuchar bien el cuento.
Azul resopló con evidente molestia.
- ¿Ahora que?
- ¿Por qué razón hay tres tazones con leche si no hay nadie en la casa? ¿Es una casa fantasma? ¿Y por qué son de distinto tamaño? -preguntó frunciendo en entrecejo.- ¿Acaso hay desigualdad de genero y edades o que?
Azul lo miró fijamente por unos segundos antes de contestar:
- Que se yo, es un cuento para niños, nada lógico pasa en los cuentos infantiles -contestó como si fuera obvio.
Franco asintió no muy complacido y acercó su cara al oído de su hija.
- ¿Que clase de gente escribe cuentos así? -le susurró a lo que ella rió.
Azul lo notó pero siguió leyendo.
- Había también en la casita tres sillas azules: una silla era grande, otra silla era mediana, y otra silla era pequeñita. ¡No digas nada! -chilló al ver que Franco levantaba la mano para volver a preguntar algo. Él bajó la mano y se cruzó de brazos.- Ricitos de Oro fue a sentarse en la silla grande, pero esta era muy alta. Luego, fue a sentarse en la silla mediana. Pero era muy ancha. Entonces, se sentó en la silla pequeña, pero se dejo caer con tanta fuerza, que la rompió.
Al terminar esta frase, Franco y Antonella comenzaron a reír estridentemente.
- ¡Se cayó! -decía la pequeña mientras reía a carcajadas.
Franco cruzó sus brazos en su estómago por el dolor que le causaba tanta risa.
- Eso le pasa por ser tan caprichosa y no sentarse en la primer silla -dijo Franco entre risas.- ¡Encima la rompió! ¿Tan gorda es? -volvió a reír más fuerte.
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Corazón Aliado (One-Shots)
Teen FictionEl amor y la amistad va más allá del tiempo y las formas, y nuestros aliados lo saben de sobra. ¿Quien dijo que nada es para siempre?