-—¿Qué fue lo que hiciste, Gojo…? —murmuró Erick, con la mirada fija en el cielo.
El firmamento del paraíso se agitaba como nunca antes. Las nubes resplandecientes se arremolinaban y los coros celestiales callaban, interrumpidos por un inusual revuelo. Desde su posición, podía ver a los ángeles de mayor rango cruzar el aire a toda prisa, dirigiéndose hacia un mismo punto. No era común verlos moverse así, mucho menos con aquella expresión seria y tensa que los acompañaba.
—¿Qué habrá pasado para que los mismísimos arcángeles estén tan alterados…? —dijo en voz baja, sin apartar la vista.
Tomó una taza de té que reposaba sobre la mesa y la llevó lentamente a los labios, aunque apenas si probó un sorbo. Su mano tembló levemente. A su alrededor, las almas humanas comenzaban a murmurar entre sí, inquietas por lo que presenciaban. No era normal. El cielo siempre había sido un lugar de calma, de orden… pero esa paz se estaba resquebrajando.
Una gota de sudor resbaló por su sien. Erick trató de mantener la compostura, pero el ambiente se había vuelto pesado, sofocante. Algo grande había ocurrido… algo que incluso los ángeles parecían temer.
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Explosiones, disparos y gritos —de dolor, placer o simple locura— resonaban por todo el infierno. Era el paisaje sonoro habitual de aquel lugar, un caos constante que ya nadie parecía notar.
Sin embargo, en un rincón más silencioso, un pequeño bar permanecía a oscuras. Las luces estaban apagadas, las botellas aún en las mesas y algunas cosas son lavar y el aire olía a desuso, como si nadie hubiera pasado por allí en días. Solo un sonido rompía la quietud: el rechinar rítmico de una cama moviéndose en una de las habitaciones del fondo.
No se veía gran cosa, apenas unas sábanas revueltas que cubrían a dos figuras. El silencio incómodo se rompió de golpe cuando una de ellas salió disparada, estrellándose contra la pared con tal fuerza que la agrietó.
—¡¿QUÉ DEMONIOS TE SUCEDE, MALDITO ALBINO DE MIERDA?! —rugió una voz femenina, cargada de furia y vergüenza.
—¿Mi culpa? —replicó con calma una voz varonil, cargada de soberbia—. Si tú fuiste la que apareció de la nada en mi cama, tenía que defenderme, ¿no?
Quien hablaba era Satoru Gojo, envuelto todavía en las cobijas como si nada hubiera pasado, con una expresión de fastidio mezclada con diversión. Llevaba puesta una pijama ligera, el cabello blanco despeinado y una sonrisa que solo servía para irritar más a su compañera.
Frente a él, Velvet se reincorporaba lentamente, pasándose una mano por la cabeza adolorida. Su atuendo, elegante y perfectamente combinado, gritaba clase y estilo, lo que hacía el contraste con la situación aún más absurdo.
—Te juro que si no te mato, será solo porque no quiero ensuciarme las manos —murmuró entre dientes, fulminándolo con la mirada.
Gojo soltó una pequeña risa.
—Lo mismo dijeron muchos antes que tú… ahora sí que carajos haces acá y porque apareces justo cuando duermo
—¡Maldita sea! —gruñó Velvet, acomodándose el cabello con fastidio—. Pensaba que estabas muerto. Este lugar lleva cerrado más de una semana.
Gojo soltó una risa leve mientras se estiraba perezosamente en la cama, sin molestarse en cubrir su torso.
—Primero, me ofende que pienses que puedo morir en un lugar como este —dijo con una sonrisa confiada—. Segundo, me estoy tomando unas merecidas vacaciones después de tanto ajetreo. Y tercero… —ladeó la cabeza con una expresión más pícara—, dudo mucho que esa sea la razón por la que viniste hasta aquí.
Velvet apartó la mirada, cruzándose de brazos.
—¿Qué insinúas? Solo pasaba por la zona y vi el bar cerrado. Me pareció extraño, nada más.
—Oh, claro —replicó Gojo con tono burlón—. ¿Y decidiste pasar los 7 días de la semana verdad y cruzar todo el infierno para visitar un bar que según tu escuche hace un mes que preferirías tomar orina en vez de los cócteles que hago? Qué coincidencia tan conveniente.
—¡Eres un maldito pedazo de basura ! —respondió ella con el ceño fruncido, visiblemente incómoda.
Gojo sonrió aún más, disfrutando del juego. Se levantó, caminando con calma hasta quedar frente a ella.
—Vaya, vaya… —murmuró con su típica mezcla de arrogancia y diversión—puse nerviosa a una overlord? No pareces muy buena mintiendo, Velvet. ¿Qué te trajo realmente aquí? ¿Nostalgia, curiosidad… o tal vez yo?
Ella apretó los labios, evitando mirarlo aunque tenía un pequeño sonrojo.
—No tienes tanta importancia como crees.
—¿Ah, no? —Gojo inclinó la cabeza, con esa sonrisa confiada que tanto irritaba a todos—. Entonces no te importará decirme la verdad.
Velvet dio un paso atrás, intentando mantener la compostura.
—Últimamente han pasado cosas que… no sé cómo describirlas. Incluso me superan… y a la vez me gustan, pero es raro…
—Mhm… —Gojo fingió pensar, llevando una mano al mentón—. Así que cruzaste medio infierno, irrumpiste en mi cama, solo porque tienes un enamorado. No me digas que es ese estúpido de Valentino… tienes un pésimo gusto. O peor aún, ¿el LG pantalla azul? Solo de pensarlo me dan ganas de vomitar.
—¡No! ¡Agh, mierda! —exclamó, apretando los puños y mirando hacia otro lado.
Gojo sonrió, notando cómo desviaba la mirada.
—Vamos, Velvet, ¿desde cuándo tú te pones así por un tipo? No me digas que de verdad te está afectando.
—¡Cállate! —replicó ella, subiendo el tono—No es eso, ¿sí?
—Oh, claro, claro… —dijo él con fingida comprensión—. Entonces, ¿por qué estás aquí exactamente? No me digas que fue por mi encanto natural.
—¡No eres tan encantador! —contestó, sin atreverse a mirarlo con un sonrojo pequeño—Es solo que…
Gojo la observó en silencio, con una sonrisa de diversión. Sabía que estaba a punto de soltarlo, pero quería jugar con ella un poco más, quien lo diría la diva y hermosa y fuerte overlord velvet puesta en una situación como está...tantos tipos que consumen su only demon estarían sacrificando y vendiendo su alma con tal de tenerla así.
Velvet respiró hondo, frustrada.
—¡Es que el maldito de Vox tuvo la genial idea de querer enfrentarse en una guerra contra los ángeles… y el mismísimo Lucifer!
El silencio que siguió fue pesado. Gojo se recostó en la cama, apoyando las manos detrás de la cabeza con una sonrisa satisfecha.
—Vaya… así que el infierno decidió jugar con fuego, irónico...
Se acerca la temporada 2 de hazbin hotel...y eso significa que nuestro albino favorito regreso...
